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“Joder a México”: el autosabotaje

07 de Noviembre 2016
DharmaQueen
DharmaQueen

Si alguna vez un discurso político te hace sentir como transportado a la dimensión desconocida, no te asustes, no eres el único, porque hay momentos en los que cuando escuchamos a los funcionarios todos nos preguntamos: ¿es real?

Es tan extraño que no sé ni por dónde empezar, pero imagina que estás en una reunión muy importante, con gente a la altura, y que eres el centro de atención porque te hacen preguntas durante más de una hora; como pocas veces, te luces con tus respuestas y te ves seguro de ti mismo.

Hasta entonces todo va bien, pero cuando el moderador del evento está por despedirse tienes la brillante idea de pedir la palabra para hacer un comentario final y justo en ese momento sueltas la frase que le da vuelta al mundo: “Nadie despierta, un presidente no creo que se levante, ni creo que se haya levantado pensando, y perdón que lo diga, cómo joder a México”. Sí, adivinaste de quién se trata.

Nosotros los gatos no hablamos, pero sabemos cómo darnos a entender mediante ciertos ruidos que dicen más que mil palabras. Siempre se nos culpa de ser impertinentes y de querer ser el centro de atención, pero generalmente lo hacemos para que nos admiren, no para que nos den de palos como si fuéramos piñatas.

Y sí, efectivamente, eso fue lo que pasó con el “joder a México”.

¿Yo qué hubiera hecho? Como ya lo he dicho, a los gatos nos gusta ser admirados, venerados, por algo los egipcios nos veían como dioses, por eso, simple y sencillamente me hubiera postrado en el centro del escenario, hubiera asumido mi actitud de “mírenme”, hubiera dicho “gracias”, recibido los aplausos, disfrutar lo que quizá hubiera sido una de mis mejores actuaciones en mucho tiempo y me hubiera retirado con un elegante y erguido paso.

Pero no, en lugar de eso, alguien jodió su propia actuación, que por supuesto, como saben, no hablo de un caso hipotético sino uno de esos de la vida real, al que llamaremos capacidad de autosabotaje o simplemente cómo joderse a uno mismo.

En mis años gato no recuerdo un episodio en el que me haya autosaboteado; por más que puse a trabajar a mis neuronas, no recuerdo ningún episodio tan penoso, y si lo hubiera tenido inmediatamente me hubiera puesto a trabajar en lo que todo mundo llama control de daño o manejo de crisis.

Pero si esto no pasó una, dos ni tres veces, sino durante cuatro años, pues ya no hay plan que sea efectivo. En ese caso lo mejor es agachar la cabecita y poner las patitas a trabajar para que nadie note mi presencia, al menos mientras pasa la tormenta, como, por ejemplo, ir de viaje a Colombia.

Para que esto no te vuelva a pasar, hay que saber entender hasta dónde llegan tus 15 minutos de fama. Entiende, la fama solo dura eso, no quieras extenderlos más allá de manera artificial porque puede que metas la pata hasta el fondo y en lugar de aplaudirte te manden a joder a otro lado, algo así como lo que hacen los humanos cuando queremos su atención, pero ellos tienen que trabajar u ocuparse de otras cosas más importantes.

DharmaTip:

Si sientes que amaneciste inspirado,
no dejes que eso te desborde, mejor respira profundo y sé ecuánime, porque podrías hacer o decir una tontería, ¿captas?

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