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Cine-TV

Un lugar 
en silencio

Más allá del susto facilón, en esta nueva cinta John Krasinski regresa a las restricciones técnicas del cine mudo y despliega un buen manejo de espacios, un inteligente uso de la cámara, y una edición efectiva para contagiar miedo, tensión y suspenso

POR Alejandro Alemán Fecha: Hace 3 months
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El cine de terror nació el mismo día que nació el cine. Cuando los hermanos Lumière proyectaron L’arrivée d’un train à La Ciotat (La llegada del tren) en el año de 1896, los espectadores, asombrados por lo que veían en la pantalla, corrieron despavoridos al pensar que el tren efectivamente estaba a punto de arrollarlos. El primer jumpscare en la historia del cine había nacido.

Una de las cintas más populares de George Méliès, Le Manoir du Diable (La mansión del diablo), fue la primera en ser catalogada como cine de terror. Después de ella vendrían muchas más, todas con algo en común: se trataba de cine mudo. El miedo, la tensión y la angustia se contagiaban al espectador mediante los elementos más básicos del cine: imagen, edición, y música incidental.

Un siglo después, emulando la misma economía de recursos del cine silente, el actor y director John Krasinski presenta su nueva película, A Quiet Place, filme de terror que, como aquellas cintas seminales de los Lumière y Méliès, prácticamente carece de diálogos, todo es imagen, edición, y algo de música.

La osadía de Krasinski no es menor. El guión, escrito por él mismo a seis manos junto con Bryan Woods y Scott Beck, se las ingenia a fin de que los personajes de esta historia no puedan hablar. Así, Krasinski regresa por voluntad propia a las restricciones técnicas del cine mudo y despliega un buen manejo de espacios, un inteligente uso de la cámara, y una edición efectiva para contagiar miedo, tensión y suspenso.

La trama es simple: en un futuro distópico, los alienígenas han invadido la tierra. Los sobrevivientes a la masacre extraterrestre descubren que estos poseen un oído superdotado, con el cual localizan a los humanos gracias al ruido que hacen en su andar diario. Una familia, compuesta por mamá (Emily Blunt), papá (el propio Krasinski) y dos pequeños (la actriz sordomuda Millicent Simmonds y Noah Jupe) han diseñado un método para sobrevivir: utilizan el lenguaje de señas, advertencias visuales (focos rojos que indican peligro) y demás trucos con la finalidad de no hacer ruido, esta familia sin nombre sobrevive el día a día en silencio a pesar del peligro que acecha allá afuera.

La audiencia se involucra como pocas veces sucede en este tipo de películas: más allá del jumpscare, el silencio que permea en la sala se vuelve un elemento de tensión constante del cual es imposible escapar. Así, A Quiet Place es una cinta que le exige al público la disciplina de guardar silencio (obviedad que cada vez es más difícil que se respete en una sala de cine), pero es también un filme donde el director se exige disciplina y cumple con el trato, entregando atmósferas ominosas, un relato bien armado y en general una película que juega con las posibilidades narrativas de un género que usualmente se limita al susto facilón.

Poco a poco se descubren las reglas de este juego y las consecuencias de no respetarlo. Hay algo allá afuera acechando y lo único que asegura la sobrevivencia es permanecer callados. ¿Mencioné además que la mamá está embarazada, a días de dar a luz? ¿Cómo se puede dar a luz sin hacer el menor ruido?

Aunque al final ciertos tropos son reconocibles (una escena remite a Jurassic Park, aquella secuencia recuerda a Depredador, tal solución se parece a Mars Attacks) queda la sensación de haber experimentado algo que no se vive todos los días en el cine.

 

Dirección: John Krasinski.

Guion: John Krasinski, Bryan Woods y Scott Beck.

Producción: Michael Bay, Andrew Form, Bradley Fuller. EU, 2018.

Fotografía: Charlotte Bruus Christensen.

Edición: Christopher Tellefsen.

Diseño de arte: Sebastian Schroeder.

Con: Emily Blunt, John Krasinski, Millicent Simmonds, entre otros.

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