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Mundo

Ciudades hermanas

Celebrar las similitudes y olvidar las diferencias fue la filosofía que llevó a algunas ciudades europeas a estrechar lazos para que las atrocidades de la Segunda Guerra Mundial quedaran atrás. En la actualidad se han registrado más de 40 000 hermanamientos en el continente, en aras de que la paz tenga una oportunidad a largo plazo

POR Revista Cambio Fecha: Hace 4 months
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POR LUCÍA BURBANO / LONDRES, REINO UNIDO

El 14 de noviembre de 1940, la ciudad inglesa de Coventry sufrió el mayor bombardeo acontecido en un área británica durante la Segunda Guerra Mundial. El ataque aéreo duró once horas, acabó con la vida de más de 550 personas y destruyó el 75% de los edificios, dejando a la ciudad de las West Midlands completamente devastada. Esta localidad industrial, que por aquel entonces contaba con 238 000 habitantes, estaba marcada en rojo en la lista de objetivos del bando alemán por ser uno de los principales centros del país donde se manufacturaba munición.

Siete años después, y sólo dos desde que se declaró la paz en 1945, Coventry y la ciudad alemana de Kiel estrechaban lazos gracias a un militar nacido en la urbe británica que colaboró en el proceso de reconstrucción de la capital del estado de Schleswig-Holstein, que también sufrió estremecedores bombardeos por parte de la aviación británica. Tal vínculo impulsó al alcalde Andreas Gayk a enviar una carta a su homónimo inglés donde proponía compartir experiencias comunes y mirar hacia el futuro. Este respondió positivamente a la invitación a sellar la paz y promover la reconciliación entre ambas ciudades.

Así surgió la semilla de lo que hoy conocemos como hermanamiento entre ciudades, que nació impulsado por alcaldes y ciudadanos para evitar que Europa volviera a desgarrarse como sucedió tras las dos grandes guerras. Esta fue la prioridad del entonces denominado Consejo de Municipalidades Europeas, y fue en la década de 1950 cuando dicho concepto vivió su máximo apogeo.

Hay muchas historias similares a las de Coventry y Kiel, donde la bandera blanca se izó entre enemigos acérrimos con la finalidad de vencer el odio y el rencor, gestadas a partir del trabajo diplomático y solidario que emprendieron los municipios y sus ciudadanos. Otro ejemplo es el Nancy, en Francia, y Karlsruhe, en Alemania, uno de los primeros hermanamientos producidos entre dos países que fueron rivales feroces durante el conflicto.

“Diez años después del final de la guerra, invitamos a los jóvenes de la ciudad alemana a que visitaran nuestra ciudad, y viceversa”, recuerda Verena Denry, responsable de relaciones internacionales, memoria y ciudadanía de la antigua capital del Ducado de Lorraine. “Fue la generación más joven la que dio el primer paso para reemprender el diálogo entre ambas, y poco a poco empezamos a operar de forma conjunta en diferentes áreas culturales, deportivas, medioambientales y sociales para fomentar la tolerancia y el acercamiento hacia otras culturas”, agrega. Cada año, ambas organizan aproximadamente cien encuentros, y estos esfuerzos les valieron el Premio de Europa en 1969.

Celebrar lo que nos une

En la actualidad, existen algo más de 40 000 hermanamientos en el continente, señalados en las placas que se encuentran en las entradas de las ciudades. Twin towns, en inglés, partnerstadt en alemán, miasto partnerskie en polaco o villes jumelées en francés, el mismo concepto en idiomas diferentes.

Existen criterios para unificar dos municipios, que tal y como explica Denry, se nutren en la semejanza. “Es ventajoso cuando existen vínculos como el número de habitantes, infraestructuras, universidades o equipamientos culturales. Así es más sencillo construir proyectos comunes”, explica. Cuando se han detectado los lazos de unión, hay que tramitar el proceso de hermanamiento, que suele presentarse en el Pleno municipal con el propósito de que sea votado por los integrantes del gobierno y de la oposición.

De los veinticinco hermanamientos con los que cuenta la polaca Lublin, seis son con ciudades ucranianas. “Compartimos una historia común, que en momentos ha sido trágica. También nos unen los retos de sobreponernos a regímenes autoritarios. Somos buenos vecinos”, dice Joanna Szeląg, responsable del programa de la ciudad.

Para ella, el programa de hermanamiento es una vocación que nace de la idea de “construir y diseminar nuestro legado multicultural y aprender asimismo de otras experiencias. Es una situación en la que todos ganan”, continúa.

Algunas labores resultantes son el proyecto Inclusión Activa en Europa, organizado por la ciudad alemana de Münster, y que incluyó a sus municipios hermanos como Lublin. “En noviembre de 2016 ideamos esta propuesta cuyo objetivo era programar actividades para discapacitados, como talleres de danza, reuniones y presentaciones realizadas entre todas las ciudades involucradas”, ejemplifica.

Otra fue la creación de la Copa de Baloncesto en la ciudad polaca, que unió a europeos y no europeos a fin de promover el talento y el deporte. “Estas iniciativas son excelentes oportunidades para aprender y conocer a un municipio y a sus ciudadanos a través de la interacción que nace de la práctica del deporte”, dice Szeląg.

Dichos esfuerzos fueron recompensados con el Premio de Europa 2017, que les fue concedido por su cooperación en áreas como la economía, cultura y educación, y que demuestran que la ciudad es muy dinámica en materias como la solidaridad, ya que Lublin fue una de las que envió convoyes de ayuda a Ucrania y Georgia. En junio de este año, la ciudad organizará la Asamblea General del Premio Europa. Adelanta que uno de los objetivos será entablar un diálogo sobre cuestiones como la democracia abierta en comunidades locales, y qué iniciativas civiles pueden llevarse a cabo con la finalidad de implementar mecanismos de economía compartida.

Más vigente que nunca

Han pasado 71 años desde que terminó la guerra y ahora el continente disfruta una paz ininterrumpida. Aun así, estos últimos años han surgido nuevas amenazas que ponen en peligro esta unión. El incremento de gobiernos populistas de extrema derecha en países como Polonia y Hungría, las advertencias de secesión en Catalunya, o estados que ya han votado con el objetivo de abandonar la Unión Europea (UE), como el Reino Unido, demuestran que la política es a veces el peor enemigo de las acciones bienintencionadas.

“La diplomacia entre ciudades está más capacitada para unir a los ciudadanos que las acciones llevadas a cabo por los gobiernos, que a veces no fomentan esta colaboración. En tiempos de crisis, el hermanamiento es fundamental para mantener el diálogo”, reflexiona Denry.

Szeląg agrega que “ante la crisis que está gravitando en el continente debido a la falta de acuerdos en, por ejemplo, políticas migratorias, los valores comunes que respetan la vida humana y la solidaridad no deben ser desestimados”.

La UE apoya el programa desde 1989 y cuenta con un presupuesto para la realización de las actividades que fomentan el hermanamiento. “En Nancy contamos con un presupuesto que se destina al programa, pero sí necesitamos apoyo para poner en práctica proyectos como el que realizamos con Karlsruhe y Kiryat Shmona, en Israel, para el cual compusimos una canción sobre la paz”, dice Denry.

Los hermanamientos todavía se producen en este siglo. “En 2017 establecimos dos nuevos acuerdos, con Kunming en China y con Krasnodar en Rusia, que ya estaba hermanada con Karlsruhe, y fue esta ciudad la que actuó como intermediaria. El espíritu es de fomentar la idea que dice que ‘los amigos de mis amigos son mis amigos’”, explica la francesa. En el caso de Lublin, los vínculos se han estrechado con ciudades situadas en el Cáucaso y en los Balcanes.

Nancy y Lublin también están hermanadas desde 1988, gracias a los proyectos humanitarios que emprendió el embajador polaco en París. “En estos momentos existe una colaboración entre ambas y tres ciudades ucranianas para crear un centro universitario de derecho europeo en Lublin, con escuelas de verano gestionadas por profesores de Nancy”, comparte Denry.

A pesar de que el sentimiento general es de concordia, existen casos en donde los acuerdos se han roto al haberse quebrantado los valores que se supone deben difundir las ciudades participantes. Así sucedió cuando Milán, Venecia y Torino rompieron sus acuerdos con San Petersburgo debido a la legislación contraria a los derechos de los homosexuales que el gobierno ruso aprobó en 2013. Hubo peticiones para que Manchester, Reikiavik y Glasgow hicieran lo mismo, pero al final no prosperaron. Praga también rompió su hermanamiento con la misma ciudad cuando las tropas rusas tomaron Ucrania en el 2014.

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