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Nación

Bordar contra el olvido

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Lo que comenzó como un ejercicio íntimo de acompañamiento en la sala de la casa de Minerva, se ha convertido en un movimiento solidario que ya tiene réplicas en varios estados de México, en Guatemala y España con una misión: que nadie olvide a las víctimas de feminicidio

POR Revista Cambio Fecha: Hace 3 weeks
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POR IRMA GALLO

Parece una mañana de domingo como cualquier otra. La luz del sol quema en seco, tanto, que parece a punto de derretir el metal de colores de los juegos infantiles; sin embargo, la vegetación que rodea este espacio ofrece una sombra sanadora.

Como queriendo comprobarlo, un grupo de niños se aleja de la zona y se aventura a internarse en la maleza. Un grito corta el aire y las familias que permanecen en los juegos se quedan como congeladas; no se atreven a hacer nada. Luego, un hombre joven reacciona y corre hacia el origen de aquello que transformó la tranquilidad de un domingo cualquiera en uno que no se olvidará, por lo menos durante algún tiempo: en medio de los niños, que le abren espacio como si de un extraño ritual se tratara, está tirado el cuerpo de una mujer. Su cara, desfigurada.

Unos días después se sabe que le decían La Pantera, y que tres hombres la mataron a pedradas porque no quiso ceder a las insinuaciones de uno de ellos. Eso valió su vida: nada, comparada con la intensidad de la frustración del individuo.

Su historia pudo haberse quedado como la de un feminicidio más en la sección de nota roja de un periódico, pero un grupo de mujeres no lo permitió; aunque no son artistas ni artesanas, y la mayoría de ellas no había agarrado nunca antes una aguja y un hilo, se dedicaron, desde la entraña, a hacer que la historia de La Pantera y de muchas otras como ella no se olviden: la bordaron.

TELA, HILO Y AGUJA

Minerva Valenzuela es una mujer de carácter y convicciones fuertes. Su cabello rojo y su voz ronca, perfectamente modulada cuando canta, acentúan esos rasgos de personalidad. Es actriz, cabaretera y activista por los derechos sexuales. En Twitter se le conoce como @ladelcabaret, y también es la figura en torno a quien surgió la iniciativa Bordamos Feminicidios. De hecho, las primeras sesiones de bordado fueron en la sala de su casa, hasta que las mujeres que quisieron unirse ya no cupieron y empezaron a buscar otros espacios para contar las historias de otras, mucho menos afortunadas que ellas, por medio de un pedazo de tela, hilo y la aguja.

Modesta, Minerva reconoce que su idea no fue completamente original: “Salimos, por supuesto, de la idea de otros grupos de bordado que, durante el sexenio de Felipe Calderón, se dedicaron a bordar casos de personas asesinadas y desparecidas por la guerra contra el narco”.

Aunque algunos de los asesinatos de mujeres que se bordaban en estos grupos eran feminicidios, no se les daba ese tratamiento. “A nosotras nos siguen matando diferente –dice la activista– y no es lo mismo alguien que estaba en una balacera o que lo mataron porque quizá se involucró con algún dealer, a las formas de asesinar a las mujeres, que cuando son feminicidios siempre tienen ciertas características”.

Así que un grupo de mujeres, lidereadas por Minerva, empezó a separar los casos de feminicidios.

Mientras algunos grupos de bordado que surgieron en el periodo de Felipe Calderón dieron por terminado su trabajo al final del sexenio, estas mujeres decidieron que tenían que seguir adelante, pues los casos de feminicidios no hacían más que aumentar a lo largo del país.

Según datos del Observatorio Ciudadano en Contra de la Violencia de Género, Desaparición y Feminicidios en el Estado de México (Mexfem), 2016 terminó con un total de 263 probables feminicidios.

El compromiso que adquiere cada una de las bordadoras con su caso es muy serio: “Poco a poco hemos ido adaptando las formas de trabajo –explica la fundadora–. Por ejemplo, ahora cada quien se ocupa de un caso en específico y nadie más tiene ese caso. Y si a ti te tocó esta mujer y tú no la bordas, esa mujer se queda sin bordado. Esto quiere decir que ya hay un involucramiento mayor de la bordadora con la bordada”.

Minerva y otras integrantes de Bordamos Feminicidios se dedican a documentarse sobre los casos que, desafortunadamente y sin tregua, siguen ocurriendo en todo el país. A veces lo hacen por medio de la prensa, pero muchas otras, las historias de estos crímenes de odio llegan de boca de quienes conocieron en vida a las víctimas.

“También recibimos a veces casos que no están documentados en la prensa y que nos cuentan: es que mi tía, es que mi vecina, y demás”, explica esta mujer decidida a que ninguna se quede en el olvido.

La mayoría de quienes integran Bordamos Feminicidios nunca habían agarrado una aguja, explica esta mujer de mirada profunda. “Insistimos mucho en que la belleza está en otro lado: en el acto mismo de bordar y en la convivencia extraña que tenemos con la mujer a la que estamos bordando, y por supuesto, la convivencia que tenemos entre las que seguimos vivas”.

Como ninguna historia es igual, ningún bordado se parece a otro. Aunque al principio todas trabajaban en pañuelos, esa regla se rompió para dejar que la emoción fuera lo único que determinara las características de cada pieza. “Empezamos con pañuelos, pero después las chavas dijeron: ‘Oye, yo tengo un pedazo de mantel, yo tengo un pedazo de sábana, o yo tengo manta, o a mí me acomoda más bordar en cuadrillé’. Hay, también, unos bordados con letra chiquitita, de las que saben bordar increíble”, explica la organizadora de esta iniciativa. “Se ha ido adaptando a cada quien; hay algunas que sienten la necesidad de investigar más sobre la mujer que están bordando, y entonces, por ejemplo, se enteran de que le gustaban mucho las rosas, así que le bordan una rosa”.

Minerva Valenzuela está convencida de que con este trabajo se salen de las reglas: primero, por denunciar feminicidios, pero también por convertir una actividad que, “estereotípicamente se había decretado como femenina, con la que se pretendía que las mujeres estuviéramos calladitas y quietas, y la estamos transformando en denuncia”, dice, emocionada.

EN EXPANSIÓN

Lo que comenzó como una iniciativa modesta, un ejercicio íntimo de acompañamiento en la sala de la casa de Minerva, se ha convertido en un movimiento solidario que ya tiene réplicas no sólo en otros estados de México, sino también en otros países, como Guatemala y España, en donde las cifras de feminicidios son muy altas. En el primero, según la ONG Observatorio del Grupo de Mujeres, casi 10 000 fueron asesinadas desde el año 2000 hasta octubre de 2016. En España, de 2010 a 2015, la organización feminicidio.net contabilizó 681 casos.

“Los bordados me los entregan a mí”, dice Minerva. “A veces los tengo en mi casa, pero también los piden para exposiciones. Ahora, por ejemplo, tenemos un ‘bonche’ que anda en Nueva York; otras veces nos piden cinco para una clase, porque son muy buen material didáctico”.

La próxima exposición de trabajos y bordada colectiva será el sábado 25 de noviembre, a partir de las 12 del día, en el Centro Cultural España, que está en la calle de Guatemala, en el Centro Histórico de la Ciudad de México. Ese día, además, se presentará el documental Y contando, que narra la historia de esta iniciativa, dirigido por Minerva Valenzuela y Gabriela Loaria.

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