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Nación

Millennials, una nueva generación del 85

El 19 de septiembre de 1985 cambió la vida de millones de mexicanos. 32 años después, los millennials sintieron en carne propia lo que habían escuchado en las pláticas de sus padres y abuelos; a partir de ahí adoptaron vivencias como la solidaridad y, por supuesto, el miedo

POR Carlos Tomasini Fecha: Hace 1 month
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Yo viví el terremoto de 1985 cuando era niño, y mi vida como chilango cambió por completo a partir de las 7:19 horas de ese 19 de septiembre. Temas como la muerte, los fenómenos naturales, los medios de comunicación o la historia de la Ciudad de México adquirieron otro sentido para mí desde ese instante.

En los siguientes meses, en cualquier lado al que iba me explicaban cuáles eran las salidas de emergencia; en la escuela teníamos simulacros constantemente y cuando iba a un evento masivo, nada empezaba sin una plática previa de protección civil.

Pero con el tiempo, todo eso se ha olvidado. Indicaciones como el “no corro, no grito, no empujo” se volvieron frases sin mucho sentido, y los simulacros eran un requisito que cualquier “godín” podía detestar. Inclusive, me veían raro si llegaba a algún lugar –como el cine– y preguntaba qué debía hacer en caso de temblor.

La mañana del 19 de septiembre de 2017, los homenajes a los muertos del 85 tenían menos asistentes, la televisión le dedicó menos espacios a rememorar la fecha, y tomar un café o agendar una junta afuera de la oficina fue el pretexto ideal para que muchos trabajadores evitaran la monserga de participar en otro simulacro.

Total, para ese día, la ciudad ya había resistido un temblor más fuerte que el del 85, y no había pasado nada grave en 32 años con algún otro sismo. Hasta se podía notar cierta soberbia de muchos chilangos que decían “la ciudad ya está mejor preparada y la gente sabe qué hacer”.

Sin embargo, la pinche realidad siempre se impone. Una maldita coincidencia hizo que a las 13:14 horas de otro 19 de septiembre, ahora de 2017, la Ciudad de México viviera un terremoto que le hizo recordar a los chilangos dónde viven y que, además, los sismos podían ser muy variados.

Y sí, el sismo de 2017 no vino del Pacífico, por lo que no hubo una alerta sísmica que lo advirtiera con tiempo suficiente; tampoco fue de la misma cantidad de grados, aunque fue más superficial; provocó daños en zonas donde en el 85 no había pasado nada y, sobre todo, le mostró a una nueva generación lo que puede ocasionar un terremoto.

Si bien los daños no fueron los mismos que en 1985, cuando la infraestructura de la Ciudad de México (mucho más pequeña de lo que es ahora) se colapsó, se trató de algo nunca antes visto para muchas personas que, al igual que me pasó a mí 32 años atrás, les cambió la vida en muchos sentidos.

Aquí presentamos los testimonios de algunas personas que no vivieron o no recuerdan el terremoto de 1985, aunque el de 2017 les hizo comprender muchas cosas, como el pánico de sus padres durante cada sismo o cuál es la utilidad de un simulacro. Sigan leyendo, por favor.

Ahora comprendo

Hasta antes del 19S, Cirze no lograba concebir a qué se habían enfrentado las personas mayores que ella en 1985 y por qué hablaban tanto de eso.

“Entendía que había sido algo muy fuerte, pero al final era algo que no conocí. Lo imaginaba más cinematográficamente, que era con lo que lo podía asociar, como de los edificios cayendo y todo hecho un caos, pero hasta el año pasado entendí esa desesperación, lo impactante que es ver frente a tus ojos un edificio caer, saber que sí hay personas ahí, que sus vidas valen tanto como la de cualquiera, y comprendí lo que es una ciudad en verdadero caos”, comenta.

Hugo es un enamorado de la Ciudad de México e, inclusive, gran parte de su vida profesional ha estado dedicada a narrar lo que pasa en ella. No vivió el 85, no obstante, siempre se documentó sobre ese hecho. “Mi abuelo se salvó por una jugada del destino: era el hombre más puntual del mundo y, casualmente, ese día se le hizo tarde. El edificio donde trabajaba se cayó”, recuerda.

“Muchas veces he puesto el video de Hoy Mismo con Lourdes Guerrero (el noticiero que estaba al aire en la televisión al momento del terremoto de 1985) tratando de entender por qué pasó lo que pasó, cómo se movió el piso. También una vez fui a la fonoteca a escuchar grabaciones de las transmisiones de radio de ese momento. Siempre me ha llamado la atención el tema de la fragilidad humana y los desastres naturales, pero no fue hasta que lo viví tan cercanamente que toda esa información, que por años fui metiendo en mi cabeza, cobró sentido”.

La reacción de la gente tras el sismo también llamaba la atención de muchos chilangos que no vivieron el terremoto del 85, aunque ahora fueron parte de ese mismo hecho social, tal y como le pasó a Gabriela: “Siempre me gustó preguntarle a la gente dónde estaban en 1985 y qué hicieron o qué se sentía. Pero no fue hasta que lo viví que ‘me cayó el veinte’ y ya entendí esa palabrita de ‘solidaridad’. No son solamente ganas de ayudar, sino que es necesidad e instinto que, quién sabe de dónde, pero sale”.

Otros, tras vivir un terremoto en carne propia, se volvieron más empáticos. “Antes creía que mi mamá exageraba, por su propia personalidad, cuando había un temblor, y yo era bastante indolente en mi reacción ante un sismo”, admite Marcela.

Laura dice que no entendía las reacciones de miedo y ansiedad de sus familiares ante un temblor, pero desde el año pasado, ella reacciona igual que ellos. “Generó un puente de empatía entre dos generaciones. Algunos días después del sismo, una amiga me dijo ‘bienvenida al evento que cambió nuestra vida adulta para siempre’. Y creo que justo eso pasó”, asegura.

Lucía comenta algo similar: “No entendía por qué la gente lloraba o les daba ansiedad durante los temblores. En verdad, ahora tengo más empatía y comprendo su –nuestro– miedo”.

También los procedimientos de emergencia son ahora tomados más en serio por muchos que comprendieron por qué deben existir y ser mejor comunicados. “Cuando hacían simulacros, no es que no los tomara en serio, pero me daba mi tiempo para agarrar mis cosas, ponerme suéter, salvar cambios en mi computadora y luego ya evacuaba. Ahora suena algo remotamente parecido a la alerta sísmica y estoy en zona segura en menos de veinte segundos”, admite Valeria.

En resumen, la perspectiva respecto a los sismos cambió por mucha teoría que hayan tenido al respecto quienes no habían vivido el 85. “Digamos que comprendí la magnitud de los relatos de Monsiváis y Poniatowska. Ahora temo lo peor cada vez que suena la alerta sísmica”, confiesa Paulo.

Los nuevos

En el terremoto de 2017, los nuevos habitantes de la Ciudad de México también vivieron en carne propia algo que solamente conocían por relatos.

Laura G. viene de España. Cuando llegó a México leyó mucho al respecto y se entrevistó con varias personas con el propósito de conocer las historias del 85. “La primera vez que sentí un temblorcito me dio pánico, pero en 10 años y medio que llevaba viviendo en la Ciudad de México, yo pensaba que ese miedo ‘ya lo tenía controlado’. En el temblor de 2017, al inicio no sentí temor, pero cuando estaba pasando y empecé a darme cuenta de la magnitud, volví a sentir miedo. Primero por mis compañeras de trabajo, pues la responsabilidad de la oficina era mía (y yo no estaba ahí), y luego por todos. Mi casa y mi oficina sufrieron daño estructural y tuve que mudarme. ¡No quiero imaginar lo que tuvo que ser realmente el del 85! Ahora vivo con la paranoia de creer escuchar la alerta sísmica todo el tiempo; y si la escucho, salgo rápido. Mi depa ahora es un bajo para poder salir corriendo. No me da miedo el momento del terremoto en sí, sino sus consecuencias”, menciona.

Arely vive en la Ciudad de México desde hace 17 años, por lo que esta fue la primera vez que le tocó vivir un evento similar. “Yo supe lo que realmente había pasado en 1985 en la Ciudad de México hasta que vi el reportaje de Jacobo Zabludovsky en una transmisión especial 10 años después, en 1995, cuando yo tenía 10 años. A partir de ahí siempre le tuve pánico y respeto a los sismos. Ya viviendo en la CDMX, siempre tuve presente que un día se iba a repetir la tragedia; sin embargo, nunca pensé que iba a sentir como si la tierra brincara debajo de mis zapatos. Mucho menos imaginé ver las instalaciones de mi trabajo sacudirse con la ligereza con la que mueves una caja de cartón con tres libros. Siempre fui una obsesiva de sentirme preparada para la tragedia, pero definitivamente me rebasó”, subraya.

La generación 2017

También hubo familias que vivieron de cerca los dos terremotos, como la de Zhaira: “Toda mi familia fue afectada por varias muertes cercanas en el 85, lo que pasó en ese año ha estado presente en nosotros desde entonces; y ahora ya nadie me lo cuenta, yo me quedé sin casa y eso me da para entender a qué se referían todos”, lamenta.

En 1985, Bere era niña y vivía en Tlalnepantla –en los alrededores de la Ciudad de México–, por lo que tiene dos experiencias diferentes de ambos terremotos. “El del 85, en el Estado de México no se sintió y, por supuesto, no entendí lo que pasaba; aunque no hubo clases en las escuelas, se suspendieron muchas actividades y la gente no hablaba de lo sucedido frente a los niños. Ahora, trabajando en la colonia Juárez de la Ciudad de México, entendí todo perfecto”.

Su familia sigue viviendo en el Estado de México, y de acuerdo con Bere, no tienen la misma percepción que ella con respecto a vivir un terremoto: “Creo que solamente tienen una idea de lo trágico que fue, pero no sienten el miedo igual que ahora lo siento yo”, afirma.

Actualmente, la generación de los chilangos más jóvenes serán los encargados de que la conciencia sobre este tipo de tragedias permanezca con el fin de trabajar en prevenirlas. Tal como los tres hijos de Mercedes. “Hoy se asustan y están mucho más sensibles al tema. Y dicen que ‘ahora sí nos entienden’. Ellos estudian en un colegio que tiene un programa de protección civil de primera. Pero la afectación les tocó muy cerca y fue de los últimos colegios en regresar a clases porque a dos cuadras había edificios caídos. Los abuelitos de un amigo de una de mis hijas fallecieron en el edificio de Petén. Estuvimos yendo a ayudar y llevar víveres, y creo que pudieron dimensionar aquello de lo que tanto hablamos los que vivimos el del 85. Sin embargo, lo que no está padre es que ahora se asustan más en los temblores”, señala.

Así que este es un momento de la historia en el que prácticamente todos los habitantes de la Ciudad de México saben lo que es vivir un terremoto; el siguiente paso es saber qué hacer exactamente cuando, inevitablemente, se vuelva a vivir otro en el futuro.

“Yo le he dicho a mi papá que nos hemos convertido en la nueva generación del 85. Ahora sabemos lo que tanto temían ellos a nuestra edad y podemos sentir en carne propia la adrenalina que causan los temblores, inclusive cuando son de baja intensidad”, resume Martha.

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