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Nación

¡Salven a las abejas, legalicen la mota!

26-28

Primero las atrae el azúcar, luego su vuelo se retarda, 
se desorientan, se debilitan, y finalmente mueren jóvenes en un estado de confusión. Sí, las abejas que habitan los campos de mariguana y amapola también están muriendo tras la fumigación de los cultivos clandestinos

POR Revista Cambio Fecha: Hace 6 months
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POR ÓSCAR BALDERAS

A mediados de 2016, el área encargada de temas apícolas en la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (Sagarpa) hacía sumas y restas, y las cuentas no cuadraban. Sabían que había sido un mal año para la recolecta de miel y polinizadores, pero no creían que tanto. Los jefes de área y los becarios echaban mano de hojas de Excel, calculadoras, libretas con cálculos a mano, tratando de entender el desastre que tenían frente a sus computadoras: el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología les había enviado un diagnóstico de que en ciertas regiones del país se había perdido hasta el 
53 % de las colmenas, como sucedía en la Comarca Lagunera.

La veintena de servidores públicos que revisaban el informe en el edificio ubicado en la delegación Benito Juárez, en el centro de la Ciudad de México, veían esas cuentas flacas con los ojos de quien mira una profecía fatal cumplirse: un año antes, cientos de apicultores habían advertido al titular de la secretaría, José Calzada Rovirosa, que algo terrible le pasaba a las abejas mexicanas.

La organización no gubernamental Apícola Región Laguna advirtió, por ejemplo, que en Durango hallaban todos los días decenas –cientos, a veces– de abejas muertas. Tronaban bajo las pisadas que aplastaban hojas secas. Otras asociaciones dijeron que con una frecuencia nunca antes vista encontraban panales podridos, colmenas vacías y tan resecas como cortezas viejas. Sucedía en el norte del país, y también en el sur, en el occidente, en el centro. Al tiempo que las abejas melíferas disminuían drásticamente en población, la abeja maya –la melipona– se acercaba peligrosamente a su extinción.

Meses antes, ocurrió un hecho que parecería aislado con este relato, pero no lo era. En invierno de 2016, una avioneta tipo Bell, propiedad de la Secretaría de la Defensa Nacional, sobrevoló los campos fértiles que se convertirían en cementerios de abejas. Los informes oficiales del Ejército mexicano no detallan la sustancia que la aeronave dejó caer sobre la comunidad La Sierrita, Durango, con el fin de fumigar cultivos clandestinos de mariguana, aunque se sabe que, por años, los militares dedicados a la “aspersión aérea” han usado un herbicida que contiene glifosato.

El glifosato, de acuerdo con un estudio de la Universidad Nacional de Buenos Aires, Argentina, es una sustancia que no daña a las abejas de inmediato, pues no es un plaguicida, pero sí tiene efectos letales a mediano plazo en ese tipo de insectos. Según la Universidad de Illinois, Estados Unidos, primero las atrae mediante los azúcares del agroquímico; luego, el contacto con el herbicida retarda su capacidad de vuelo, las desorienta y las debilita. Finalmente, las abejas mueren jóvenes en un estado de confusión.

Los informes del Ejército mexicano dan cuenta de que esas fumigaciones no son esporádicas ni erróneas, sino que forman parte de una política que afecta el medio ambiente y cuyo pretexto es la guerra contra las drogas intensificada en 2006 por el expresidente Felipe Calderón: sólo en 2016, la Sedena aniquiló 3 910 plantíos de mariguana por “aspersión aérea” y en 2017 incrementó la cifra hasta 4033.

En el mejor de los casos, la Sedena usa algún herbicida con glifosato, pero antes de 2007 las aeronaves del Ejército cargaban Paraquat, un fumigador que no sólo mataba abejas y otros animales por su alta toxicidad, sino que era un agente cancerígeno muy peligroso para el ser humano, si se está en contacto directo. La cifra de abejas que murieron a causa de esas viejas fumigaciones siempre será un misterio.

Aunque aún no se ha concluido que las fumigaciones aéreas antidrogas sean la causa definitiva de la muerte de las abejas, sí podría ser uno de los factores que han metido al sector en una crisis histórica en el país. Una primera solución, creen algunos apicultores, es una reforma que no requiere apoyos en cultivos, fertilizantes o subsidios a la miel, sino algo más profundo: un cambio en la política de drogas del país.

Damián Cortez, veterano colmenero en la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente, está convencido de que legalizar la mariguana con fines médicos, e incluso recreativos, quitaría un enorme peso a las alas de las abejas. Si el gobierno mexicano se uniera a la tendencia global y dejara de erradicar los cultivos con herbicidas potencialmente tóxicos para la fauna local, y cuidara la yerba como lo haría con otras plantas legales con las que hace negocio, las abejas mexicanas tendrían una mejor oportunidad de sanar y regresar a sus niveles normales.

“En vez de tirar herbicidas cuyas reales consecuencias con las abejas son aún desconocidas, sería muy importante que esos campos sean protegidos con la misma intención con la que se cuidan a los bosques de coníferas o de árboles madereros. El beneficio en favor de la biodiversidad sería maravilloso”, cuenta Cortez. “El mundo, nos guste o no, ya está avanzando hacia la despenalización por razones económicas y humanitarias. Añadamos a esas razones la medioambiental”.

Según el especialista formado en la Universidad de Chapingo, en Estados Unidos –donde 29 de las 50 entidades tienen despenalizada la mariguana en algún grado– ya comienza a estudiarse la relación directa entre el boom de los huertos legales de cannabis y el beneficio a las abejas, que termina por mejorar la biodiversidad incluso en las ciudades.

Además de eso, hay estudios serios –como el realizado por el investigador Jasvir Singh, de Punjab, India– donde han hallado que en tiempos de escasez de flores, una alternativa para la supervivencia de las abejas son las flores de cannabis por su producción de polen. Esto le permite a las abejas, incluso en tiempos de sequía, continuar la producción de miel, jalea real y nutrirse con vitaminas y minerales.

Otra nueva política de drogas, contó el biólogo Javier Fernández de la Universidad de California, también implicaría iniciar el debate de la despenalización de la flor de amapola, la materia prima que usan los cárteles mexicanos y sudamericanos con el objetivo de crear cocaína y heroína y venderla para consumo nacional o hacia Estados Unidos.

En 2016, sólo por fumigación aérea, la Secretaría de la Defensa Nacional acabó con 15 734 plantíos de amapola, y en 2017 fueron 17 034. Sin embargo, al erradicarla por completo el país está perdiendo innumerables beneficios, tal y como sucede con la mariguana. La legalización de los plantíos de amapola no sólo podría ayudar a potenciar el mercado interno de producción y suministro de morfina en los hospitales públicos del país, sino que protegería a las ya frágiles abejas del sureste mexicano.

“La flor de amapola es una flor que crece a baja altura, con relativamente pocos cuidados y con gran capacidad de adaptación. No ofrece néctar a las abejas, no genera miel, pero sí genera polen negro, un tipo de polen casi milagroso para las abejas por su alta nutrición. Si proliferara y se cuidara la flor de amapola, podríamos ver un fortalecimiento de las comunidades de abejas”, contó Fernández.

“Yo lo pondría así, en términos llanos: ‘¡salven a las abejas, legalicen la mota… y la amapola!’”. 

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