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Nación

Vivir diferente ¡es posible!

Ishi es poeta, escritora y fotógrafa pero sobre todo es futuro. Es una mujer que a su joven edad ha deconstruido su perspectiva como mujer, esposa, madre y profesionista para dar lugar a nuevas alternativas y formas de organización posibles

POR Revista Cambio Fecha: Hace 2 weeks
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POR ALEJANDRA DEL CASTILLO

Ishi nació en los últimos años que encapsulan a la generación millennial. Es hija de cuatro generaciones de mujeres empoderadas, como ella misma lo nombra. Su bisabuela luchó para que sus hijos fueran a la universidad contra su abuelo que planeaba que trabajaran en el negocio familiar. Su abuela no quiso ser una esposa abnegada que aceptó quedarse en casa y se separó. Su mamá se la llevó a ella de un mes con su hermana de año y medio cuando su padre no quiso “ayudarla” con la crianza de ellas como hijas y se desentendió.

Ishi, su madre y su hermana hicieron una nueva familia con el que ahora asume es su papá. Las adoptó a ella y a su hermana y les cambiaron el apellido, ella tiene claro que la paternidad es algo que se asume y se vive.

Creció educada libre de pensamiento, pero sobre todo como una especialista en cuestionar cualquier situación en su vida y confrontarla con su educación, las herencias familiares, los roles de una sociedad que de imposiciones hace órdenes sociales que le parecen absurdos o que necesitaban un argumento, claro, justo y necesario.

A los 17 años vivió su primer embarazo y aunque por su temprana edad el aborto fue considerado como una opción, ella dijo no.

“¿Qué hicimos mal contigo?”, le cuestionó su padre. Ella, con toda la fuerza de una adolescente de su edad, argumentó que fue educada para tomar decisiones de forma independiente y que aunque muchas veces sus determinaciones no fueran las que quisieran ellos como sus padres, debían saber que estaba tomando una decisión consiente y que ella estaba feliz con eso.

Así nació Manu, hijo de Ishi y Julio.

Para Ishi la renuncia más grande después de convertirse en madre fue perder su vida social. Veía pasar las fotos, todos estaban de fiesta, viajando o tomando decisiones sobre su vida. Así empezó su aislamiento social, la dejaron de invitar a las fiestas y ella dejó de salir.

Aunque lo más importante para ella era estar con Manu, empezó a cumplir con un rol que no sabía si querría para toda su vida. Tomó el papel de quedarse en casa y estar con su hijo mientras Julio asumía el papel de proveedor. Salía a estudiar y luego se iba trabajar, para cuando volvía a casa y Manu se emocionaba de ver a su papá, él ya estaba casi dormido de lo cansado que se encontraba.

Ishi lo intentó, se quedaba en casa todo el día y trataba de hacer actividades con su pequeño mientras la otra parte del tiempo se aburría, así pasó el tiempo hasta que tuvo una revelación: se había convertido en su madre.

Se sentía atrapada, frustrada y se enojaba todo el tiempo, asumió que esa era una situación en la que no quería estar. No quería el paradigma: él trabajando y ella en la casa encerrada con los hijos y las tareas del hogar.

Entonces entendió el enojo, las quejas y las discusiones de su mamá.

En la memoria de Ishi sucede una estampa familiar. Mientras su papá se mostraba compartido y tomaba en cuenta a todos los miembros de su familia, ese papel de proveedor le permitía decir: yo gané el dinero, es mío, entonces ¿qué quieres que te compre? Te compro lo que quieras. Mientras su mamá refutaba: No quiero que me compres nada, quiero que me des lo que me corresponde del dinero que ganaste, porque para que tú ganaras ese dinero yo tuve que estar cuidando a nuestros hijos, entonces la mitad de tu sueldo es mío.

Ishi reconoce el proceso de tantas generaciones de mujeres abriendo camino para que ella pudiera ser una conclusión, cambiar el esquema, romper el paradigma y construir una realidad diferente.

Impulso de su frustración dejó a Julio y con apoyo de su familia volvió a la escuela. Estuvo dos años estudiando con jornadas muy extensas. Despertaba 5:30 de la mañana para irse a la escuela, trasladarse le quitaba una hora, tomaba sus clases, regresaba a casa lo más pronto posible a casa para no abusar de los favores familiares cuando se hacían cargo de Manu. Su hijo le suplicaba no hacer la tarea para que pasara tiempo con él y ella accedía. Después de jugar, cenar, bañarlo y leer un cuento, Manu terminaba dormido en sus brazos mientras ella hacía la tarea en la computadora. Todo este tiempo fue extenuante y agotador.

Luego, apareció Christophe en su vida y vino su segundo embarazo. A sus poco más de 20 años, Ishi ya sabía lo que no quería y esta era su siguiente oportunidad. Habló claro con Christophe, le contó sobre su visión de la situación  y le dijo que no quería ser una mantenida, que quería un ingreso propio y que no quería depender de alguien que saliera a trabajar sin considerar el trabajo que significa quedarse en casa y con los hijos.

Christophe lo tomó con simpatía y le pidió que cuando se enojaran no se fuera con los hijos. Ishi, rebelde como es, le confió que debía tener la tranquilidad de que no estaba con él porque la mantenía sino porque estaba feliz. Ella reconoce el lugar en que las mujeres se sienten atrapadas y que de alguna forma están sujetas y son abusadas.

Aquí empieza la historia de una familia que se ordena todos los días de forma espontánea y con acuerdos simples. No es cosa de uno sino de dos que como acuerdo principal han decidido tener mucha comunicación y la disposición de hacer equipo.

Esta familia no es sencilla, se conforma por Ishi, Christophe, Manu y  la pequeña Lea, además de tres perros, dos gatos y una puerquita. Incluso Julio participa de esta nueva familia con una nueva y buena relación responsable, participativa y con la mejor actitud.

En la casa no hay división del trabajo, nadie tiene tareas asignadas, Ishi y Christophe lo resuelven todo con una pregunta: ¿lo haces tú o lo hago yo? Y cuando ella se pone ideática o aprehensiva con alguna labor como lavar la ropa, él le pide que le enseñe a hacer las cosas como a ella le gusta. Lo que los caracteriza como equipo es la disposición de estar siempre para hacer equipo con el otro.

Las cosas como son funcionan. Ella se queda despierta hasta tarde en la noche, él se levanta temprano para llevar a Manu a la escuela. Ella lo espera para desayunar, a veces él cocina, a veces ella, a veces cocinan juntos. Él trabaja desde casa y eso le permite cuidar a Lea cuando Ishi imparte sus clases de arte. Hacen equipo hasta para levantar la popó de Gelatina Diamantina, la pequeña cerdita.

Ella asume y reconoce que Christophe fue educado por una madre que puso especial énfasis en hacerlo un buen compañero y criarlo diferente, siempre consciente de las mujeres.

Romper el paradigma no sólo requiere de dos personas que asuman en una decisión auténtica de vivir nuevos roles y nuevas formas de configurarse todos los días. Están sujetos a los cambios de los tiempos, trabajan en casa o a veces no, configuran sus hábitos alimenticios para que sean lo más sano dentro de lo posible, sus decisiones de consumo están consideradas en función de la ecología y la salud.

Mientras algunas discusiones se centran en liberar a la mujer de la doble jornada, en educar a los hombres para asumir que no ayudan en las labores de su propia casa sino que participan de ellas, Ishi, Christophe y su familia están tratando de vivir el futuro.

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