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No, esto no se trata de salvar a los osos

Sí, es momento de decirlo con todas sus 
letras: el cambio climático no tiene que 
ver sólo con lo que pasa en los polos. Nos afecta en cada rincón del planeta, y las mujeres no deben seguir excluidas de la discusión, 
por eso toman ya cartas en el asunto

por Revista Cambio

11 de Marzo 2018

Foto Revista Cambio

POR ARTURO MORA*

El concepto de cambio climático, sus causas y sus consecuencias, es difícil de comprender, ya que la imagen más usada en los medios y las redes sociales ha sido la de un osito polar delgado y triste sobre un frágil pedazo de hielo flotando en el Ártico. Porque tú, tu vecino o incluso yo mismo podría pensar que sí, ok, eso está muy mal por el osito, pero ¿eso a mí en qué me afecta? No tengo relación con él, no conozco a sus bebés ositos. Además, en mi vida diaria tengo problemas mucho mayores. Los precios de la despensa siguen subiendo. Mis hijos se han enfermado más últimamente y el departamento que rento necesita arreglos. Ah, y ni hablar del problemón que hay con el agua, ya van dos fines de semana que no he podido lavar la ropa, y no me quiero ni imaginar la de problemas que vamos a tener con las inundaciones en la colonia cuando inicie la época de lluvias. Perdón osito polar, pero todo eso me preocupa más que verte sufrir.

La sorpresa nos la llevamos al enteramos de que todos los problemas descritos arriba también están relacionados con los problemas del osito. De hecho, son un efecto directo del cambio climático. ¿Cómo? Hablemos por ejemplo del aumento de precios en nuestra comida.

La canasta básica incluye frutas y verduras que necesitan un terreno, agua y cuidados para poder madurar, ser recogidas y enviadas a donde sea que las compremos. Si el cambio climático ocasiona una sequía general no hay agua, la producción de frutas y verduras disminuye y los precios suben. Si pensamos ahora en los casos extremos y cada vez más frecuentes, en los que se tienen sequías prolongadas que contrastan con una temporada de lluvias intensas que ahoga los alimentos, el problema se repite debido a la falta de producción.

¡Espera, Arturo!, primero hablamos de sequías y luego de lluvias. ¿Cómo es eso? Pues sí, ambos fenómenos son causados por el cambio climático. Nuestro planeta es un sistema afinado por miles de millones de años para funcionar de una forma que nos había permitido evolucionar gracias a la estabilidad del clima. El problema es que ahora, debido a nuestras emisiones de gases de efecto invernadero y a la disrupción provocada en los sistemas naturales, ese control se ha ido perdiendo. Así, las temperaturas extremas y los desastres naturales, como sequías e inundaciones, son cada vez más frecuentes. Basta con mirar las fotos que circularon en las redes sociales hace dos semanas, cuando Roma amaneció cubierta de nieve por primera vez en seis años; ni hablar del caos provocado en Francia también por la inusual nieve en pleno marzo.

Pero nuestra propia salud también puede ser afectada por el cambio climático. Sí, pues con cambios más bruscos de temperatura a nuestro cuerpo le es más difícil adaptarse al entorno y eso lo debilita. Además, si necesitamos un aire acondicionado o calefacción para sobrellevar mejor los cambios de temperatura, entonces estaremos en lugares donde no hay movimiento de aire y por lo tanto viviremos en contacto más prolongado con factores que pueden enfermarnos. Usar el coche más seguido porque estamos débiles o no queremos mojarnos por la lluvia o sudar como cerditos por el calor hace que se expulsen más gases y partículas contaminantes, lo cual nos debilita aún más. Al parecer estamos atrapados en un callejón sin salida, igualito que el oso que flota en el hielito del Ártico. Y ahora, ¿quién podrá ayudarnos?

El enemigo invisible

Desde que inició la lucha contra el cambio climático hemos tenido un discurso poco personal, que no se relaciona directamente con nosotros y que habla de la importancia de combatir con fuerza e intensidad un problema que no hemos definido de forma correcta. Esto ha logrado que las personas no puedan identificarse con lo que se está atacando; algunas –como Donald Trump– no le encuentran sentido a su resolución, y no pueden interiorizar los beneficios.

Cuando se tiene enfrente un problema tan grande es todavía más difícil pensar que pequeñas acciones individuales podrán llegar a resolverlo. ¿Por qué no podemos identificarnos con algo que nos afecta gravemente en el día a día? El género que ha construido ese discurso es una de las respuestas.

Durante milenios el hombre –sí, el género masculino– fue el proveedor que combatía animales para conseguir comida. Él se iba de caza a probar suerte, en ocasiones teniendo que luchar no sólo contra animales sino contra hombres de otras tribus que tenían el mismo objetivo: encontrar comida y sobrevivir. El hombre entonces tenía que desarrollarse como alguien que quería resolver problemas a corto plazo, buscando sobrevivir primero y luego ayudar a su familia y comunidad. La fuerza y la astucia en el combate –parte de la visión a corto plazo– fueron habilidades que necesitó desarrollar para sobrevivir y reproducirse.

Al ir a buscar comida, el hombre dejaba a las mujeres solas a fin de que se ocuparan de cuidar de la familia primero, y de la comunidad después. Las habilidades que las mujeres desarrollaron, de esta forma, tuvieron una visión a largo plazo. Una visión incluso más empática, ya que sabían que tenían que resistir y cuidar de todos hasta que regresaran los hombres de la tribu.

Ojo, en este artículo no busco hablar de psicología de los roles de género ni encasillar a nadie. Las habilidades que identifiqué antes las tenemos todos y no son exclusivas del género masculino o del femenino. Habrá ciertos hombres con mayor empatía y ciertas mujeres con mayor visión a corto plazo, pero estamos hablando de la evolución natural que tuvo la especie por las condiciones que enfrentó hace miles de años.

Estas habilidades no son lo único que define a un hombre o a una mujer. No obstante, ya sea debido a las construcciones o a otros factores que no se abordarán aquí, hay más mujeres con la característica “femenina” de visión a largo plazo y más hombres con la visión “masculina” del corto plazo.

Bueno, pero… ¿qué importa esto en la lucha contra el cambio climático? Mucho, créanme. El discurso construido hasta ahora nos habla de una batalla contra un enemigo cercano, al cual hay que combatir con todas nuestras fuerzas, y que sólo haciendo esto podremos sobrevivir. Sin embargo, este discurso fue hecho casi totalmente (sino es que completamente) por hombres. Ese discurso no es empático. No demuestra cómo identificarnos de una forma personal con el problema. Tampoco nos indica los beneficios inmediatos para nuestra calidad de vida, ni los beneficios a largo plazo para las personas que amamos.

Los hombres –tomadores de decisiones de todo el mundo– han trabajo durante los últimos años en combatir el cambio climático a través de políticas y acciones que demuestran poder sobre el público en general y la naturaleza. El uso de autos eléctricos, el impulso a las tecnologías renovables, la infraestructura para dominar los embates cada vez más intensos de los desastres naturales, todas esas son políticas que buscan crear una disrupción en el sistema que hemos tenido hasta ahora. Son una batalla contra lo que nos ha llevado hasta donde estamos ahora. Son una visión “masculina” en la cual se pelea contra un enemigo, buscando soluciones a corto plazo desde posiciones de poder que involucran a una élite, pero con las que los ciudadanos en general no logran identificarse. Asimismo, todas esas acciones y políticas han logrado crear una discusión general sobre su eficacia, e incluso utilidad. ¿Acaso tenemos alguna otra opción para continuar?

Trabajo en conjunto

Afortunadamente, y gracias al constante trabajo y liderazgo de miles de mujeres –y el apoyo de una gran cantidad de hombres–, han logrado cada vez más entrar a puestos directamente relacionados con la toma de decisiones para la población. Una muestra clara es el C40, presidido por Anne Hidalgo, alcaldesa de París. Hace tres años, en esta organización que reúne a líderes de 40 ciudades del mundo, sólo había cuatro alcaldesas, y con ellas iniciaron el movimiento Women4Climate. Ahora, en el 2018, hay 16 alcaldesas de todo el planeta. La inclusión de las mujeres en puestos clave para la toma de decisiones es una realidad, con ello se ha logrado un efecto positivo en la lucha de la humanidad por sobrevivir. No obstante, aunque vamos por buen camino, aún quedan muchos retos por superar para aumentar la participación de las mujeres en la vida pública.

Uno de los primeros es el de la victimización. La mujer no debe ser incluida en puestos de decisión por el simple hecho de que nunca lo ha estado. El tener una visión así le quitaría importancia al verdadero problema. La mujer debe ser parte de la vida pública por el valor que cada una tiene como individuo, como persona con una visión diferente de las problemáticas que nos afectan a todos, por su poder interno y los beneficios que la sociedad encontrará en que lo haga.

Otro es el de castigo al hombre. El hombre durante toda su historia ha demostrado su poder sobre la mujer. Ha logrado construir roles de género que la identifican como la parte débil y sensible. Esto sí debe ser reconocido, pero el hombre no debe ser castigado. Desafortunadamente, algunos discursos hablan de quitarle al hombre la posición de poder y dársela a la mujer. El seguir esta lógica nos llevará de nuevo a un error en el que la mujer se empodere no por su valor interno, sino por quitarle valor al hombre. El tener a más mujeres en posiciones de poder, como las que han tenido históricamente los hombres, tiene el objetivo de nutrir la vida política y social con opiniones diferentes y metas de vida distintas. No se trata de una batalla entre géneros.

Como fue varias veces comentado por todas las participantes de la conferencia Women4Climate (W4C) 2018 –se llevó a cabo en la Ciudad de México–, el problema que hemos tenido hasta ahora para combatir el cambio climático ha sido uno de falta de visión orgánica del problema, una visión en la que la ciudadanía pueda involucrarse y ver los beneficios que tiene el combatir el cambio climático en su vida diaria.

En la conferencia pudimos escuchar de primera voz las acciones que alcaldesas como Virginia Raggi o LaToya Cantrell están llevando a cabo con la finalidad de convertir a Roma y Nueva Orleans, respectivamente, en ciudades más incluyentes, donde los problemas de movilidad, nutrición y educación tienen la misma importancia que el consumo de energías renovables. También tuvimos la oportunidad de conocer a Alexandra Palt, directora de Responsabilidad Corporativa de L’Oreal, a Adriana Ruiz, fundadora de Sustenta, y a Katarina Dear, creadora de la iniciativa Floating Gardens by Nature & Us, todas ellas mujeres que han logrado llegar a puestos de mayor relevancia en la sociedad, y tienen ahora un impacto más profundo en nuestras vidas por su trabajo cotidiano en temas como la inclusión, el uso adecuado de los residuos o la adaptación de espacios para mejorar la calidad de vida.

Christiana Figueres, coordinadora de Mission 2020 y vicepresidenta del Pacto Global de Alcaldes por el Clima y la Energía, ha sido muy clara al decir que, hasta ahora, sólo la mitad de la población –es decir los hombres– ha tenido la oportunidad de ocupar puestos de mando, desde donde sus opiniones y acciones tienen un impacto mayor. Hemos tratado de correr un maratón con solamente una pierna, y esto tiene que cambiar.

No obstante, el cambio tiene que darse de la forma correcta y con la visión adecuada. Una visión simplista en la que se trabaje para lograr que la mujer ocupe todo el poder haría que tuviésemos la misma situación, pero al revés, es decir, seguiríamos corriendo con una sola pierna. Lo que necesitamos es que nuestras dos piernas avancen juntas, que nos lleven al objetivo común de no sólo sobrevivir al cambio climático, sino de mejorar la calidad de vida de la población mundial.

Y es en ese contexto que Women4Climate encuentra su mayor importancia, pues se trata de un espacio donde el empoderamiento de la mujer se determina en el poder que ella puede traer al trabajar en conjunto con el hombre y no en contra de él. En donde el trabajo positivo hecho por mujeres que han logrado abatir las barreras creadas por la sociedad puede dar sus frutos, alentar a presentes y futuras generaciones, y demostrar que los cambios son posibles. Un espacio donde las mujeres pueden entablar una conversación sana con hombres, y donde los hombres pueden aprender de la importancia de la equidad de género. Donde los hombres pueden ser sensibilizados ante problemas que ellos no entienden bien debido a las condiciones sociales y culturales que los han marcado y, más importante aún, donde pueden volverse agentes de cambio que entienden y promueven la equidad de género. Esto ya ha sido entendido por los alcaldes de las ciudades de México y Vancouver, que participaron en esta conferencia.

Sin embargo, aunque esta iniciativa es un gran paso, todavía queda mucho por hacer. Debemos construir sociedades que ofrezcan oportunidades iguales a hombres y mujeres para que elijan su rol. Las mujeres tienen el mismo derecho y capacidad que los hombres de desarrollar su vida profesional en carreras relacionadas con ciencia y tecnología, pero hasta ahora no se les ha dado la misma oportunidad de acceso.

Por fortuna, ahora hay cada vez más iniciativas, como la de Red de Mujeres en Energías Renovables y Eficiencia Energética (REDMEREE), que buscan el empoderamiento de las niñas y mujeres en el campo de las ciencias energéticas. Por medio de sus actividades, como asociación horizontal, se busca que las mujeres cuestionen los roles de género que se les han dado y encuentren y ejerzan su empoderamiento desde el valor que ellas mismas tienen como personas y como un factor clave en la lucha contra el cambio climático. Esto lo logran no sólo teniendo acercamientos con mujeres, sino con hombres también, ya que ellos son un factor clave en el facilitar y lograr la equidad de género.

Al fin y al cabo, tanto hombres como mujeres estamos en esto juntos. Ambos géneros sufrirán o gozarán los resultados de las acciones que tomen. Es por esto que es importante la construcción de un tejido social que busque la inclusión. Es únicamente a través de un empoderamiento equitativo que lograremos combatir, y superar, el cambio climático.

 

* Staff writer voluntario en MakeSense Stories y apasionado impulsor de tecnologías y sistemas sustentables. Este artículo es cortesía de MakeSense. Si deseas consultar más historias de inspiración visita: 
stories.makesense.org/es/

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