El legado del diablo

La cinta del director Ari Aster logra robarnos varios sustos no sólo con el clásico jump scare, sino mediante la ruptura de atmósferas y la sutil sugerencia de un ente satánico en escenas cargadas de surrealismo y pesadilla

15 de Junio 2018

Foto Revista Cambio

En una de las primeras escenas de El legado del diablo (Hereditary, por su nombre en inglés), Annie (extraordinaria Toni Collette) llora desconsolada por la muerte de un familiar. Entre sollozos que de improviso se transforman en gritos aterradores, hay una frase que incomoda por desoladora y triste: “Duele, duele mucho”. Pocas veces una película de terror entiende de tal forma aquello que la alimenta: el duelo por el adiós de un familiar querido como veta máxima y primordial de todo terror.

Es en ese momento en que te das cuenta de que El legado del diablo no es una cinta de horror convencional. La ópera prima del director norteamericano Ari Aster es un intenso psicodrama familiar cuyos antecedentes son reconocibles en piezas de terror clásicas que van desde El bebé de Rosemary (Polanski, 1968), El exorcista (Friedkin, 1973), El resplandor (Kubrick, 1980) y que se pone al tú por tú con piezas contemporáneas del género como lo son Babadook (Kent,2014), It Follows (Mitchell, 2014), Get Out! (Peele, 2017) y principalmente The Witch (Eggers, 2015).

No se trata de homenajes ni guiños, Aster demuestra con esta cinta un profundo entendimiento no sólo del cine de terror sino del cine mismo, haciendo de esta pieza lo mismo una experiencia aterradora que un drama familiar, que bien podría tener sus raíces en el cine de Mike Leigh.

Annie Graham (Toni Collette, que bien ya podría merecer un Oscar) es una mujer que intenta sobrellevar la muerte de su madre. Está casada con Steve (David Byrne), su estoico esposo, y la familia se completa con Peter (Alex Wolff), un joven en plena adolescencia y Charlie (perturbadora Milly Shapiro), una niña de 13 años. Toda la familia trata de superar la muerte de la abuela –la madre de Annie–, aunque ella no era precisamente famosa por ser cariñosa.

Para sobrellevar la pena, Annie se inscribe en un grupo de terapia, mientras Peter comienza a fumar y la pequeña Charlie sigue siendo una niña solitaria que juega a crear figuras a partir de basura. Pero el dolor no acabará ahí, una nueva crisis se aproxima y seremos testigos de cómo esta familia, marcada por la tragedia, reacciona a un nuevo ocaso.

También guionista del filme, Aster demuestra una maestría inquietante en la elaboración de atmósferas y el control de sus espacios. La cinta prácticamente no recurre a escenas hechas en computadora, sin embargo, logra robarnos varios sustos no sólo con el clásico jump scare, sino mediante la ruptura abrupta de esas atmósferas con algún ruido, una presencia o simplemente con la sutil sugerencia del ente demoníaco en escenas cargadas de surrealismo y pesadilla.

La pesadez exige humor, así sea humor negro. Hay mucho de ello en El legado del diablo, no sólo por ciertas situaciones o diálogos cuyo contrapunto provoca risas nerviosas, pues es obvio también que el director se divierte con nosotros: todo objeto punzante se muestra en close-up, sugiriendo que algo ominoso sucederá; la música, por supuesto, sugiere escenarios terribles y la oscuridad es el principal aliado del cineasta. No obstante, cuando finalmente sucede y viene el gran susto, no sólo es peor de lo que pensábamos, sino que puede suceder con elementos tan sencillos como impensables: desde una sombra hasta el sonido que se hace con la lengua cuando choca con el paladar: Snap!

Película retadora, pone a prueba la resistencia del espectador (tal y como lo hacían clásicos irrepetibles como El exorcista o El bebé de Rosemary), ataca convencionalismos sobre la familia ideal (la madre amorosa, el padre fuerte), pero sobre todo demuestra que el género más revolucionario en esta época de blockbusters y cintas de superhéroes sigue siendo el cine de terror, aquel que con poco presupuesto y mucha imaginación es capaz, auténticamente, de hacernos vibrar en la butaca.     

 

Hereditary

Dirección y guion: Ari Aster.

Producción: Lars Knudsen, Kevin Scott Frakes. EU, 2018.

Fotografía : Pawel Pogorzelski.

Edición: Lucian Johnston, Jennifer Lame.

Con: Toni Collette, David Byrne, Milly Shapiro, entre otros.

Crítico de cine con 10 años de experiencia profesional. Ha colaborado en revistas y periódicos como Newsweek, Chilango, Quién, Esquire, 24 Horas, entre otros. Actualmente colabora en El Universal, Eje Central, Dónde Ir y Filmsteria.

@elsalonrojo

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