María Magdalena

Rooney Mara interpreta a una mujer que abandona a su familia y reniega de las costumbres con el fin de perseguir un ideal de justicia y verdad, y no por seguir 
a un hombre, un rol muy adecuado para estos tiempos de empoderamiento femenino

24 de Marzo 2018

Foto Revista Cambio

Cual si se tratara de una película manufacturada ex profeso para estos tiempos de nuevo empoderamiento femenino, el australiano Garth Davis se adentra en terrenos religiosos  desde un protofeminismo que no deja de ser interesante y, a la vez, probablemente, riesgoso frente a los radicales religiosos que nunca faltan.

En María Magdalena, Davis narra los últimos días de Jesús en la tierra, pero desde la óptica de María, la distinguida discípula de Jesús de Nazaret, cuyo papel en la religión católica ha sido históricamente sujeto de encarnizados debates, desde la María penitente y pecadora, defendida por Jesús y a través del cual la mujer recupera el buen camino, hasta su canonización, con la que finalmente es reconocida como una santa y una más de los apóstoles.

Esta última es la visión que interesa a Davis, la de una mujer adelantada a su tiempo que encuentra en Jesús no a un mesías, sino a alguien que la comprende y con quien comparte su mismo ideario, la agenda feminista más obvia: la mujer como dueña de su propio destino.

Rooney Mara es quien interpreta a María, la hoy santa oriunda de Magdala, cuyo destino en su familia era el mismo de toda mujer de la época: casarse, tener hijos y básicamente hacer lo que los hombres le dictaran. Pero ella se muestra inconforme con ese devenir y, peor aún, lo hace explícito frente a su padre y su familia. Ante tal desacato, que no puede sino ser influencia de algún ente maligno, María es llevada al mar para que, en un acto que parece exorcismo, renuncie a esos demonios y acate el mandato divino de los hombres.

Oportunamente, el mesías del que todos hablan, junto con sus entusiastas apóstoles, llega a Magdala. María lo escucha y encuentra en su palabra el bálsamo que esperaba. He aquí un hombre que la entiende, he aquí un movimiento que la hará abandonar su casa y su familia con el propósito de volverse una apóstol más.

Los productores de esta cinta (entre los que se encontraba Harvey Weinstein y por cuya presencia fue que el estreno de esta cinta se retrasó casi un año) fueron cuidadosos en su retrato moderno de María Magdalena. Si bien, como ellos mismos mencionan en un epígrafe final, no hay evidencia en la Biblia que hable de una María Magdalena prostituta (como históricamente se ha pensado), el guion parte de una investigación que llevó a la producción hasta la región de Magdala donde consultaron a varios historiadores para saber de María y su viaje con Jesús rumbo a Jerusalén.

El resultado es un personaje atípico en los relatos religiosos; una mujer que abandona a su familia y reniega de las costumbres no para seguir a un hombre, sino con la finalidad de  perseguir un ideal de justicia y verdad.

Mucho se ha especulado también sobre si María era pareja de Jesús y estaba enamorada sentimentalmente de él, o si creó un cisma entre los apóstoles al convertirse en la “favorita” del mesías. Los guionistas Helen Edmundson y Philippa Goslett no llegan tan lejos, eluden los terrenos de la relación amorosa entre ambos (eso ya se vio en la infinitamente superior La última tentación de Cristo, 1988) y también soslayan el sangriento viacrucis (nada que ver con La pasión de Cristo, 2004).

El tono de la cinta es pausado pero no contemplativo. Rooney Mara sostiene por completo la película en una actuación contenida, discreta; intensa en la mirada, en los silencios y en las pausas. Es ahí donde se intuye (aunque no se hace explícita) la pasión por un Jesús interpretado por Joaquin Phoenix quien, evidentemente, se encuentra divertido y fascinado con las posibilidades del papel.

Sin el ánimo sangriento de Mel Gibson, y sin la valentía transgresora de Martin Scorsese, Davis entrega una cinta religiosa que más bien parece feminista, y que en todo caso no dejará inconformes a ninguna de las dos partes; al contrario, se trata de un relato interesante que si bien no niega su agenda, al menos tampoco se erige como un sermón somnífero.

Dirección: Garth Davis.

Guion: Helen Edmundson, Philippa Goslett.

Producción: Emile Sherman, Liz Watts. 
EU, 2017.

Fotografía: Greig Fraser.

Edición: Melanie Oliver.

Diseño de arte: Fiona Crombie.

Con: Rooney Mara, Joaquin Phoenix, 
entre otros.

Crítico de cine con 10 años de experiencia profesional. Ha colaborado en revistas y periódicos como Newsweek, Chilango, Quién, Esquire, 24 Horas, entre otros. Actualmente colabora en El Universal, Eje Central, Dónde Ir y Filmsteria.

@elsalonrojo

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