Accidentes en Venecia y Budapest tienen en vilo a cruceros

09 de Junio 2019

Foto Revista Cambio

MILÁN (AP) — Funcionarios del sector de los cruceros siempre han dicho que era imposible que hubiese un accidente en el transitado Canal Giudecca de Venecia pues remolcadores y la última tecnología garantizaban la seguridad.

Pero el barco de 65.000 toneladas que se llevó por delante a una embarcación mucho más pequeña el 2 de junio anuló ese argumento.

El alcalde de Venecia pidió de inmediato que se cambiase el recorrido de los cruceros, en tanto que organizaciones defensoras del medio ambiente dijeron que había que prohibir directamente el paso de esas naves por la laguna de Venecia. Dicen que las autoridades han estado ignorando el peligro que los cruceros representan para el medio ambiente y para la seguridad en los siete años que pasaron desde que el Costa Concordia se hundió frente a la costa toscana, causando la muerte de 32 personas entre pasajeros y tripulantes.

“Todos estos asuntos logísticos no cuentan cuando tienes la pregunta existencial de si el planeta quiere seguir teniendo a Venecia o no”, expresó la ambientalista Jane da Mosto, directora ejecutiva de “Aquí estamos Venecia”, una organización que trata de limitar el tránsito de barcos en Venecia.

El dramático choque de Venecia causó heridas a cinco personas. Hay videos que muestran al MSC Opera haciendo sonar sus bocinas al llevarse por delante a la embarcación y chocar contra un terraplén de cemento.

Cuatro días antes, un barco turístico se había hundido en el río Danubio en Budapest luego de chocar contra otro crucero. Al menos 17 personas fallecieron en el accidente.

Estos episodios enfocaron nuevamente la atención en las medidas de seguridad en torno a los cruceros, especialmente cuando navegan por pasajes acuáticos urbanos como el de Venecia, el de Budapest y los de otras ciudades que atraen grandes cantidades de turistas.

A pesar de la oposición de amplios sectores, Venecia sigue siendo uno de los puertos por los que pasan más cruceros del mundo, con un tráfico que es el doble que el de cualquier otro puerto sobre el Adriático.

El año pasado, barcos cruceros cruzaron la dársena de San Marcos y el vecino Canal de Giudecca 1.004 veces, transportando 1,56 millones de pasajeros. Esto representa un descenso del 12% respecto a los niveles de hace siete años, tanto en lo referido a pasajeros como a cruces.

En Budapest, el tráfico de cruceros de río, más pequeños, aumentó significativamente. El lunes había 112 embarcaciones ancladas en la ciudad, incluidas dos docenas de cruceros de río.

El alcalde de Budapest Istvan Tarlos dijo hace poco que barcos como el Viking Sigyn, que estuvo involucrado en el accidente, no serán autorizados a llegar al centro de la ciudad.

Defensores del medio ambiente de Venecia se quejan desde hace tiempo de que los cruceros desplazan el agua, dañan frágiles cimientos, contaminan el aire y afectan el medio ambiente de la laguna al remover el barro del fondo.

Silvio Testa, activista de años, dijo que la laguna está pasando a ser una extensión del mar y que hoy tiene una profundidad de 1,5 metros (60 pulgadas) comparado con los 40 centímetros (16 pulgadas) de hace un siglo.

Mucha gente que se opone a la presencia de los cruceros propone que se construya una terminal en un sector que da a la laguna, entre la isla Lido y el promontorio de Cavallino. El plan, aprobado por las autoridades hace dos años, pero que nunca se puso en marcha por razones burocráticas, plantearía a las compañías de cruceros el dilema de cómo transferir a los pasajeros a Venecia.

El alcalde de Venecia Luigi Brugnaro apoya una iniciativa que trasladaría la terminal al puerto industrial de Marghera, que recibe buques cisterna con petróleo.

Esa propuesta, no obstante, tropieza con normas del gobierno que prohíben mezclar el tráfico de pasajeros con “tráfico industrial potencialmente explosivo”.

Para las compañías de crucero, el paso frente a la Plaza San Marco, en la boca del Giudecca, es vital, lo que quiere ver la gente.

Mike Driscoll, director de la revista Cruise Week, no cree que los accidentes de Venecia y Budapest tengan un impacto significativo en el sector de los cruceros, que se recuperó prontamente del desastre del Costa tras 18 meses de incertidumbre.

“Habrá que ver lo que pasa, pero después de lo del Costa, todos pensamos que iba a descarrilar esta actividad. Y todos nos equivocamos”, manifestó.

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Dusan Stojanovic informó desde Budapest.

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