Una apuesta por la arquitectura para sanar

El entorno puede influir drásticamente en el bienestar de una persona, por eso arquitectos se ocupan en diseñar espacios que repercutan positivamente 
en la salud emocional y física de la gente

04 de Noviembre 2018

Foto Revista Cambio

POR LUCÍA BURBANO

Que la arquitectura y los interiores en los que transcurre nuestro día a día tienen un efecto en nuestro estado de ánimo es prácticamente incuestionable. En la sanidad, la delicadeza que se emplea en las intervenciones arquitectónicas cobra aún más importancia porque hablamos de espacios donde transcurren situaciones vitales extremas en las que predominan el sufrimiento y el dolor. En estos casos, un diseño bien concebido puede acompañar y reconfortar a la persona enferma, a sus familiares y a los profesionales que trabajan en los centros de salud.

Esto lo entendieron y aplicaron hace casi un siglo varios arquitectos europeos que pertenecieron al movimiento moderno. Finsbury Health Centre (Berthold Lubetkin y Tecton, 1938) en Londres, Paimio Sanatorium (Alvar Aalto, 1933) en Finlandia, o el Dispensario Antituberculoso (GATCPAC, 1930) en Barcelona son algunos ejemplos. Los tres desarrollaron conceptos que hoy parecen obvios, aunque a principios del siglo XX eran la excepción; circulación del aire, luz natural y mobiliario que además de funcional fuera estético y ergonómicamente agradable, como la silla Paimio, cuyo diseño está todavía vigente. Es más, para esta corriente arquitectónica, los edificios eran algo más que un envoltorio, eran ambientes cuyo propósito era ejercer una función específica: en el caso de hospitales y centros de salud, creían en su potencial como utensilios médicos.

“El factor humano en este tipo de proyectos es sumamente importante. Una gran parte de lo que pide el cliente es que, como arquitectos, busquemos formas de generar confort a personas que se encuentran en circunstancias muy difíciles”, explica Susan Le Good, directora asociada del despacho inglés Allford Hall Monaghan y Morris (AHMM).

Ambiente hogareño

Le Good ha dirigido dos proyectos que debían cumplir esta premisa: un hospicio en el norte de Londres para personas que precisan cuidados paliativos y que fue inaugurado en 2012, y el centro Alder, en Liverpool, que atiende a padres y madres que han perdido a sus hijos.

En el caso del centro en Londres, el cliente, North London Hospice Charity, contactó a los arquitectos en 2009 porque requerían un nuevo edificio que atendiera una mayor demanda para este tipo de servicios clínicos y de cuidados, y donde también pudieran desarrollar talleres terapéuticos. Durante tres años trabajaron codo con codo, además de con los pacientes, con el fin de diseñar un espacio cuyo interior y exterior estuvieran alejados del clásico lenguaje hospitalario.

Su forma de L enmarca un patio privado situado en la cara sur, y los materiales, ladrillo y madera, permiten la entrada de luz, ventilación y absorben la acústica. Amplios ventanales conectan con el exterior ajardinado visual y físicamente, y la disposición y decoración interior evocan un ambiente hogareño.

“Hablamos de domesticidad a nivel de escala, en el uso de materiales naturales, la elección del mobiliario y de obras de arte y la importancia de contar con un espacio exterior que es un refugio conectado visualmente con el interior. Son espacios que repercuten positivamente en el bienestar emocional de los usuarios”, afirma Le Good.

Durante la fase conceptual, la arquitecta comparte que emplearon maquetas que recrean la atmósfera del lugar, además de software que mide con precisión factores como la cantidad de luz para controlar su intensidad.

La opinión de los usuarios antes, durante y después del diseño es sumamente importante. “La relación es muy cercana. Lo primero es entender sus necesidades, así que visitamos el hospicio que ya estaba en marcha para comprender cuál es su función; hablamos con los cuidadores, con los pacientes y familiares para saber lo que necesitan y les enseñamos dibujos, maquetas y otros materiales que reflejaban nuestras ideas de una forma sencilla”, comparte.

Del centro de Londres, Le Good dice que los comentarios de sus ocupantes son alentadores, y es que aquellos que acuden a recibir cuidados y terapias y los que trabajan allá le han transmitido que es un lugar al que les gusta ir porque, entre cosas, ensalza el sentido de comunidad. “En situaciones difíciles es muy importante crear ambientes en donde los usuarios se sientan cómodos y puedan compartir emociones que son extraordinariamente complicadas de expresar. En este sentido, los comentarios que hemos recibido son muy positivos”, celebra la arquitecta.

La visión de Maggie

En 1993, a la escocesa Maggie Keswick le detectaron un cáncer de mama y le anunciaron que apenas le quedaban tres meses de vida. Aunque el diagnóstico fue erróneo y Keswick vivió dos años más, gracias a su experiencia pudo idear, junto con su marido, el arquitecto Charles Jencks, una nueva filosofía para que aquellos que estuvieran en una situación parecida no perdieran la alegría de vivir. Así comienza la historia de Maggie’s Centres, una serie de centros a los que personas con esta enfermedad y sus familiares pueden acudir en busca de información, compañía y apoyo. Desde que abrieron el primero en Edimburgo, en 1996, le han seguido 16 más que atienden a unas 200 000 personas al año; y todos tienen algo en común: su apuesta por la arquitectura como parte de la terapia que reciben.

Diego Alejandro Seisdedos es el arquitecto de Maggie’s desde hace dos años, y es el encargado de trabajar junto con los despachos contratados con el propósito diseñar los centros, que a menudo son grandes nombres como Richard Rogers, Frank Gehry, Zaha Hadid o Norman Foster. “La arquitectura tiene la capacidad de sanar o de hacerte empeorar, tendemos a subestimar su poder. En Maggie’s creemos que el entorno puede afectar drásticamente el bienestar de una persona, por eso apostamos por ambientes que refuercen el trabajo que se lleva a cabo en los centros”, afirma.

El proceso es colaborativo. Seisdedos explica que aunque invitan a los arquitectos a que visiten los centros ya construidos, les interesa conocer su opinión sobre nuevas técnicas y soluciones específicas para cada lugar, con el fin de lograr, como en el caso de Le Good, un ambiente doméstico donde los usuarios puedan tomarse un respiro. El envoltorio de cada uno es diferente, y a veces su ubicación determina el diseño, como es el caso de los centros de Oxford y Oldham, donde la parcela invitaba a elevar los edificios y a colocar el jardín –otro elemento esencial– en la planta inferior.

“La luz, los colores… todo contribuye a que aquellos que viven con esta enfermedad puedan procesar mejor sus emociones. El espacio es intuitivo, lo que provoca que se sientan parte de él”, detalla el arquitecto. El elemento central es siempre una gran mesa en el centro de una cocina diáfana donde los pacientes pueden prepararse una taza de té. También existen diferentes salas de menor tamaño donde se realizan consultas individuales con psicólogos, otras más grandes donde se programan clases de yoga o de cocina, y espacios donde los usuarios reflexionen en soledad si así lo desean.

El aprendizaje es fundamental. Seisdedos comparte que actualmente están renovando el centro de Edimburgo por tercera vez y que estas mejoras son el resultado de escuchar y atender las necesidades de los usuarios en combinación con los conocimientos del arquitecto que planeó el espacio.

Si estos resultados funcionan, ¿por qué son la excepción y no la regla? “Existen varios motivos, seguramente el principal es que los centros deben comprender que un buen diseño marca la diferencia. Lo más fácil es adquirir mobiliario estándar de un mismo proveedor, cuando por un poco más de presupuesto –no mucho– se pueden elegir elementos más eclécticos, pero claro, esto conlleva más tiempo”, lamenta Le Good.

Aunque el sector no escucha lo suficiente a los arquitectos, existen aquellos que sí apuestan por el diseño como parte de la terapia. Seisdedos lo tiene claro: “Como decimos en Maggie’s: nuestros edificios son un miembro más del equipo”, concluye.

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