Historiales amorosos

Las redes sociales se han encargado de forjar nuestros historiales “amorosos y plenos” ocultando sus sinsabores. ¿Pero hasta qué punto es prudente evidenciarlo? ¡Hasta
 que el social media nos separe!

13 de Mayo 2018

Foto Revista Cambio

POR MIRIAM CANALES

Un abrazo, un beso, un instante feliz (y efímero) congelado en una imagen que recibe elogios, likes, favs y recelo tácito por igual. Mensajes públicos que derraman melcocha. Si el romance solía quedarse plasmado en papel en tiempos pretéritos, las redes sociales se han encargado ahora de forjar nuestros historiales “amorosos y plenos” ocultando sus sinsabores. ¿Pero hasta qué punto es prudente evidenciarlo? ¡Hasta que el social media nos separe!

Karen de 25 años recuerda cómo algunas de sus relaciones se vieron ensombrecidas por los malentendidos en la red de Mark Zuckerberg. “Tuvimos celos mutuos. Un ex me decía: ‘¿Por qué si ya sabes que tal chavo tiene intenciones contigo, te tiene en Facebook y además le diste un like a su foto de perfil? ’ En cambio, yo pensaba: ‘¿Pero por qué si él empezó a andar conmigo en tal fecha le sigue dando likes a esta chava?’ Eso crea una desconfianza si la seguridad en las personas no está bien construida”.

Después de vivir una larga relación, hoy fracturada, decidió cometer un “suicidio digital”, ya que en su red contaba con una vasta cantidad de contactos de su exnovio. En otra ocasión, otro novio la obligó a colocar una foto de perfil donde estaban juntos, una amiga le advirtió que haber sido forzada a ello es una forma de violencia.

Eduardo tiene 31 años, no obstante, sólo ha llevado un noviazgo largo. Su chica era tan celosa que tuvo que mentirle sobre la existencia de su cuenta en Facebook, incluso sacó una cuenta alternativa donde la añadió, aunque con escasa información en su muro. “Todas las mujeres con las que he salido han sido informales, pero no subo fotos, ellas sí. En cambio, yo conozco otros güeyes que dicen en sus redes que Fulanita es el amor de su vida y andan de cabrones. Nuestro vínculo sentimental como hombres es menos intenso. Si la mujer te descubre con otra por las redes suele terminar, pero un hombre no deja de querer a su pareja por andar con otra”.

La escandalosa cifra revelada en 2013 de 28 millones de divorcios provocados por Facebook que cimbró al mundo parece una exageración, no obstante, nuestra cotidianidad también es muy cuestionable. Hurgando en su red de contactos, esta reportera descubrió que más de una decena de estos cuentan con una foto de perfil en compañía de sus parejas, que otra decena ostenta su estado civil de “en una relación” o de “casado” y curiosamente hay quien hasta detalla la fecha de su matrimonio. Ni qué decir de la ufana cantidad de imágenes de bodas que han desfilado por su muro a lo largo de una década que lleva navegando por esta vía, algunos culminados en dolorosas separaciones. Entonces, hoy en día debemos decir: ¿lo que Dios une que no los separe Mark Zuckerberg?

José es uno de los que, aunque posee una colección de fotos de su enlace conyugal, ni él ni su mujer revelan detalles íntimos de su día a día; se sienten relajados en cuanto a su comunicación, pero el tema de los hijos es crucial: “Para mí, ese es tema de cada quien. Exhibirnos como pareja no fue una decisión consciente, cosa que sí hicimos con nuestra niña a quien sí decidimos omitir.

Daniela, una chica de 20 años, solía exponer “al amor de su vida”, hasta que lo cambió por “otro amor de su vida”, y ahora reflexiona lo siguiente: “No es necesario presumir al mundo que amas a alguien. La gente tarde que temprano se da cuenta de ello”.

La Universidad de Brunel de Londres publicó en la primavera de 2015 un estudio realizado por Tara C. Marshall, Nelli Ferenczi y Katharina Lefringhausen acerca de las actualizaciones personales de Facebook y cómo impactan en nuestra vida. En este sentido, es curioso observar cómo en una tabla de estadísticas, el tema del romance queda en el décimo segundo lugar de prioridades, justo en medio de la dieta y el ejercicio y los niños. Su conclusión reveló que las parejas que incurren en la práctica de la evidencia habitual padecen baja autoestima, desde simples mortales hasta grandes celebridades.

La doctora Carola Castellanos Bosch, terapeuta Gestalt, sugiere que revelar la intimidad debería ser consensuado, y que entre sus pacientes observa una ansiedad mayor si navegan en Facebook, después en WhatsApp e Instagram en menor nivel, y que son las mujeres las que se muestran más suspicaces.

“Yo recomiendo bloquear a las personas cuando se termina todo, al ver lo que hace el otro se abre una herida. Pero la tecnología tiene una parte maravillosa también porque he conocido muchos que han podido estar en pareja gracias a ella, ya que de otra manera no hubiera tenido tiempo ni espacio para conocer gente”.

Quien escribe estas líneas vivió un episodio semejante con su penúltimo exnovio quien no tiene cuenta en Facebook, mas sí en Twitter, que utiliza por trabajo, y donde le enviaba mensajes directos amorosos hasta que su jefe solicitó las contraseñas. En la cúspide de la relación, ella jamás modificó su “estado civil” ya que sus respectivos círculos sociales estaban enterados, pero se alejaba de todo contacto digital con sus amigos. Ella gustaba de mostrar ocasionalmente algunas fotografías cariñosas, cosa con la que él nunca estuvo del todo de acuerdo, aunque nunca lo prohibió. El problema se suscitó cuando uno de esos amigos la agregó a Facebook, y en una ocasión le envió un inbox sugestivo con “besos” de despedida; lo ignoró y calló. Tras romper definitivamente, ella todavía no borra esas pocas imágenes que escribieron su historia, sin embargo, la súbita sección de “recuerdos” a veces es traicionera y la nostalgia resurge. Twitter sigue uniéndolos igual que LinkedIn, de manera cada vez más distante.

El sustituto posterior de aquel novio también carece de Facebook (¡alivio!), pero no de Twitter. Con unos cuantos miles de seguidores y comentarios la relación terminó, mas decidió no bloquearlo… sólo de WhatsApp para que evitara stalkear sus “estados” como solía hacerlo, ya que se había convertido en un campo de batalla. Ha reflexionado que bloquear una y otra vez a los ex ya le parece pueril.

El ring de las pasiones digitales sigue siendo incendiario. Mientras unos se oponen a evidenciar su amor, otros lo perciben como algo inofensivo, aunque la información permanece ahí, frente a ojos voyeristas y curiosos que esperan ser saciados. ¿Y tú prefieres mantenerte con bajo perfil o “si lo sabe Dios que lo sepa Internet?”

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