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All you need is love

25 de Septiembre 2017
Foto: Especial
Foto: Especial

Hace menos de tres meses llegó a la cartelera la película ¡Huye! (Get Out), del director y guionista Jordan Pelee. Por decir lo menos, el filme es una sacudida a la hipocresía de las buenas costumbres y a lo políticamente correcto. Nos presenta la historia de Chris (Daniel Kaluuya), un fotógrafo neoyorquino negro que ha sido invitado por Rose (Allison Williams), su novia blanca, a pasar el fin de semana al campo, en casa de su familia. A Chris le preocupa que Rose no le haya advertido a sus padres de la diferencia de razas, pero ella le asegura que no hay de qué preocuparse, pues no sólo son liberales, sino que hasta su padre, un respetado neurocirujano de origen alemán, es el tipo de persona “que habría votado una tercera vez por Obama”.

¡Huye! echa abajo el mito de que Estados Unidos vive una era libre de discriminación (basta ver las manifestaciones de odio de los grupos supremacistas y neonazis). Y aunque hay una gran cantidad de películas y series de televisión que han intentado hacer lo mismo, el filme de Pelee se distingue porque en lugar de señalar a los malosos de costumbre, se les va a la yugular a los progres, liberales y “defensores” (en las redes sociales) de los derechos de los negros.

Si bien la familia de Rose tiene dos sirvientes negros, sus padres tratan de justificarse con Chris todo el tiempo y hasta se muestran apenados. “Odio la impresión que eso da”, asegura el neurocirujano, al tiempo que se esfuerza en dirigir de manera forzada las charlas hacia temas de supuesto éxito y orgullo en la comunidad afroamericana, como la carrera del golfista Tiger Woods.

El periodista canadiense Jaime Weinman, por ejemplo, en el ensayo Hot takes and “problematic faves”: The rise of socially conscious criticism, expone los pros y contras de “aprobar” películas con agenda progresista y de castigar a las que no la cumplan. Por un lado, dice Weinman, la ficción perpetúa valores –positivos y negativos– y es importante estar atentos a ello. Por otro, la crítica que sólo se enfoca en temas sociopolíticos condiciona a los cineastas a hacer cine de “mensaje”.

Hace unos días, durante la gala de la edición 69 de los premios Emmy, que reconoce a los mejores trabajos en televisión y plataformas digitales, el episodio “San Junipero”, que forma parte de la tercera temporada de la adictiva y futurista serie Black Mirror –coproducida por Netflix-, se alzó con dos galardones: Mejor guion de drama y Mejor película para televisión.

Nunca antes un capítulo en solitario de una serie había obtenido reconocimientos. Vale señalar que Black Mirror, a diferencia de otros seriales, consta de episodios autónomos que pueden verse en cualquier orden, pues entre ellos no guardan continuidad ni protagonistas ni línea argumental. La única constante son las historias que suceden en un futuro cercano y con gadgets, aparatos o herramientas tecnológicas de las que ahora mismo no disponemos.

“San Junipero”, el capítulo galardonado, es protagonizado por Gugu Mbatha-Raw y Mackenzie Davis. Nos narra una historia de amor entre dos mujeres, de dos razas distintas, que ante la imposibilidad de hacerlo en la vida real, comparten momentos juntas dentro de un paraíso digital hecho por el hombre en la nube virtual.

Charlie Brooker, creador de la serie, al aceptar los Emmy señaló que ha escuchado “que 2017 es como estar atrapado en un largo e interminable episodio de Black Mirror. Pero me gusta pensar que si yo lo hubiera escrito, no sería tan perverso como para incluir todo el asunto de los nazis y el odio. ‘San Junipero’ es una historia sobre el amor, y el amor derrotará al odio, el amor ganará. Aunque podría necesitar un poco de ayuda”.

¡Huye! y “San Junipero”, dos excelentes opciones para disfrutar, amar y dejar de odiar. Después de todo, Los Beatles no estaban equivocados: All you need is love.

*Periodista especializado en cultura.

@rogersegoviano.

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