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Movilidad internacional

29 de Julio 2018
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IMPULSO PROGRESISTA

Por Aurélien Guilabert

Aunque la educación superior en México todavía es un derecho reservado a una minoría de jóvenes en el país, cada vez más estudiantes solicitan la posibilidad de realizar un intercambio académico en el extranjero. A pesar de sus esfuerzos, México sigue estando lejos de cumplir sus metas en materia de apoyo económico hacia sus alumnos, así como en materia de cooperación internacional educativa. Sin embargo, la oportunidad de estudiar en el extranjero durante una temporada es claramente un enriquecimiento académico, profesional y, sobre todo, personal.

Llegar a un país desconocido y enfrentar el choque cultural o los hábitos de otra sociedad permite sin duda construir una capacidad de apertura social hacia lo desconocido y lo inédito que son las relaciones humanas interculturales. Conlleva ampliar notoriamente nuestras capacidades gracias a la apropiación de una visión diferente, de marcos de análisis distintos a través de otros lentes.

Más allá del conocimiento adquirido de un idioma o en materia metodológica, es la ocasión de romper con un esquema de evolución predeterminado por nuestras raíces territoriales y comunitarias tradicionales; descubrir otras costumbres y maneras de vivir, siempre ganando crecimiento personal y madurez ante los retos de la vida. Significa también la posibilidad de capitalizar fortalezas profesionales y personales en una sociedad global cada vez más competitiva e interconectada desde una posición aventajada. Y desde una visión más atrevida, esperada o inesperada, implica considerar que unos meses de intercambio académico pueden convertirse en varios años de vida.

Al respecto, la Unión Europea ha desarrollado un sistema innovador y una red intensa en materia de movilidad internacional gracias al famoso programa Erasmus. Su presupuesto de 14 700 millones de euros permite a más de 4 millones de jóvenes gozar de oportunidades de estudio, adquisición de experiencias y voluntariado en todos los países miembros.

De igual forma, naciones como Francia han hecho de la cooperación educativa un eje fundamental de su política e influencia exterior gracias a la creación de agencias de colaboración global especializadas en la materia. Así, desde 1998 la Agencia Campus France y su red de más de 200 centros en el mundo, bajo la tutela del Ministerio de Europa y de Asuntos Exteriores y del Ministerio de Educación Superior y de Investigación, contribuye a posicionar a Francia en la escena internacional apoyando a estudiantes extranjeros y franceses en la realización de sus proyectos de movilidad.

México cuenta con grandes y múltiples talentos académicos nacionales, así como riquezas internas sociales, económicas y culturales que permitirían reforzar claramente una estrategia de política exterior desde un soft power en materia de cooperación educativa y científica, no solamente desde la visión del “sueño americano”, también con otras regiones del mundo como la Unión Europea.

Facilitar las experiencias estudiantiles en el exterior y recibir a alumnos extranjeros  desarrolla y enriquece una red de intercambios potencialmente explotables para el país en muchos rubros multidisciplinarios. Además de mejorar la imagen nacional, robustece los factores de competitividad con miras al crecimiento de la nación mexicana. Esta temática, de mayor relevancia para el desarrollo, podrá ser clave en la elaboración de las próximas estrategias públicas en materia de diplomacia educativa, cultural y científica, en estrecha coordinación con la política educativa universitaria de México.

*Fundador de Espacio Progresista, A. C. 
Asesor en estrategias de políticas públicas, incidencia social 
y cooperación internacional.

@aurel_gt

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