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La niñez y la ciencia: un mundo más bonito

“Es posible que a quien no se le acercó a la ciencia desde edades tempranas sea más complicado que se interese al crecer”, indica el coordinador del programa Adopta un Talento (Pauta) en Chiapas

POR Revista Cambio Fecha: Hace 3 weeks
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Por Alberto Chanona*

Einar Daniel, Mauricio, Camila Natialia y Dafhne Jaqueline son menores que la están rompiendo desde su trinchera con sus proyectos científicos y tecnológicos.

Inspirados por el videojuego Plantas vs. Zombies, a Einar y su amigo Mauricio se les ocurrió que las plantas carnívoras tal vez podían ser usadas como control de plagas en la agricultura. Después de todo, ¿qué bicho se atrevería a dudar de la voracidad de una planta carnívora?

Igual que muchos niños, Einar Daniel se siente preocupado por la contaminación del agua: “Solo 1.5 por ciento del agua en el planeta es apta para el consumo humano. Esa agua proviene de ríos, lagos, lagunas y manantiales. Y los estamos ensuciando”, dice. La diferencia es que él siente que es capaz de hacer algo, de encontrar alguna solución al problema.

No es improbable que esté lejos de la verdad. A sus 11 años, Einar ya conoce el trabajo y el método que implica desarrollar una investigación científica. Y aunque la idea no funcionó del modo en que esperaban, lidiar con una hipótesis fallida es parte del proceso de una investigación en curso.

“El proyecto de Einar y Mauricio era, en realidad, algo multidisciplinario –un factor que metió en problemas a los organizadores de la feria de ciencias, que no sabían cómo clasificar el proyecto de los niños–. Hicimos etnobiología con plantas carnívoras de la región. Eso implicó trabajar con ciencias sociales y naturales. Al final, se trató de investigar y detectar dónde estaban los registros de plantas carnívoras de la región, y hacer entrevistas para saber qué es lo que la sociedad sabe de esas plantas. Ese trabajo les valió para que ganaran la Feria Nacional de Ciencia en su categoría (primaria alta)”, explica el investigador Benigno Gómez, de El Colegio de la Frontera Sur (Ecosur), en San Cristóbal de Las Casas, quien fue elegido por los niños como su mentor para ese proyecto.

El programa Adopta un Talento (Pauta) en Chiapas y en otras tres entidades de México –Ciudad de México, Michoacán y Morelos– asigna a los proyectos alguien que los guíe. De Xóchitl contamos su historia en nuestra Pintorieta, luego de que a sus 8 años de edad y proveniente de Chiapas se convirtiera en la primera niña en recibir el Reconocimiento ICN a la Mujer, del Instituto de Ciencias Nucleares (ICN) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), “por demostrar aptitudes sobresalientes para el trabajo de divulgación científica”.

El color del sol

Camilla Natalia López López estudia el segundo grado de secundaria. Y es también su segundo año en Pauta. Igual que Einar, ella se siente preocupada por el agua. Tampoco le falta razón.

San Cristóbal de Las Casas, donde vive, es una zona de humedales protegidos por una normatividad sin mucho efecto, por lo que el agua es una discusión que aparece con frecuencia en la conversación pública de la ciudad.

“Mi proyecto actual busca disminuir la cantidad de agua que llega a las zonas bajas y causa inundaciones”, dice Camilla, quien en la Feria Nacional de Ciencias del año pasado recibió un reconocimiento de la Universidad de Baja California, por su proyecto El color del sol.

Respecto a El color del sol –el primer proyecto que desarrolló Camilla en Pauta–, su propósito fue experimentar la resistencia al sol de algunas tinturas naturales: el añil obtenido de la corteza de un arbusto de la familia Fabaceae; el amarillo, de una planta medicinal llamada chilchahua; el magenta, del palo de Brasil; el café, del grano de café tostado y molido; y el naranja, que obtuvo de la semilla del achiote.

Aunque disfruta la escuela y le va bien, dice: “No me siento tan integrada en la escuela, porque hay diversos intereses. Algunos se dedican a las artes o a los deportes, pero no hay tanto interés en la ciencia”.

Distractores

Ese, el desinterés, le parece a Jesús Iradier, coordinador de Pauta en Chiapas, uno de los mayores obstáculos para introducir a niñas y niños de zonas urbanas en la ciencia.

“El reto en el contexto urbano es despertar el interés de niñas, niños y jóvenes por la ciencia, por su entorno y por los grandes problemas sociales. En las ciudades, tienen acceso a muchas más opciones; pero ahí lo que falta es el interés de los padres y de los niños, quienes están expuestos a muchísimos distractores”.

Iradier habla por su experiencia. Aunque es biólogo de profesión, fue también maestro durante muchos años tanto en la ciudad como en comunidades rurales indígenas.

“Las niñas, niños y jóvenes del contexto indígena tienen un gran talento. Lo que les falta son oportunidades”, considera.

Esa falta de oportunidades de las comunidades indígenas de Chiapas es, sin embargo, mucho peor de lo que parece así expresado. En algunos lugares de Chiapas, por ejemplo –diversos estudios lo demuestran–, las niñas y niños padecen desnutrición crónica. E incluso el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE) reconoce que 23 de cada 100 niños, niñas y adolescentes chiapanecos hablantes de lengua indígena no asisten a la escuela.

Pero no todas las comunidades son iguales, algunas de ellas empiezan, además, a dar muestras de que los distractores no sólo existen en el medio urbano.

“Recuerdo que en 2010, en Aldama sólo había Internet en la biblioteca. Los estudiantes debían hacer filas para utilizarlo en alguna tarea o investigación. Cuando llegó la telefonía celular, el acceso a Internet fue más amplio, pero también los distractores”, relata el coordinador estatal de Pauta.

En cualquier caso, dice Iradier, el desafío en ambos contextos (urbano y rural) no es solo aprovechar el talento de niñas, niños y jóvenes, “sino hacerlo con ayuda del conocimiento que tienen de su propia cultura; consolidar un conocimiento científico-cultural”.

Dafhne Jaqueline Solís Pérez estudia el cuarto semestre de bachillerato. Y en la Feria Nacional de Ciencias del año pasado, ella y su tallerista Karina Janeth Selvas Villafuerte recibieron una mención especial de la UNAM y de la American Society of Microbiology, por una investigación a la que titularon Dinero sucio.

El resultado de Dinero sucio puede resultar inquietante: el jabón en barra o líquido no elimina por completo las bacterias presentes en las manos después de manipular monedas.

—¿Y entonces qué debemos hacer? –le pregunto a Dafhne. La respuesta, expresada sin un sólo titubeo, deja tambaleante de indecisa nuestra relación con el dinero:

—Entre las sustancias que probamos, las mejores para eliminar bacterias son el alcohol etílico, el agua oxigenada y el vinagre blanco. Pero son realmente muy fuertes e irritantes para la piel. El gel antibacterial tiene casi 100 por ciento de efectividad para inhibir bacterias (…) Aunque si el dinero llega a tener hongos o algas, no te va a ayudar tanto.

Igual que ha ocurrido con otras niñas y niños de Pauta, Dafhne transmitió su interés por la ciencia a su hermana, de cuatro años, y a un primo suyo, de primaria, quienes recién se integraron también al programa. Sus compañeros de bachillerato, en cambio, no parecen interesarse demasiado en temas científicos, cuenta Dafhne.

Jesús Iradier, coordinador de Pauta en Chiapas, ha acuñado una hipótesis al respecto basado en su experiencia: “Es posible que a quien no se le acercó a la ciencia desde edades tempranas sea más complicado que se interese al crecer”.

*De la Agencia Informativa Conacyt

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