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Mundo

El poder de ser incómodo

portada

Ganó las urnas en un país que dice creer en la democracia, y donde el voto popular no es suficiente para convertirse en presidente; se avergüenza de que hoy este sea gobernado por Donald Trump y se define a sí mismo como “un político en recuperación”. Viaja por el mundo como un divulgador altamente efectivo del catastrófico avance del cambio climático, pero detrás del ex vicepresidente, del ganador del Premio Nobel de la Paz, del documentalista merecedor de un Oscar y del hombre que reta al presidente de los Estados Unidos, ¿quién es, a dónde va y a quién acompaña Al Gore en 2017?

POR Elizabeth Palacios Fecha: Hace 2 weeks
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Había pasado el momento del estrés. El encuentro no había sido lo que esperaba, sin embargo, se había ido, como una cerilla que se consume entre tus dedos. No quedaba más que caminar bajo la lluvia que había cedido ya su fuerza y apenas se sentía un chipichipi constante. Era hora de buscar algo que comer; los nervios de conocerlo no me habían dejado probar bocado.

Esos pensamientos se mezclaban en mi mente con los reproches de no haber sido menos educada y sí más ruda para conseguir que él me dijera lo que yo esperaba en aquel breve encuentro.

“¡Te van a atropellar!”, me dice mi compañero mientras voltea asombrado, y recalca: “¡Y habría sido un Tesla!”

Un ala de gaviota se abre y entonces sabemos que no puede ser otro vehículo más que el Model X, que a pesar de estar disponible para su venta en México desde abril del año pasado, todavía es una rareza, pues los compradores han tenido que esperar más de 12 meses a fin de recibirlo. Podría ser esta la primera vez que uno de ellos rueda sobre las coloniales calles de Morelia.

La distancia que ha recorrido este vehículo en la capital michoacana es irrisoria, apenas unos metros que separan un punto del otro, dentro del primer cuadro de la ciudad, pero el personaje que se mueve en él no podría usar otro coche.

Este se presume como uno de los mejores autos eléctricos creados hasta ahora. ¿Su creador? Elon Musk, multimillonario idolatrado por muchos y despreciado por otros, considerado casi el Tony Stark de la vida real.

Era lógico entonces que quien estaba a punto de bajar sólo podía ser el hombre que minutos antes había explicado a profundidad en una sala de cine, con palabras tan certeras como bien aprendidas, la grave crisis climática que se vive en el mundo. Ese que además ha sido uno de los más importantes promotores de Tesla y sus avances tecnológicos. El auto con el que me topo es un préstamo del distribuidor en México para que él se mueva durante su visita a nuestro país, pero no puedo evitar pensar que me habría gustado, por considerarlo más congruente, verlo caminar por las calles michoacanas, bajo la lluvia, igual que yo, sin ninguna huella de carbono a su paso.

Mientras me quedo congelada al pensar todo esto, él baja y saluda a las personas que cenan en los arcos del zócalo moreliano, y se siguen preguntando si en verdad lo tienen enfrente. Otras hacen hipótesis sobre su identidad, pues no les parece una estrella de cine, aunque muy a su manera, sí lo sea.

Él mira mi cara de asombro y me reconoce. Esboza una sonrisa al escuchar que mi cerebro desconectado  del momento lo saluda en español. Responde en el mismo idioma, con un marcado acento gringo, y luego se pierde tras cruzar un enorme y pesado portón de madera.

Esa noche, cenará en privado pero no en soledad. Un par de minutos después, los flashazos de los smartphones se dejan sentir. Ella –quien días antes había sido calificada en el diario norteamericano Washington Post como “Una Hillary wannabe”– saluda y posa para las pocas personas que se acercan y le piden una foto. Su acompañante también es interceptado. No me extraña, estamos en su territorio.

Después de un brevísimo baño de pueblo, Margarita Zavala, precandidata independiente a la presidencia de México, y su esposo, el expresidente Felipe Calderón –actualmente es presidente honorario de la Comisión Global de Economía y Clima y miembro de la junta de Directores del Instituto de Recursos del Mundo– cruzan también el umbral con el propósito de compartir la mesa con el invitado de honor del Festival de Cine de Morelia, el hombre que pudo haber sido el presidente de los Estados Unidos hace ya algunos años y que ahora ondea con orgullo la bandera de los derechos ambientales.

El mismo hombre que minutos antes me había regalado una sonrisa de complicidad tras decir que “era un político en recuperación”, chocaría las copas con aquellos que pertenecen a ese círculo del que dice estar recuperado pero del cual, evidentemente, no quiere estar alejado.

Esa noche de octubre, Al Gore, quien alguna vez puso en jaque al sistema político norteamericano, se enfilaba a compartir el pan y el vino con una de las parejas más representativas de la política mexicana actual.

EL NEGOCIADOR

Después de ver atentamente el documental An Inconvenient Sequel: Truth to Power  (titulado para su estreno en México como La verdad incómoda 2, y cuya traducción literal sería Una secuela incómoda: la verdad al poder), uno abandona la sala de cine con sentimientos encontrados. Por un lado, la decepción y la angustia de comprobar que lejos de resolverse, la crisis ambiental se ha agravado en la última década.

En la pantalla, la presencia protagónica de Al Gore da cuenta de que todas las hipótesis planteadas por los científicos años atrás no sólo han sido comprobadas, sino que los desastres han superado ya las proyecciones.

Sin embargo, como buen estratega, el mejor momento lo ha guardado para el final. En las últimas secuencias, el discurso cinematográfico está armado de tal forma que el objetivo se cumple: el espectador saldrá con la sensación de que Gore es un gran héroe… y esta vez no está solo.

La cinta revela que, en noviembre de 2015, Al Gore acudió a la COP21 para cabildear y ayudar a desatorar –tras bambalinas– las negociaciones de la firma de los Acuerdos de París en momentos estratégicos. Justo al final, los héroes entran en acción cuando la India se niega a firmar argumentando que no puede comprometerse a dejar de producir energía a partir de carbón si el Banco Mundial no flexibiliza sus políticas de crédito con el propósito de que las economías en desarrollo tengan acceso pleno a las energías renovables.

Y allí sutilmente, detrás del personaje que Gore ha creado de sí mismo, aparece el que tiene el poder, el que es dueño de una llave maestra: la tecnología.

En la siguiente escena, vemos a un Al Gore completamente dueño de la situación mientras hace un par de llamadas estratégicas.

EL PAPEL DE LA INDIA

El gobierno indio planeaba construir 300 plantas eléctricas alimentadas con carbón, y no se movería sin garantías de préstamos a bajo interés para desviar su política energética hacia el sol.

Gore decidió que la única forma de convencer a los indios de firmar era asegurarse de que tuvieran acceso a la tecnología solar, así que se volvió hacia Elon Musk y SolarCity. Tras llegar a un acuerdo, la India accedió a firmar. Todo parecería el final perfecto para una película de Marvel, salvo porque la escena postcréditos debería ser ver a SolarCity mientras coloca miles de páneles solares en la India, lo cual, hasta el cierre de esta edición, nadie podía confirmar, ni en Nueva Delhi ni en Palo Alto, California.

Sin embargo, los expertos en inversiones energéticas afirman que ocurrirá, pocas dudas hay de ello, sobre todo si se considera el arriesgado compromiso de la India para que su flotilla de vehículos automotores sea eléctrica al 100 % durante 2030, así que, con el objetivo de que la ecuación ambiental tenga sentido, antes de que las compañías fabricantes de vehículos eléctricos –Tesla entre ellas– inunden ese enorme mercado con sus autos, la India debe producir energía a partir de una fuente limpia.

Horas antes de nuestro encuentro en la calle, tuve oportunidad de conversar con Al Gore en una reunión privada junto con un pequeño grupo de periodistas. Al preguntarle sobre esto, su respuesta fue optimista y políticamente correcta, pero evasiva en temas del mercado que le interesa a Tesla:

“Desde los Acuerdos de París, la India ha logrado hacer cambios drásticos en sus políticas públicas. Ellos cerraron 37 minas de carbón este año, dejaron también de construir plantas de generación eléctrica que usaba carbón como combustible, para enfocarse en construir plantas de energía solar e incluso anunciaron que dentro de 12 años el 100% de los automóviles y autobuses en la India van a ser eléctricos por ley, y eso es mucho más que lo que hace Estados Unidos. El precio de la electricidad derivada de la energía solar en la India, sin subsidio, es la mitad del costo que tiene la electricidad que proviene del carbón. Otros países ahora también tienen la oportunidad de aprovechar este declive tan drástico en el precio de la energía solar y de la energía eólica. Al igual que la India, otros países en desarrollo están confrontando la posición de su propio país por la contaminación que ocasiona la quema de carbón; entonces, ahora que existe la opción de producir energía limpia y más barata, habrá un cambio masivo hacia las energías renovables. Además, el Banco Mundial es mucho más proactivo en brindar asistencia a otros países en desarrollo, así que yo me siento muy optimista de que vamos a poder hacer esta transición muy rápidamente”.

CONTRA TRUMP

Aunque la película termina con el anuncio de que Donald Trump retiraba a los Estados Unidos de estos acuerdos, que habían sido firmados por su predecesor, Barak Obama, jamás vemos a un Gore deprimido por esta postura del mandatario de su país. Al contrario, y eso lo reafirma cuando estamos frente a frente:

“Me preocupaba que los países utilizarían eso como un pretexto para retirarse también, pero eso no ocurrió. Muchos alcaldes de las ciudades y líderes empresariales también hicieron la misma promesa, el mismo compromiso. Entonces, aparentemente, Estados Unidos va a cumplir con los compromisos establecidos, independientemente de Trump”.

Además, de conformidad con el derecho internacional, el momento en el que los Estados Unidos podrían retirarse legalmente de los Acuerdos de París es justo el día siguiente a la próxima elección presidencial. Al Gore explica que hay una distensión entre Donald Trump y los Estados Unidos de América:

“Nosotros (los norteamericanos) estamos en los Acuerdos de París y vamos a exceder nuestros compromisos bajo estos acuerdos. Yo sí creo que existe el derecho humano a tener un medio ambiente sano y es una violación de los derechos humanos de nuestros hijos, de nuestros nietos, utilizar el cielo como un desagüe abierto y comprometer su futuro, y obligarlos a padecer todos los efectos horribles que podrían ocurrir de no resolver la crisis del clima, pero yo estoy convencido de que lo vamos a resolver”, enfatiza categóricamente.

No podemos negar que sus palabras son inspiradoras, aunque a fuerza de repeticiones hayan perdido espontaneidad. Sin embargo, hay cosas nuevas en su discurso y eso lo ha vuelto particularmente incómodo para la Casa Blanca, como cuando enfatiza que se siente avergonzado de Donald Trump:

“Este experimento con Trump tiene menos de un año, y algunos experimentos en la ciencia y la medicina se han terminado antes por razones éticas. Es muy pronto para decir que eso podría ocurrir aquí, pero sí hay un fiscal especial que está trabajando duro. Por ejemplo, el Congreso no apoya la propuesta del presidente Trump de apagar los satélites que nos dan la información sobre el cambio climático. No sé que va a pasar pero los próximos meses quizá sean desafiantes para los Estados Unidos y aunque no debería decir esto mientras estoy en otro país, lo cierto es que yo estoy entre el 65 % de los estadounidenses que se siente avergonzado de que él sea el presidente de los Estados Unidos”.

EXPLORADORES DEL ESPACIO

Una cosa es real: sin el desarrollo tecnológico, la democratización de la energía renovable todavía será una lejana utopía y poco se podrá avanzar en el combate al cambio climático. Si hay un personaje avocado a ese desarrollo es Elon Musk, y eso lo ha unido en principio con Al Gore; el mismo Gore lo deja sentir cuando relata su preocupación por el hecho de que los eventos extremos relacionados con el calentamiento global han empeorado y han sido cada vez más frecuentes. Retoma la esperanza en el discurso al acercarse a hablar del desarrollo tecnológico:

“Se ha visto un desarrollo muy esperanzador de soluciones que han comenzado recientemente a disminuir su precio a gran velocidad, al punto que ahora ya son utilizadas de manera más amplia en todo el mundo”.

Y con ese tono entregado que le caracteriza, confío en que mi interlocutor se entusiasmará como yo cuando le pregunte sobre el segundo momento más importante del documental: la misión espacial y el lanzamiento de un satélite que podrá darnos tanta información en torno al incremento de la temperatura de la Tierra a consecuencia de la actividad humana.

Aunque en el documental se da cuenta del lanzamiento de este satélite en febrero de 2015, lo cierto es que no es un asunto nuevo para Al Gore, por el contrario, es el resultado de un sueño que tuvo desde 1998.

Él ha estado obsesionado con la obtención de información en torno al comportamiento climático desde muchos años atrás. El satélite –originalmente bautizado como Triana–, ha  evolucionado con el paso del tiempo, y su lanzamiento ha sido obstaculizado lo mismo por la oposición republicana que por la oligarquía petrolera.

El astrofísico y divulgador científico español Daniel Marín, cuyo blog ha recibido el Premio Bitácoras 2012, el Premio Naukas 2013 y el Premio 20Blogs 2015, explica que Triana, ahora rebautizado como DSCOVR (Deep Space Climate Observatory), sería lanzado junto a la vela solar Sunjammer a finales de 2014 desde la base aérea de Vandenberg mediante un Falcon 9 de SpaceX, otra empresa liderada por Elon Musk. Hubo algunos retrasos pero, finalmente, el objetivo se cumplió y el 11 de febrero de 2015, Musk y Gore, gracias al apoyo de Barak Obama, celebraban en las redes sociales esta victoria espacial y ambiental.

El poder de Space X 

Y es que cuando Obama anunció que daba luz verde al lanzamiento, se generaron nuevamente grandes discusiones en el Congreso norteamericano pues el proyecto de Al Gore, congelado más de una década, había superado ya los 250 millones de dólares, es decir, dos veces y media más el presupuesto inicial.

En su versión DSCOVR, se trata de un satélite de 570 kg construido alrededor de la plataforma SMEX-Lite. El satélite cuenta con dos instrumentos principales. Uno de ellos es la cámara EPIC (Earth Poly-Chromatic Imaging Camera), el instrumento que proporcionará las imágenes de la Tierra soñadas por Gore. Además de fotografías únicas, EPIC permitiría analizar la distribución global de ozono y de aerosoles en la atmósfera o medir la superficie cubierta por la vegetación en todo el globo, entre otros objetivos. El otro instrumento es NISTAR (NIST Advanced Radiometer), un radiómetro avanzado que medirá la radiación emitida por la Tierra en cuatro canales del ultravioleta, visible e infrarrojo (0,2-100 micras) para comprender mejor el clima terrestre y el calentamiento global. La cámara posee un CCD de 4 megapixeles conectada a un telescopio de 30,5 centímetros de diámetro, por lo que la resolución de EPIC será de 8-14 kilómetros por pixel y tomará una imagen cada veinte segundos aproximadamente.

Con esto, Al Gore podrá, finalmente, demostrar que sí es la actividad humana la responsable del incremento de la temperatura de la Tierra, como ha afirmado durante décadas. ¿Su aliado en ello?: Elon Musk, aunque, particularmente, de él no quiere hablar Al Gore en nuestra entrevista.

—Tenemos que detener la entrevista.

—¿Por qué?, ¿no teníamos media hora?

—Vamos atrasados, lo sentimos.

Con esas palabras, la mujer rubia que lo acompañaba esa tarde me dejaba con las mejores preguntas en la punta de la lengua. Como estrategia desesperada, le lancé a él directamente, sin miedo, una mirada que imploraba un minuto más.

Me miró, sonrió y dijo:

—Una más, déjala hablar, ¿qué quieres preguntar?

—¿No es acaso este el mejor momento para ser amigo de Elon Musk? Finalmente, él es el único fuera de la Nasa que podía ayudarle a lanzar ese satélite que tanto se necesita, ¿no?

—El senado no apoyará a Trump. Ellos no están de acuerdo en detener la misión espacial. Confío en eso.

Y así, con palabras evasivas y la sonrisa borrada, el hombre que en unos minutos más recorrería una alfombra roja en un festival de cine, como la luminaria de Hollywood que ahora es tras haber recibido un Oscar, y posteriormente un Premio Nobel de la Paz, Al Gore, se levantaba de la mesa.

Al final, Al Gore siempre lo consigue. Es incómodo y eso lo vuelve congruente. El llamado a la acción que al concluir el documental hace a los espectadores, él mismo lo cumple cabalmente al dejarme con estas preguntas sin respuesta: “Sé incómodo”.

Pero el futuro, ese lo escriben los visionarios y tal vez los ojos de la mancuerna Gore-Musk ya no sólo están en Tesla, sino en SpaceX y las infinitas posibilidades que la industria aeroespacial da a la causa ambiental. Esta mancuerna parece tener ya muy claro que la única esperanza para el planeta Tierra está fuera de su atmósfera.

 

 

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