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Mundo

Las app que me salvaron en Europa

¿Puede la tecnología ayudarte a organizar 
tus travesías en el viejo continente... cuando 
ya estás ahí?

POR Revista Cambio Fecha: Hace 2 months
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POR ROGER VELA

Cuando era niño mi madre me decía que antes de conocer otro país debía primero conocer el mío: le hice caso. Así que la primera vez que viajé a Europa, el mundo digital, el de las redes sociales y de las aplicaciones que te solucionan buena parte de tu día ya estaban presentes en mi vida diaria. Me confíe y me fui a la aventura, sin reservaciones de hotel, sin saber qué lugares conocer, sin saber cómo transportarme de un lugar a otro; sólo con mis tarjetas y mis euros que minutos antes, cuando eran pesos, ocupaban más lugar en mi cartera.

Obviamente, antes de despegar publiqué en Facebook mi destino. Después de 16 horas incómodas de vuelo por fin aterricé en una ciudad europea. Ahí surgió el primer problema: cómo comunicarme si el chip de mi teléfono es de una compañía mexicana. La opción era activar el roaming, pero la tarifa no era cara: ¡era de terror! Minutos después del susto mi móvil localizó la red wifi que tienen todos los aeropuertos de las grandes ciudades europeas. Después de un breve registro me conecté. Pese a que en algunos lugares sólo te permiten conectarte durante una hora, puedes desconectarte y volver a registrarte.

El siguiente paso era Migración. Ahí noté que era casi obligatorio contar con una reservación de hotel, hostal o dar alguna referencia de la persona que me recibiría, con el fin de que ingresara al país sin problemas. No tenía ninguna de las tres opciones. En la fila, que de por sí era bastante larga para los turistas, descargué Airbnb, introduje mis datos bancarios y en cinco minutos ya había reservado una habitación dónde alojarme, aunque el oficial de migración nunca me lo pidió.

Salí del aeropuerto. El problema era cómo llegar al centro de la ciudad; otra vez tres opciones: taxi, bus o tren. Como no sabía qué hacer y necesitaba revisar las tarifas, regresé al aeropuerto con el propósito de conectarme a Internet. Decidí bajar la app de Rail Planner, una aplicación para localizar y comprar corridas de trenes que conectan al viejo continente. Escogí mi viaje, pagué y en una hora ya estaba en la estación del barrio en el que me hospedaría.

La chica que me alojó en su departamento me sugirió comprar un chip para móvil de alguna compañía europea,  con el objetivo de no quedarme incomunicado y conectarme siempre que lo necesitara a las redes públicas de las ciudades. Además, después de recomendarme los atractivos turísticos de la ciudad, me aconsejó descargar Roadtrippers, una app que sirve para ubicar las atracciones turísticas de las ciudades y que da sugerencias sobre sitios de interés turístico.

Así que después de una siesta fallida con el fin de recuperarme del jet lag, inicié mi recorrido en las calles de la urbe. Minutos más tarde de mi caminata mi estómago exigió ser alimentado. ¿Qué comer?, ¿en dónde? La respuesta a esas preguntas fue Yelp, una de las aplicaciones más famosas a nivel mundial que sugiere restaurantes y bares, además muestra la oferta culinaria de la zona donde te encuentras.

De regreso decidí pasar a un mercado local, ya que la chica que me rentó la habitación me recomendó comprar algo de carne para cocinar en su departamento. El problema fue que la vendedora no sabía español, ni inglés, y yo no sabía cómo preguntarle en su idioma el precio de lo que buscaba. Abrí Google Translate y listo. Opté por regresar a casa en Uber, sin embargo, me arrepentí cuando vi la tarifa, ya que en Europa los viajes son más caros que en México –incluso se triplica–, pero el jet lag me impedía pensar en regresar caminando o en Metro.

El día siguiente utilicé de nuevo Roadtrippers con el propósito de conocer más lugares en la ciudad. Además de las sugerencias de la aplicación, pregunté a los residentes qué me aconsejaban para conocer más allá de los sitios comunes.

Al no ser lugares tan populares para los turistas, el transporte público se complicaba un poco: sube al Metro en tal estación con dirección a cierto lugar, una vez ahí toma el tranvía y luego camina tres calles y das vuelta a tu derecha hasta pasar por una panadería. ¿Cómo hacerlo si es mi primera vez aquí? A pesar de que ya contaba con Google Maps, utilicé Maps.Me, una aplicación similar pero un poco más detallada: aparecen caminos, senderos y callejones que te facilitan el traslado de un lugar a otro.

Días después decidí conocer otra ciudad y luego otra. Antes de llegar a cada una primero resolvía lo primordial: el hospedaje. Además de Airbnb, utilicé TripAdvisor, donde pude reservar algunos hoteles. A veces combinaba esa opción con CouchSurfing, una app que funciona como un intercambio cultural entre el hoster y el huésped. Es decir, alguien te aloja en su casa pero además te comparte experiencias sobre el lugar, te sugiere lugares y te muestra parte de sus usos y costumbres. La aplicación también permite que tú te conviertas en hoster en tu país.

Una vez resulto el lugar donde dormir para no pasar la noche en el aeropuerto, el siguiente reto era el traslado entre ciudades. Dos app me resultaron bastante eficientes. Por un lado EasyJet, quizá la aerolínea más barata en toda Europa con bastante oferta de vuelos, que es recomendable si quieres llegar rápido de una ciudad a otra. La otra fue Flixbus, una red de autobuses de bajo costo que te conectan a través de varias urbes; esa la usé con la finalidad de viajar de noche y dormir en el autobús con el propósito de  ahorrarme noches de hotel.

Fue así cómo utilicé estas 11 aplicaciones una y otra vez para conocer nueve ciudades europeas de cuatro países durante 15 días. Moraleja: si bien las app pueden resolver muchas situaciones durante tus vacaciones, trata de planear con anticipación tu itinerario para que no pierdas tiempo en el celular bajando aplicaciones mientras puedes disfrutar de los hermosos paisajes, la diversidad cultural, la arquitectura y la riqueza histórica europea.

Para mejorar tu experiencia de viaje:

  • Siempre lleva contigo una copia de tu pasaporte.
  • Compra sólo un chip y comparte los datos celulares si viajas con alguien más.
  • Ten a la mano una batería con qué cargar tu celular.
  • Guarda los datos de las embajadas mexicanas.
  • Pregunta qué se puede hacer y qué no en cada lugar que visites.
  • Avisar a tu banco que utilizarás tus tarjetas en el extranjero.
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