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Nación

Los kidults y sus amores de colección

La nostalgia por el pasado, el poder obtener cosas a las que no tenía acceso de pequeño y sentir que, de alguna manera, así se mantiene cerca de su padre, son algunas razones de Luis para seguir comprando juguetes a sus 25 años, una tendencia que en Estados Unidos se conoce como kidults

POR Revista Cambio Fecha: Hace 2 months
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Texto y fotos ABIGAIL GÓMEZ

El primer gran juguete de Luis, ese con el que nació su amor por estos peculiares objetos, fue un Tyrannosaurus rex de los productos originales de la película Jurassic Park. El dinosaurio a escala podía tragarse a otros juguetes mediante un orificio en su boca, y luego podías recuperarlos gracias a un agujero en su estómago. Por si eso no fuera poco, emitía poderosos rugidos, justo como lo hacía el dinosaurio de la cinta. Luis aún conserva ese T-Rex tan especial en uno de los muebles de su cuarto, el mismo lugar donde comparte espacio con, aproximadamente, otros 300 juguetes.

“A mí me nació el amor por los juguetes después de recibir ese gran regalo, pero también gracias a mi papá. Mi mamá era de darnos ropa, mi papá siempre fue de comprarnos juguetes porque a él también le gustaban mucho. Recuerdo que los compraba y yo se los robaba y me ponía a jugar con ellos y luego él se enojaba porque se los destruía”, cuenta divertido, y explica emocionado por qué destina gran parte de su dinero, a pesar de sus 25 años, en comprar objetos elaborados para niños.

Su colección incluye un Halcón Milenario de Star Wars que le regaló su novia, varias decenas de legos, superhéroes articulados, figuras de colección, dinosaurios, unas figuras llamadas Amiibo que se pueden conectar a los videojuegos, algunas figuras de colección llamadas Nendoroid y un robot R2 D2 a escala, también de Star Wars; ese es el juguete más caro de su colección, pagó más de 3 000 pesos por él.

“Lo que me encanta de los juguetes es esa posibilidad que te dan de crear escenarios, de poder construir los mundos que tengo en mi mente, de poder crear todo lo que mi imaginación me dice. Unos de mis juguetes favoritos son los legos porque son quizá los que mejor permiten lograr ese objetivo, con ellos puedes crear todo tipo de escenarios, con las distintas piezas puedes construir mundos increíbles”, asegura.

¿Qué motiva a un adulto a comprar un juguete por encima de otro tipo de cosas? En Estados Unidos han bautizado esta tendencia con el nombre de kidults, del inglés kid (niño) y adult (adulto), y se les llama así a personas de veinte años en adelante, con poder adquisitivo, sin grandes responsabilidades económicas, que deciden invertir una parte importante de su sueldo en comprar no ropa, no sexo y no lujos, sino juguetes. Algunos psicólogos también identifican a estas personas bajo el calificativo del síndrome de Peter Pan, ese que describe un estado del adulto que se niega a crecer y asumir el rol que le toca de acuerdo con su edad.

En el caso de Luis, son varias las razones por las que prefiere este a otro tipo de pasatiempo: la nostalgia por el pasado, el poder obtener cosas a las que no tenía acceso de pequeño y sentir que, de alguna manera, así se mantiene cerca de su padre. Y es que uno de sus juguetes favoritos son los famosos Funko Pop, pequeñas versiones a escala de todos los personajes que uno se pudiera imaginar (desde superhéroes hasta cantantes de rock) caracterizados por su pequeños y redondos ojos negros. Luis tiene más de 70 de esos, la mayoría de personajes clásicos del cine de terror como Freddy Krueger, la niña de El exorcista, Hannibal Lecter y las dos versiones de Pennywise, entre muchos otros.

“Mi papá era un gran fan de las películas de terror y yo también lo soy. Me acuerdo escuchar en mi otra casa, desde mi cuarto, el sonido de la película de El exorcista porque mi papá se ponía a verla y en ese momento yo sentía miedo pero después crecí y heredé ese gusto. Quizá el coleccionar estos juguetes es una forma de crear un lazo con mi padre y también existe ese deseo de estirar tu infancia tanto como sea posible, o de no dejarla morir del todo”, explica.

El juego como deseo

Para Ismael el asunto es similar, se trata de poder tener esas cosas a las que quizá de chico no pudo acceder, pero también de no dejar de lado una infancia feliz. Ismael tiene 30 años y es el tercero de once hermanos. El que fueran muchos quizá lo privó de algunos juguetes, aunque no de increíbles momentos de diversión. Ahora que es un adulto, y que es dueño de su dinero, decide compra los juguetes que siempre hubiera querido tener y los mezcla con algunos que rescató de su niñez.

“A mí me pasa que prefiero gastar en cosas que me gustan que en cosas que me sirven; por ejemplo, yo casi no gasto en ropa, a mí me gustan las cosas, ni siquiera soy mucho de experiencias, no soy de viajar o salir, a mí me gusta más tener cosas bonitas, libros, videojuegos, juguetes, cosas que se ven bien y con las que puedes viajar no de forma física pero sí mental. Cuando estoy cansado, llego a mi casa y veo mis juguetes me siento bien”, asegura.

“Sí tiene que ver un poco con la abundancia que da la soltería. Mi consumo se va a detener porque ya voy a ser papá y tu salario ya no es para comprar juguetes sino pañales, aunque al mismo tiempo lo primero que hice cuando me enteré fue comprarle algo. Me da mucha ilusión saber qué comprarle porque tengo mucha experiencia comprando y sé qué es lo mejor, cómo compralo y cuánto pagar. Me da ilusión no sólo comprar juguetes sino volver a jugar porque cuando creces se pierde el juego, pero nunca el deseo de jugar”, comenta ilusionado.

Paraíso de juguetes

La investigación para este tema me lleva a un famoso tianguis de juguete en el centro de la ciudad al que llaman Cómic Rock. Los sábados, afuera del metro Hidalgo, al compás de alguna banda de rock, decenas de puestos invaden la acera a fin de poner a disposición de los clientes juguetes de todos tipos y tamaños. Y a pesar de que está lleno de juguetes, en este tianguis los únicos niños visibles son los pocos que acompañan a su papás, los verdaderos compradores.

Aquí vende Raúl Flores desde hace cuatro años. En su puesto tiene figuras de acción de colección y muchos otros juguetes pequeños de segundo uso que otras personas le venden; juguetes viejos que estuvieron guardados durante años y que salen a la luz hasta que alguien los rescata del olvido. Para Raúl, el asunto de la compra de juguetes es una cuestión de género, pues asegura que son los hombres quienes compran en mayor medida; son ellos quienes vienen en busca de algún nuevo objeto para su colección.

“Aquí principalmente los que compran son hombres, creo que las mujeres no tanto porque procuran gastar el dinero en otras cosas, como comida o ropa. Aquí pasa mucho, o me ha tocado, que vienen los señores y me dicen ‘no le digas a mi esposa que te compre o si te pregunta le dices que me lo diste más barato’, y lo que pasa es que esto de comprar juguetes se vuelve un vicio. Yo empecé cuando tenía 14 años porque mi papá me los compraba y me gustaba mucho tener mis juguetes, pero sí sé que se hace vicio y luego no puedes parar de comprar. Aquí hay gente que viene hasta con 15 000 pesos y todos se los gastan”, platica.

La cantidad que nos cuenta Raúl sobre lo que alguien puede llegar a gastar en ese tianguis se queda corta junto a los 800 000 pesos que Javier cuenta que vendió una vez a un chico de Sinaloa. Javier tiene un puesto en otra de las zonas preferidas donde compran los kidults, está sobre Eje Central, a la altura de la latino, y es conocida como la Friki Plaza. En los pasillos de este establecimiento, Javier, quien tiene un puesto de Funko Pop, me platica que ha vendido desde 200 hasta casi un millón de pesos, es decir, lo que pagó un chico por la saga completa de los Caballeros del zodiaco.

Crecer tarde

Luis platica las experiencias con sus juguetes mientras muestra emocionado su enorme colección. Es un joven inteligente, de fácil palabra, que explica sin reparos lo que quizá un sociólogo especialista habría dicho sobre este peculiar fenómeno, y parece dar en el punto. “Yo creo que una de las razones de que esto pase es que nuestros padres fueron criados por baby boomers y ellos tenían una idea muy clara de cómo debía ser la vida: sus hijos debían vivir la niñez y luego la adolescencia, pero inmediatamente después debían crecer y ser adultos responsables con trabajos y familia. Con nosotros no pasó eso, a nosotros nos protegieron más y por eso hemos crecido más lento, eso quizá puede influir en que sigamos adquiriendo cosas que nos remitan a nuestra infancia. Una vez en el trabajo salió una plática sobre en qué gastamos nuestro dinero, me entristeció que muchos dijeron que en sexo. Tal vez parezca tonto gastar tanto en un muñeco pero yo prefiero esto, prefiero mantener y rescatar cierta inocencia”, expresa.

El primer juguete que Luis compró con su dinero fue una figura de colección de Allien. Le acababan de pagar en su primer trabajo y le había ido bien. En ese entonces no tenía responsabilidades de gastos, y aunque la figura de colección costaba más de mil pesos y su novia le decía que no lo comprará, decidió llevárselo a casa. Hoy ese muñeco adorna su recamara y se siente tan orgulloso de él como de todos sus demás compañeros de juego.

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