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Burdeles robóticos

Los robots serían una buena forma de sustituir a las trabajadoras sexuales humanas
26 de Diciembre 2016
robot sexual
robot sexual

¿Recuerda cuando era pequeño y jugaba con su muñeco favorito? Uno le ponía un nombre y se imaginaba una voz, y se la vivía cargando a ese juguete para todos lados, fantaseando con que vivía toda clase de aventuras.

Pues más pronto de lo que se imagina, la humanidad adulta podría volver a darle rienda suelta a su imaginación, sólo que esta vez los juguetes serán sexuales. Les llamo juguetes porque en ese rubro surgieron, aunque en realidad debería decir robots.

Como ya usted sabe, la industria de la tecnología para adultos avanza a un paso acelerado e invierte millones de dólares en desarrollar dispositivos que darán placer sexual a sus usuarios, sabiendo que cada centavo será no sólo retribuido, sino multiplicado.

Si lo pensamos bien, ¿quién con un poco de curiosidad en el cuerpo no querría experimentar sensaciones nuevas? Por supuesto, estoy pensando en aquellas personas que no le confieren al sexo ningún halo de comunión espiritual, porque en ese caso sonaría absurda la sola idea de copular con una máquina.

Habría que aceptar que si hemos dejado entrar a la tecnología a tantas áreas de nuestra vida —como la cocina, la salud y el trabajo—, era sólo cuestión de tiempo para que estos conocimientos se aplicaran al rubro del placer sexual.

Tanto es así que en el Reino Unido ya se está especulando sobre la apertura de “burdeles robóticos”, es decir, establecimientos a los que las personas irían a tener sexo con robots. Básicamente, hablamos de clientes hombres y máquinas que asemejan mujeres, pues esto de la diversidad o siquiera la equidad de género no ha tocado a la industria todavía.

Los robots serían una buena forma de sustituir a las trabajadoras sexuales humanas, dijo John Danaher, catedrático de leyes en la Universidad Nacional de Irlanda Galway (NIU Galway), en declaraciones al diario Daily Star. El académico, quien se ha dedicado a estudiar temas como el mejoramiento tecnológico del cuerpo humano y la inteligencia artificial, declaró que los robots pueden ser eficientes proveedores para aquellas personas con deseos de variedad sexual, o bien ahorrarles la sensación de fracaso sexual (por ejemplo, cuando alguien sale a ligar y no lo consigue).

Aquí llegamos al punto donde estas tecnologías ya no son tan juguetes y se convierten en otra cosa que no conocemos hasta ahora; algo que sólo hemos visto en las películas de ciencia ficción. “La tecnología puede ser cada vez mejor en desarrollar vínculos emocionales con sus clientes”, dice Danaher al referirse a estos autómatas. “Ellas (las robots) no necesitarán fingir que gozan, como sí lo hacen las trabajadoras del sexo”. Esto es, dichas máquinas pueden ser programadas para imitar cualquier sentimiento humano, por lo que simplemente estarán reproduciendo un patrón que parecerá goce (o, a veces, sufrimiento, como quizás preferirán algunos clientes, uno nunca sabe).

Y entonces llegamos a los dilemas éticos del asunto. ¿Será posible mantener la consciencia de que se está copulando con un robot cuando dichos aparatos son cada vez más parecidos a seres humanos? ¿Trastocará esto la forma de tratar a otros humanos una vez que el cliente haya dejado el “tecno-burdel”? ¿Servirían estas tecnologías, como tanto se ha dicho, para canalizar todo tipo de impulsos sexuales que, de otra manera, estallarían a manera de delitos?

Periodista especializada en salud sexual / [email protected]

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