Cultura

¿Dónde jugarán las niñas?

Una máxima de mi infancia entre los pequeños que queríamos ser futbolistas era: ‘jugar al futbol y que además te paguen es lo mejor que te puede pasar en la vida’. Con ese sueño, crecimos millones de niños. ¿Y las niñas que quieren ser como Messi, qué opciones tienen? Nelly es una de ellas

por Revista Cambio

27 de Mayo 2018

Foto Revista Cambio

POR ROGER VELA

Un hombre de 1.70 metros de altura, piel clara y pelo largo, espera impaciente un regalo. Pasan dos, tres, cuatro segundos hasta que por fin se lo dan. Es un balón. Lo recibe con la pierna derecha. Un sujeto le quiere robar el obsequio. No se deja, y escapa con la pelota. Empieza una persecución. Llega otro hombre, luego otro y otro más. Ya son cuatro los hombres que ha dejado atrás; corre, respira, corre. Corre como una liebre perseguida por perros cazadores. No lo alcanzan. Todos anhelan quitarle el preciado objeto que rueda entre sus pies. Llega un quinto hombre, se abalanza sobre él, pero no puede detener a esta locomotora humana que ha recorrido más de 50 metros en 12 segundos. Uno más se tira con las piernas por delante con el propósito de impedir el objetivo final. No lo consigue. ¡Goool! Lionel Messi acaba de marcar uno de los mejores goles en la historia del futbol.

Es por ese tipo de jugadas que miles de niños en todo el planeta admiran al delantero del Barcelona, nacido en Rosario, Argentina. Es común ver a los chicos jugando futbol en la calle en barrios de Latinoamérica, Europa, Asia y África con una playera tatuada con un 10 en la espalda, y arriba las cinco letras de su apellido. Para ellos es un “D10S”. Sueñan con ser como él algún día, ganar un torneo con algún club o, por qué no, la Champions League; es más, la Copa del Mundo.

Una máxima de mi infancia entre los pequeños que queríamos ser futbolistas era: “jugar al futbol y que además te paguen es lo mejor que te puede pasar en la vida”. Con ese sueño, crecimos millones de niños. ¿Y las niñas que quieren ser como Messi, qué opciones tienen? Nelly es una de ellas.

SIN REFLECTORES

Entre Barcelona y Ecatepec hay 9 500 kilómetros de distancia. Lejos de los reflectores que atrae el Camp Nou, una de las sedes del mejor futbol del mundo, esta niña de 12 años que cursa sexto de primaria juega el deporte que ama en una cancha que cambió el pasto por el concreto y las gradas por las rejas que le impiden salir al balón. Aún no sabe a qué quiere dedicarse cuando sea grande, pero le agrada mucho la idea de dedicar su vida al futbol.

Nelly juega los martes, y a veces también los miércoles, los sábados y los domingos. Juega en un equipo de mujeres mayores que ella; algunas doblan su edad, tienen hijos y la superan en peso. Es quizá la chica más joven de la liga, pero eso no le impide pelear cada balón, aunque se arriesgue a un golpe de las mujeres más corpulentas. Prefiere el drible y el toque de balón sobre el choque directo. Es delantera.

Inició jugando en un equipo mixto a los nueve años, con chicos de su edad, no obstante, como era la única niña del grupo no la tomaban en cuenta a la hora de recibir los pases. Los niños la invisibilizaron. No era un bullying directo; desconfiaban de ella por su condición de mujer. Creían que si le pasaban el balón lo iba a perder o se iba a lastimar. Los chicos de otros equipo le llegaban con más fuerza que a otros oponentes para tratar de asustarla. Ella se incomodaba, y resistía. Así durante seis meses. Medio año de lidiar con ser invisible o ser un saco de box.

Por ello, su mamá le propuso jugar en su equipo. No sería con niñas de su edad, sin embargo, al menos todas serían mujeres. “Ya trae a tu hija a jugar con nosotras, acá la cuidamos”, le decían a su madre las amigas de su club. Así fue como Nelly decidió alinear arropada por su mamá y por sus nuevas compañeras.

—¿Cerca de tu casa hay ligas exclusivas para niñas? –le pregunto a su mamá.

—No. Sólo hay ligas para niños divididos de acuerdo a su edad. Pero si una niña quiere jugar con puras chicas debe hacerlo con mujeres más grandes que ella.

La falta de canchas exclusivas para niñas es común en la Ciudad de México y sus alrededores. Casi todos los espacios son ocupados por varones, lo que deja a las niñas de la capital y su zona metropolitana con muy pocas opciones. Parece que en México el futbol, en el mal sentido del término, sí “es un juego de hombres”.

—Quiero inscribir a mi hija a una escuela de futbol femenil, pero no hay muchas por el norte de la ciudad. Yo trabajo y se me complicaría bastante llevarla y traerla varios días a la semana. Aunque si ella quiere, podemos hacer un esfuerzo. Tiene potencial.

—¿Qué crees que se necesite para que las niñas que quieren dedicarse al futbol lo hagan plenamente?

—Falta más empuje y apoyo al futbol femenil. Se necesitan más equipos de mujeres, pero sobre todo que sean divisiones de acuerdo a su edad.

LAS ALTERNATIVAS

Si alguien busca en Google “escuelas femeniles futbol CDMX”, o algo parecido, es casi imposible que encuentre una variedad de opciones dónde inscribir a una niña. Y es que una cosa son las ligas donde pueden jugar las mujeres y otras las escuelas que preparan futbolistas. afortunadamente, aunque son pocas, las hay. Está, por ejemplo, la Femac Soccer School, al sur de la ciudad, diseñada para niñas de entre 3 y 16 años. También la escuela deportiva Fluminense, cerca de la Alberca Olímpica, donde juegan chicas de entre 15 y 16 años.

Además, está la liga Futbol 7 Premier en la delegación Benito Juárez, a la altura de Municipio Libre. También existe el Centro de Formación Pachuca Aragón que, a pesar de contar con equipos varoniles, también tienen equipos femeniles de varias categorías y se localiza al norte de la CDMX, en la delegación Gustavo A Madero.

Asimismo, varios clubes profesionales han abierto ligas filiales de sus equipos, en ellas han incluido divisiones femeniles, no sólo en la Ciudad de México, sino en otras ciudades del país. Incluso, el año pasado cuando se formó la primera liga profesional de futbol femenil, varios equipos lanzaron una convocatoria para que las interesadas en formar parte de ellos hicieran pruebas de admisión, priorizando a las menores de 23 años.

Una opción más, quizá la más conocida, es la escuela de futbol femenil Andrea´s Soccer; si bien durante muchos años se ubicó al norte de la ciudad, desde hace algún tiempo se localiza sobre la calzada Acoxpa, dentro de las instalaciones del Colegio México Bachillerato, a unas cuadras del Estadio Azteca.

Ahí entrenó durante cinco años Ana Karen López, defensa central del equipo femenil de Pumas. Hoy es una jugadora profesional y una de las mujeres que, con la apertura de la Liga MX Femenil, forma parte de la primera generación de mexicanas profesionales del futbol.

Pero la número 7 de Pumas –de la misma forma que Nelly– comenzó hace más de una década jugando con niños, debido a la falta de escuelas exclusivas para mujeres. Era la única niña de su liga. En su escuela, los niños no la dejaban jugar por ser mujer, y cuando se lo permitían, le llegaban más fuerte con el objetivo de intimidarla.

En las canchas cercanas a su casa era difícil que otros chicos aceptaran jugar con ella porque “la podían lastimar”. Sus tíos recomendaban a sus papás sacarla del futbol por el “riesgo” de que se volviera lesbiana. Sufrió ataques, siendo púber, cuando iba a sus entrenamientos por hombres que la tocaron o acosaron verbalmente por llevar short y su uniforme deportivo.

—¿Por qué no decidiste, a esa edad, abandonar un deporte tan hostil para las mujeres:  falta de espacios, ataques de los hombres, prejuicios familiares?

—Había días que llegaba llorando a mi casa. Pero mis padres hablaron mucho conmigo y siempre me mostraron su apoyo. Eso formó mi carácter para convertirme en profesional.

—¿Falta apoyo para las niñas que quieren ser futbolistas?

—Pese a que hay escuelas para chicas, faltan muchos espacios, más filiales femeniles de los equipos. En Brasil, por ejemplo, organizan campamentos de futbol para niñas. Acá hace falta eso. También mucho apoyo familiar. Todavía hay niñas que no las dejan ir a jugar porque sus madres dicen que es un deporte para hombres.

ESPERANZA Y FUTURO

Nelly le va a los Pumas y le gusta tanto el futbol que cuando se enferma, a diferencia de muchos niños, pide inyecciones con la finalidad de recuperarse pronto y no perderse un partido. Sus goles son constantes para su equipo y ayudaron bastante para que obtuvieran el subcampeonato este año. Consiguieron un trofeo de casi un metro de alto que sostiene a un futbolista plateado sobre una columna.

—¿Cómo festejas los goles que metes?

—En silencio. Casi no me gusta reflejar lo que siento.

—En eso te pareces a Messi.

—Yo creo que sí.

Nelly no sólo juega en el equipo de su mamá, a veces, en sus ratos libres, va a una cancha que está cerca de su casa a jugar con su familia. Sueña con entrenar en una escuela femenil de futbol y no piensa dejar ese deporte pronto; planea combinarlo con la escuela durante varios años más.

Poco a poco, en México, cada vez más niñas quieren dedicarse al futbol. Ahora pueden jugar profesionalmente. Quizá la demanda de espacios formativos para ellas aumente la oferta de canchas en las distintas zonas de la ciudad y del país.

Tal vez, en unos años, los referentes deportivos para las niñas dejen de ser los hombres consagrados en el juego más popular del mundo, y se multipliquen los apellidos y apodos de mujeres en las playeras de niños y niñas alrededor del planeta, a fin de que más temprano que tarde, podamos decir con orgullo: “el futbol es [también] para mujeres”.

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