Caminar más por la Ciudad

De algo estoy seguro, no soy una persona que tenga propósitos al inicio del año, pero también estoy muy consciente de que cada día gasto más en Uber. Mi cartera me lo pide y ese será mi objetivo para 2019... ¿lo lograré?

30 de Diciembre 2018

Foto Revista Cambio

Nunca he sido de esas personas [probablemente de bien] que tienen una lista de propósitos de año. No sé, se me hace un poco forzado. Soy en todo caso del tipo que va haciendo su año como le salga; al trote. Y quizás es la gran razón por la cual muchísimos aspectos de mi vida terminan casi en un desastre; pero todo bien.

¿Por qué necesitamos regirnos por propósitos cada vez que termina el año? Está documentado que el ser humano es una especie que se siente mucho más atraída por las cosas cuadraditas, ordenaditas. Necesitamos tener cierto orden que pueda encaminarnos y así no perdernos. Pero ¿realmente alguien toma en serio sus propósitos o, más adentro aun, los cumple?

Ya con 29 años tal vez estoy llegando a un lugar bien raro en mi vida, entonces qué más queda: trataré de ser una mejor persona en el 2019. Si me pongo a pensar rápido, creo que de lo más culpable que me siento con respecto a mi estilo de vida es el uso innecesario de Ubers.

Hace un tiempo atrás, escribí un texto sobre mis gastos mensuales. Sin saberlo, estaba gastando casi 2 000 pesos al mes en Ubers –no te das cuenta, son gastos pequeños que haces casi a diario y poco a poco se convierten en una montaña que termina siendo un gran gasto.

Hay personas en México que ganan menos de 2 000 pesos al mes, y yo, una persona sana, con buen estado físico, de 29 años, prefiero gastar esa cantidad de dinero que caminar o tomar el Metrobús.

Me gustan las cosas fáciles desde siempre, aunque sé que la mejor manera de conocer una ciudad (sobre todo para alguien que es extranjero como yo) es caminándola o montado en el transporte público.

En Venezuela, mi país de origen, el transporte público es una real mierda; poca gente lo usa; es absurdamente peligroso y de mala calidad, por eso me acostumbré a vivir en taxis o en mi auto.

En la Ciudad de México me parece una terrible idea tener un auto: la gasolina es carísima, los parquímetros también. Además, puedes perder medio día atorado en el tráfico y no hay nada que ponga más de mal humor a cualquier persona que eso. Por suerte no trabajo en las afueras de la ciudad, entonces la opción de vivir sin auto es la correcta y necesaria para mí.

De las cosas que más quiero en el 2019 es cambiar esto. Si hago cuentas, son alrededor de 24 000 pesos que gasto en Uber. No estaría nada mal guardar ese dinero y tener algún tipo de ahorro a mi nombre. Además, de a ratos siento que no conozco la ciudad como debería; me pierdo fácilmente y esto es culpa de vivir metido en un Uber. Y si me pongo a pensar en cómo ayudaría al ambiente usar bicicletas, monopatines o caminar, pues hasta tiene todo más sentido.

Hace varios días tuve una gran experiencia al probar los monopatines verdes que circulan en toda la ciudad. Me encantaron, dan una sensación de libertad y diversión que no recordaba. La última vez que la sentí fue de chico, entonces cualquier cosa que me recuerde esos momentos vale la pena. Quizás estaría mejor que fuesen más baratos, pero apenas van saliendo al mercado e imagino que esto tiene que ver.

Sí, hay momentos en los que es necesario un Uber. Hay situaciones que se entienden. Recientemente me he sentido mal de tanto que lo uso. Ya es como una droga bastante difícil de dejar. Soy una persona que pasa mucho más tiempo ensimismado que ocupado en lo que ocurre a su alrededor. Soy así desde siempre, y es difícil que cambie en estos momentos, aunque creo que no hay una mejor y ni más precisa manera de mejorar la ciudad que me acogió y me ha dado una gran calidad de vida que disminuir mi uso de Uber; caminar más, tomar el Metrobús; andar en bicicleta.

Nunca antes había sentido la necesidad de hacer esto, pero si mi cuenta bancaria me lo pide ya, es porque algo estoy haciendo muy mal. Ojalá en el 2019 vuelva a escribir un texto parecido a este en el que diga que, por fin, logré eliminar mi relación tóxica con Uber, o al menos reducirla progresivamente. De a ratos, lo comparo con la Coca Cola: dejé de tomarla hace 6 meses y me costó un montón. La solución fue hacerlo poco a poco, progresivamente, sustituyéndola con agua con gas, para así “engañar” a mi cuerpo, o algo por el estilo. Y bueno, si pude con la bebida carbonatada más adictiva del planeta, probablemente podré ganarle a los Ubers. Les digo el año que viene.

Diego escribe para pagar su renta. Ha escrito para VICE, Noisey, Rolling Stone, Equire, Cosmopolitan, Buzzfeed, CAMBIO, Flaunt Magazine, Sin Embargo, Excelsior y más medios que no recuerda por su terrible memoria.

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