Realidad Virtual: Una dimensión para soñar

Steven Spielberg no está tan equivocado en cómo plantea el futuro: los pies en la tierra y los ojos clavados en un visor que teletransporta a otras dimensiones

04 de Noviembre 2018

Foto Revista Cambio

POR GIOVANNA FRANZONI

Recuerdo, como si fuera ayer, la primera vez que vi el prototipo de un auto volador en una revista Selecciones a finales de los 90. Era una ilustración de un carro color metal con puertas que abrían hacia arriba y tenía un par de alas a los costados.

Cada una de sus partes estaba señalada con una flecha a la que le seguía una breve descripción que indicaba que este sería el carro del futuro, ese que yo manejaría cuando fuera grande, cuando tuviera mi licencia de conducir.

Llegó entonces el día de cumplir 16 años, pero los carros seguían sin tener alas. Esa tecnología futurista se reducía a un puerto USB en el tablero y la capacidad de conectar tu celular vía bluetooth con el fin de escuchar música –decepcionante para esa niña que soñaba con recorrer la ciudad como lo hace Jeff Bridges en Tron: Legacy.

Lo que yo no sabía es que esos autos voladores que tanto soñaba manejar no necesariamente eran parte de esta dimensión, y más bien se estaban cocinando en otro lado, en una realidad aumentada a la que se podía llegar con lentes de VR.

Porque si bien implica grandes logros que a través de los avances en tecnología los seres humanos algún día lleguemos a Marte, resulta irreal e increíble que con todo y los pies en la Tierra podamos viajar para visitar a extraterrestres o nadar en lo más profundo del mar.

Y aunque la realidad virtual no es un invento actual –comenzó a desarrollarse durante la Segunda Guerra Mundial dentro de las bases militares, donde buscaban desesperadamente un dispositivo que permitiera crear simuladores con el propósito de entrenar con mayor eficiencia a los pilotos y soldados–, no fue hasta hace menos de una década que comenzó a permearse en la cotidianidad.

Esto se debió a que, por un lado, los visores para sumergirse en esos nuevos espacios virtuales eran inaccesibles por sus elevados costos y, por el otro, los desarrolladores de esta nueva tecnología se enfrentaban a un gran reto que aún no termina de resolverse del todo: cómo hilar y hacer funcionar una narrativa que no es comparable con ninguna otra.

Pues así como nunca podrá equipararse el sumergirse en las páginas de un libro con ver un largometraje que cuente la misma historia, la realidad virtual tiene tantas posibilidades dentro de su propia narrativa que no han sido exploradas totalmente; son terrenos que apenas están sondeando los diseñadores de estos nuevos mundos.

Aun así, los avances son impresionantes y el uso del VR tiene un sinfín de posibilidades. Ya hay realidad aumentada para distraer a los pacientes durante operaciones en Japón, hay parques temáticos en Dubai en dimensión 7D que logran engañar al ojo a tal grado, que es posible ver a una ballena azul dando un espectáculo dentro de una cancha de basquetbol.

Hay, incluso, desarrolladores que plantean usar el VR con el objetivo de alienar a los niños en los salones de clase y así generar en ellos un aprendizaje mucho más interactivo sin factores externos que los distraigan.

El futuro entonces no son los carros voladores, el futuro son los lentes. Visores que te llevan a otra dimensión, que te teletransportan, que te acercan a esa Matrix en donde, como a Neo, poco a poco se nos va desdibujar esa línea que separa lo real de lo digital; de lo que se construye a través de plataformas virtuales.

Estamos frente a la conquista de nuevos mundos, los cuales además ya pueden ser explorados en parques temáticos con el Inspirapark, un espacio dedicado al VR que le hubiera encantado a esa niña de ocho años que soñaba con volar. Son experiencias como estas en las que se puede dimensionar hacia dónde apunta el mañana del entretenimiento, formas de convivencia y espacios habitables para los humanos.

Me imagino entonces a mis sobrinos mientras disfrutan un festival de música desde el sillón de su casa con los visores bien puestos, o a mi mamá comprando la despensa desde su cocina gracias a una tienda en VR. Esos lentes de realidad aumentada van a ser parte de nuestro día a día, como Google se convirtió en el oráculo habitual de gran parte de la población mundial o Facebook en una red indispensable para conectar tu negocio o tu vida personal.

Tal vez el camino a recorrer con el fin de que la realidad virtual sea un must en la casa de cualquier familia –como pasa con las consolas de videojuegos– todavía es largo, pero gracias a estos parques de realidad virtual, diseñados con el propósito de teletransportarte a un concierto de luces de colores o a una dimensión donde no hay principio o fin, este tipo de tecnología ya es tangible.

Por eso estos parques de realidad virtual son disfrutables para quienes soñamos con echarle un vistazo al futuro, y necesario para las nuevas generaciones, que serán dueñas de esos mundos, terminarán de diseñarlos y dominarán su lenguaje.

Con esto en mente, en vez de pasar la tarde del sábado hurgando en Youtube y mandando memes por WhatsApp, mejor busca experiencias en realidad virtual que te saquen un rato de aquí. Es buena idea explorar esas dimensiones a las que no tarda en migrar el planeta, igualito a como pasó con el Internet. No digas que no te lo advertimos.

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