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Opinión
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Rodada 2.0

¿Al cuerpo lo que pida?

POR Elizabeth Santana Fecha: Hace 3 weeks
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¿Recuerdas la primera vez que probaste la comida callejera?, ¿qué comiste? Me esforcé en tratar de recordar cuál fue mi primera comida callejera, y la verdad es que a mi mente vienen varios recuerdos; todos me remontan a los fines de semana en mi infancia y con mi familia: los coches que vendían sándwiches de helado, el señor de las manzanas caramelizadas, la señora de los dulces típicos mexicanos, el chico que hacía sonar un triangulito de acero con el fin de vender unas galletas redondas y gigantes o el señor de los elotes que, junto a su familia y en un camión de redilas, también vendían esquites.

Me cuesta mucho trabajo escribir sobre la comida callejera porque, si bien la como, me esfuerzo en hacerlo lo menos posible, digamos que prefiero defender la comida corrida en pos de un consumo del plato del buen comer (para compensar lo que en casa no cocino); sin embargo, estoy consciente de que es un tema delicado que también apela a la economía. Asimismo es un asunto de limpieza y de impuestos: vivo en el Centro Histórico y he visto cómo infinidad de locales que invierten no logran competir, por obvia desventaja, con los puestos irregulares.

Aunque se puede decir que me muerdo la lengua cuando compro algún elote, esquites o tacos de canasta, estos últimos tan reconocidos por viajar en una bicicleta, me atrevería a decir que son una postal emblemática de nuestra ciudad –me voy enterando, gracias a un internauta, que la mayoría de estos taquitos provienen de San Vicente Xiloxochitla, en Tlaxcala, donde incluso en honor al santo, se hace una caravana de taqueros de canasta con su respectiva bici.

La posición geográfica de México es privilegiada, y nuestra gastronomía es infinitamente rica, por ello es Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco). Aunque en cuanto a la comida callejera existan distintos dilemas, para mi amiga Mónica que es nutrióloga, está claro que estos alimentos responden a una necesidad, son baratos e inmediatos, sin embargo, reconoce que muchas son lo primero que ingerimos porque no tenemos el hábito de desayunar, y estos alimentos son los que más azúcar, grasa, masa y sodio tienen.

El punto es que si consumimos comida callejera y no hacemos ejercicio, se detonan enfermedades crónicas, como la obesidad, diabetes e hipertensión, que encima, si no son bien controladas, absorben el presupuesto gubernamental para la salud. No obstante, en el caso de quienes pedaleamos las cosas son distintas, siempre y cuando preveamos un balance energético, porque lo que comemos lo gastamos al realizar actividad física; pero si nos excedemos en grasa y azúcar sí hay probabilidad de que se acumule; se trata de un tema de autocuidado, según Mónica.

En resumen: no es bueno o malo, sino cuestión de cantidad y del número de ocasiones que la consumamos, y es por ello que junto a la comida corrida o ensaladas, otras opciones callejeras buena onda podrían ser tacos de guisado y alimentos sin capear, quesadillas de comal (no fritas), tlacoyos, alimentos sin empanizar –acompañados de agua o té, en vez de refresco–. Es decir, debemos aprender a elegir algo distinto que no vaya en detrimento de nuestra salud.

El poder de elección también está al escoger centros de consumo. Por ejemplo, el restaurante Mundo Ceiba A.C., en Oaxaca, cocina en un horno ahorrador de leña, y lo que preparan ahí, además de ser comida local y no frita, incentiva a compartir el legado gastronómico. Por otra parte, en su taller de cocina con nixtamal, una técnica tradicional donde el maíz es protagonista de memelas, tlayudas, tetélas, tortillas y empanadas, se aprende a cocinar en comal con leña, y a elaborar salsas de molcajete.

Este 22 de noviembre la Central de Abasto cumple 36 años, se ubica en Iztapalapa y sus 327 hectáreas almacenan 120 000 toneladas en 6 000 locales. Sin duda es otro referente de la capital para aventurarse a comer comida callejera. ¿Ya has ido?

 

*Periodista. Autora de Rodada 2.0, marca que celebra la inclusión de la bici como estilo de vida en todas sus modalidades.

@Rodada2Punto0 

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