El padre de los dioses comunes

Stan Lee estuvo ahí antes que tú, que tus padres y quizás incluso antes que tus abuelos. No había que conocerlo para saber todo lo que representaba, aun cuando sólo viste sus cameos en alguna película. No era necesario saber quién era con el fin de comprender su legado –era como Fleming y la penicilina–; sin embargo, la gente lo conocía

16 de Noviembre 2018

Foto Revista Cambio

POR RAMIRO RIVERA

Muchas horas después de la muerte de una celebridad las palabras se gastan, pierden vigencia y ese sentido de oportunidad que caracteriza a un buen obituario.

A estas alturas, además de los fans, los casuales y hasta los no fans de Stanley Martin Lieber ya tienen bien aprendida su biografía, un árbol genealógico mental con algunos de sus más de 360 personajes creados y un par o muchas curiosidades sobre su vida.

¿Qué puedo decir de ti, Stan, que no se haya dicho antes? ¿Qué puedo decir que no se haya repetido hasta el hartazgo en los días posteriores al 12 de noviembre de 2018?

Mis amigos me preguntaron si estaba triste. No supe qué decir. Para mí era más que obvio. Crecí leyendo cómics de Spider-Man, X-Men, Daredevil, Avengers y tantos más. ¿Cómo podría estar tranquilo ante la idea de que la persona que creó a la mayoría de mis primeros héroes había fallecido?

¿Cómo puede el mundo estar contento en un momento como este?

No hay espacio suficientemente grande dónde reunir a todas las personas que gracias a Lee encontraron una razón para vivir, más allá de las incontables horas de esparcimiento que su obra les brindó; porque al final del día, él entendió que de eso se trataba principalmente la labor de un creativo de los cómics: entretener.

Incontables giros ha dado la narrativa del llamado “noveno arte” desde la década de los 60; algunos oscuros, otros absurdos, pero al final todo vuelve a su fórmula original. El conflicto no hace al héroe de Lee, más bien forma parte de él y esto, más allá de las capacidades superhumanas con las que es dotado, lo hace humano, cercano y querido.

Lee nos dio algo más que una mitología contemporánea de dioses inalcanzables, nos brindó las historias de seres dotados de un talento extraordinario que a pesar de todo viven vidas comunes cuando se quitan sus trajes.

Hoy en día es imposible imaginar a un Peter Parker sin su irreprochable sentido de la responsabilidad, la fe ante el vacío de Matt Murdock o el desparpajo con el que Tony Stark soluciona imprevistos. Todos, en mayor o menor medida, hemos conocido personas así, y como ellos, contamos con el mismo potencial. Cualquiera puede ser un héroe, incluso si tenemos una vida ordinaria, y si tenemos esa certeza, es gracias a los personajes creados por Stan Lee.

Dicen que la mejor creación de Lee fue él mismo. Su energía y vivacidad en cualquier escenario que pisara se convirtieron en su característica principal, y Excelsior, su palabra emblemática, era sinónimo de todo lo que Marvel representa. Al mismo tiempo, no ha habido otra celebridad dentro de los creadores de cómics que haya destacado tanto por sí mismo a igual grado que el de sus creaciones. Quizás sólo Alan Moore y Neil Gaiman puedan discutir esta afirmación, aunque nunca serán tan luminosos y coloridos como el padre del universo Marvel.

El universo existente de personajes surgidos de las páginas de un cómic roza lo infinito en la actualidad, pero los primeros personajes creados por Lee son de los que más brillan en este universo, porque en ellos nos hemos visto reflejados, ya sea en nuestras circunstancias más oscuras, en busca de una respuesta o en nuestros momentos de ocio en los que estamos abiertos al goce desinteresado.

En cada página que hemos leído, la presencia de Lee se siente como guía; por ello siempre será recordado.

Desde hace casi 60 años quien fuera la cabeza de Marvel le dio una razón de ser a todo aquel que alguna vez haya sentido que no encaja en el mundo, ya fuera por su manera de vestir, su color de piel, edad, posición social o religión. Gracias a él, ser geek se convirtió en motivo de orgullo y no fue un pretexto más para ser golpeado en la calle o la escuela; una razón para luchar por lo que es correcto a pesar de las adversidades, para combatir a los monstruos internos, para sobreponerse a las derrotas y resurgir siempre.

No creo ser el único que quisiera que, al igual que sus personajes, Lee regresara del más allá. Sin embargo, no parece haber aún un giro argumental con el fin de que nosotros los mortales podamos imitar a nuestros héroes de viñetas que se cansan de volver a la vida una y otra vez.

Por lo pronto, siempre podremos revivirlo en cada página que lo evoque a través de sus creaciones, en cada historia surgida de su mano.

Nos queda aspirar a crear un mundo mejor para los demás, de la misma manera en la que Lee lo hizo por medio de su obra: inspirando a otros; no siendo perfectos, sino fieles a nuestra humana naturaleza falible, esa que resulta más trascendental que cualquier obra material cuando es encaminada hacia un bien común.

Mientras tanto, lo imagino de pie, junto a Uatu, vigilando nuestra misión desde el espacio.

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