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Miiundasïkantani: o reconocer el lugar y habitarlo

Lo que presenciamos los asistentes esta noche, es “otra forma de ver la realidad”, pero también esta realidad hecha de muchas capas históricas
02 de Marzo 2018
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El público es diverso y suficiente, no hay mucho para recordar, pero aun así intento familiarizarme con lo que encuentro: hay cajas de Petri con hojarasca y objetos en sus interiores repartidas en el suelo de la Sala de Arte Público Siqueiros.

Pronto me doy cuenta de que lo que voy a presenciar no se repetirá jamás (y aunque así fuese, sería distinto, otra experiencia), sin embargo, hoy veo a Rocío Cerón apropiarse del lugar con esta acción poética audiovisual en la que encuentro pasajes reconocibles. Es la grabación de la niña del fierro viejo, son gritos urbanos de hombres con anuncios cotidianos, están las imágenes de Maximiliano de Habsburgo y Carlota, o partes de ellos, y la voz que retumba de Rocío.

Ella repite 33 estaciones escritas por ella para nombrar a las 33 cajas de Petri del salón. No son simples cajitas: es una catalogación que hizo al lado de su hija de objetos que hallaron entre la colonia San Miguel Chapultepec, el bosque de Chapultepec y la Sala de Arte Público Siqueiros.

Son las 33 cajas de Petri que aparecen en la exposición audiovisual a la que nos adentran Abraham Chavelas y Rubén Gil, encargados de los anclajes sonoros y la aproximación más fiel a las texturas.

Miiundasïkantani es una palabra que tiene origen en la lengua purépecha. Significa “reconocer el lugar”. Pero eso no importa mucho porque, de acuerdo con la poeta, significa mucho más. Está conectada, como me dice, a las capas de la historia a las que sus ancestros han pertenecido.

—¿Qué significa esta palabra para ti?

—La palabra viene de una suerte de recuperación de la parte paterna. Mi padre se murió cuando yo tenía 6 meses, y su familia es de Michoacán, hay una parte de ascendencia francesa y española, pero también una parte purépecha que está en la familia a lo largo de sus ancestros. Yo quería hacer como un homenaje y usar la palabra –en lugar de ponerle como todo el mundo quiere, ponerle título a sus obras en inglés–; hacer este homenaje a lo nacional, a las lenguas indígenas, a los pueblos indígenas, pero también hacer estos homenajes a mis ancestros, al pasado”.

Lo que presenciamos los asistentes esta noche es “otra forma de ver la realidad”, y también esta realidad hecha de muchas capas históricas.

“El poema habla también del sacrificado, como los sacrificados que hay en el bosque, por ejemplo Moctezuma Segundo que lloró al saber que el Imperio Azteca se iba acabar cuando llegaron los españoles; y Huémac, que es uno de los primeros antihéroes de la historia. Él recibe de los dioses una mazorca y la desprecia, y entonces viene una larga hambruna; cuando se da cuenta de su error va y se suicida a la cueva de Cincalco dónde hoy está el audiorama, y nosotros empezamos a ver las capas de historia, los cuerpos que hay debajo del piso. Nos dimos cuenta que así, como aquí se hizo en este estudio una muestra con piezas que tienen que ver con la guerra del país, y seguimos viendo como todavía la violencia y la guerra sigue siendo parte de este país”.

Y ya. No volverá a ocurrir. La poesía pronunciada en los recovecos de la sala de arte, junto con las sonoridades de Abraham y Rubén, quedará como otra capa de su historia que desenterrará alguna otra artista en unos años: por lo pronto, quiero dejar vestigio de que ocurrió, yo lo vi y lo oí, yo estuve aquí, en esta capa de la historia.

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