Todos somos personas

Oliver Jeffers escribe una carta a su hijo recién nacido. Quiere explicarle el mundo, qué lo conforma y también qué hay afuera del planeta; sobre todo, desea que sepa que no está solo, porque hay más de 7 000 millones de personas afuera que lo pueden orientar

09 de Diciembre 2018

Foto Revista Cambio

Harold hojea un libro nuevo. Es el año 2017, y con ayuda de su papá comienza a señalar las figuras que distingue: “Es la luna, una estrella… una ballena, un bote ¡Es el pingüino, y ya viene el niño!”, dice emocionado. Oliver Jeffers sonríe. Lo logró. Ese libro que comenzó en 2015, como una serie de breves notas para explicarle cómo funciona el mundo a su pequeño recién nacido, cumplió su objetivo. Con tan sólo dos años, Harold ya reconoce muchos elementos, pero sorprende más la relación que establece con otro libro de su papá, Perdido y encontrado.

En aquel año, el primer día que Oliver llegó con Harold en brazos a casa, antes de entrar al departamento pronunció las palabras: “Aquí estamos”, y una vez en el interior, comenzó a presentarle el departamento. “Esta es la sala, esta es la cocina…” en ese momento, el irlandés se dio cuenta: su hijo no sabía absolutamente nada de la vida, mucho menos del planeta; es por ello que Jeffers dedicó los dos primeros meses de vida de Harold a escribirle una carta con el fin de tratar de que el mundo fuera más comprensible para él.

Aquí estamos, notas para vivir en el planeta Tierra es el libro en el que más tiempo se ha tardado en escribir, y es que para hacerlo se dedicó a anotar en libretas y pequeños pedazos de papel las cosas que se le cruzaban en su día a día, y que consideraba relevantes para Harold. Las juntó e hizo una especie de carta.

Oliver quería decirle a su hijo lo único y especial que es, sin omitir que es sólo uno más entre los casi 7 000 millones y medio de personas que viven en el planeta. De hecho, en el libro también le recuerda que ante tal cantidad de gente, debe ser amable y, sobre todo, que todos los habitantes de la tierra vienen “en muchas formas, tamaños y colores. Tal vez todos nos veamos diferente, actuemos diferente y hablemos diferente… pero no te confundas, todos somos personas”.

El ilustrador sabe que el mundo en el que vivimos hoy es un poco caótico. La gente está muy dividida, por ello Aquí estamos es un libro que nos enseña que todos estamos hechos de la misma manera y, particularmente, que vivimos en el mismo lugar. Él tiene fe en la juventud, espera que “la voz de los jóvenes resuene y se vuelva más poderosa, porque parece que ellos están entendiendo todo”. Quizás en el futuro, sus hijos, ya sea Harold o Mari, tengan esa fortuna.

Con más de 20 libros ilustrados, traducidos a más de 30 idiomas y más de 10 millones de cuentos vendidos por todo el planeta, Oliver afirma que sigue sin encontrarse a él mismo, como lo llegó a hacer el pingüino de Perdido y encontrado –obra con la que saltó al estrellato y por la que ganó el Blue Peter Book Award, uno de los más importantes reconocimientos literarios en el mundo de los libros juveniles y que es otorgado por un jurado de niños y niñas–; Oliver dice que aún tiene curiosidad por él mismo. “Creo que el momento en que te encuentras a ti mismo, y te conformas con eso, dejas de ser interesante. Yo estoy en un constante descubrimiento de mí mismo”.

Esta no es la primera vez que Oliver Jeffers pisa México; de hecho, cada que viene disfruta  una tradición que nos distingue en todo el mundo, la manera en que celebramos la muerte. Y es que hace 20 años perdió a su mamá, y en el funeral conmemoraron la vida de ella. Contaron historias sobre su madre y fue menos difícil cargar con su ausencia. No obstante, las cosas no fueron similares para uno de sus amigos, quien también perdió a un ser querido y nunca logró superarlo. Ambas experiencias, la de él y la de su amigo, fueron su inspiración para escribir uno de sus libros más oscuros, El corazón y la botella, que habla sobre la muerte y el difícil proceso de superar esto.

Aquí estamos es, quizás, el libro favorito –del momento– de Oliver, pero afirma no tener alguno preferido porque es como si tuviera que elegir a cuál de sus hijos quiere más; aunque esta obra es la más cercana a su corazón. “Es un libro que escribí en el momento correcto, un libro que presenta los fundamentos de la humanidad”, y una vez que lo terminó, también se dio cuenta de que es una carta para él mismo, para saber dónde está.

Sobre sus personajes, Oliver también dice que el pingüino es muy especial, sobre todo porque “no hace nada y la gente puede proyectar cualquier cosa sobre él”, y se nota su preferencia. Esta ave aparece en varios de sus libros, y, en efecto, el pingüino no hace nada en la mayoría de ellos, sólo espera a que llegue el niño, tal como lo reconoce Harold de dos años en un video que el mismo Oliver subió a su cuenta de Instagram el día que le regaló el libro a su hijo.

No sabemos qué material está preparando el ilustrador para el futuro, pero a la pregunta si volverá a retomar temas como la pérdida y la muerte, el irlandés afirma que no puede decir mucho al respecto. Oliver piensa tomarse el próximo año con el propósito de viajar con sus hijos. Además, necesita aclarar su mente para pensar más. “He trabajado por mucho tiempo. Necesito un descanso”.

Periodista. Amante de los gatos y apasionada de las causas sociales. Me gusta escribir historias que le saquen una sonrisa a las personas.

@laumelgarejo

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