Jazz: la banda sonora de la integración

Muchos músicos usan su talento y su arte como medios para expresar la injusticia, el dolor, la ira que significan la segregación y el racismo

12 de Enero 2019

Foto Revista Cambio

Nueva Orleans era el enclave perfecto para que se gestara el jazz. En un inicio colonia española; luego, en manos de los franceses, puerto en contacto constante con el Caribe, las Antillas y el Golfo de México; era una mezcla de culturas y diversidad.

Los domingos, en su día de descanso, los esclavos se reunían en Congo Square con el objetivo de tocar en los diferentes tambores los ritmos de las regiones de África de donde eran originarios, así refrescaban mitos, danzas e historias. Tan pronto se abolió la esclavitud en Estados Unidos, en estos encuentros se empezaron a utilizar instrumentos de viento de las bandas militares, como el trombón, la corneta y el clarinete, y se fueron conformando orquesta más animadas para los bailes y las fiestas de los pueblos.

El jazz se fue forjando y enriqueciendo en los caminos y las carreteras de los Estados Unidos; divulgando en los espectáculos ambulantes, alimentando las fiestas nocturnas en cantinas y cabarets.

Estas bandas ambulantes tomaban melodías populares, baladas y música de salón de origen europeo. Los intérpretes no tenían partituras, ni sabían leerlas, así que se aprendían las melodías de oído y luego improvisaban con tonadas alegres y sueltas. Los principales elementos eran la improvisación y la espontaneidad, así como el juego con la superposición de diferentes ritmos, lo que le daba intensidad emocional a su música.

Por lo general, las canciones utilizaban una estructura de diálogo –de llamada y respuesta, siguiendo el estilo de los campos de trabajo–, en donde una voz guía (el clarinete) dirigía los movimientos y la música, y un coro (corneta, trombón, tuba) le respondía. También la música estaba fuertemente alimentada por el blues, ese lamento enraizado en la esclavitud, que es una queja contra la segregación y la injusticia. Además es un exorcismo contra la mala suerte y el mal de amores; y un acto de catarsis, de rebelión ante las imposiciones occidentales y los valores religiosos de la autoridad que los había sometido. Aunque también era una excusa para burlarse de la vida y hacer albures con connotaciones sexuales.

Surcando el Mississippi en barcos de vapor, estas orquestas itinerantes empezaron a viajar hacia las ciudades del norte, más frías e industrializadas, en donde había dinero y necesidad de diversión. Así empezó, tocando su corneta, uno de los íconos más emblemáticos del jazz: Luis Armstrong.

Una de las principales ciudades nacientes en donde fue recibida la nueva música para animar los bailes, los clubes nocturnos y burdeles fue Chicago, en una época en la que también llegaban inmigrantes que escapaban de las hambrunas europeas (irlandeses, polacos, rusos, italianos, húngaros y judíos). Eran minorías que también estaban segregadas y que aportaron nuevos ingredientes al naciente jazz: otros instrumentos como la trompeta y el saxofón, así como canciones tradicionales y populares europeas, aderezadas con elementos de música clásica.

En las principales ciudades de Estados Unidos, se dio una interacción dinámica y una fusión entre las tradiciones musicales africanas y europeas. Los músicos negros aprendían y tocaban las canciones populares europeas con el fin de utilizar melodías más apetecibles para el público con más dinero, y los músicos de origen europeo absorbieron los estilos africanos más rítmicos y con mayor swing. De este modo se forjó el ADN mestizo del jazz; diverso y múltiple. Entre la tradición y la ruptura, se generó una música integrada por todas las culturas y clases sociales.

El jazz fue la música que puso a bailar a gran parte del mundo en el periodo entre las dos guerras mundiales, durante la década de 1920 gracias a los discos y el fonógrafo, que permitieron expandir la música por América y Europa. Y durante la gran crisis económica, por medio de la radio que llevó a que se hiciera muy popular, se podía escuchar a las estrellas del momento en directo desde cualquier lugar, lo que permitió que el público se aficionara. Así se generó el estilo de jazz más popular, el swing, alrededor del cual se organizaron orquestas numerosas animadas por cantantes, e incluso un tipo de baile que permitió popularizar la música y que llegó al público blanco.

Se caen las estrellas

A finales de la Segunda Guerra Mundial, a un lado de Manhattan, en pleno Nueva York, florecieron los clubes de la calle 52, amparados por las luces de neón que brillaban a un lado y otro de la calle. Se trataba de espacios pequeños ubicados en los sótanos de los edificios de ladrillo, demasiado pequeños para albergar a grandes orquestas que ya no eran rentables, en gran parte debido a que habían aumentado los impuestos para pagar la guerra. Esto llevó a que se crearan pequeños combos compuestos por dos instrumentos líderes, por lo general el saxofón y la trompeta, acompañados por una batería que hacía cambio de ritmo, y un bajo caminante que era el encargado de mantener el tempo.

Una generación de músicos jóvenes, con una mente rápida, una gran capacidad de improvisación y una necesidad de ruptura, quebraron de tajo el corsé estilístico y recatado del swing y le devolvieron al jazz sus elementos originarios de improvisación y ritmos variados. Mediante el saxofón dinámico y de fuego de Charlie Parker y la trompeta veloz y alegre de Dizzy Gillespie, nació el bebop, un jazz que rompía con los estándares de velocidad del momento.

Así fue como el jazz moderno entró con todo su poder. Está música que no podía ser bailada se alejó de las masas, pero empezó a ser seguida por gente que buscaba retos sonoros. Los músicos de jazz dejaron de ser artistas de variedades y entretenimiento para ser músicos profesionales que tocaban en clubes. Sin embargo, el racismo se manifestaba en las calles de las grandes ciudades, en donde los músicos negros tenían que entrar por la puerta de atrás y a quienes les pagaban una miseria por su trabajo; eran víctimas fáciles de la droga y prácticamente vivían en la miseria. Y si llegaban a atravesar Dixie line (la línea que separaba el sur y el norte de los Estados Unidos), se encontraban de lleno con la segregación y el racismo.

Romper la barrera

A finales del siglo XIX en el sur agrícola de los Estados Unidos se instauró una ley que promovía la segregación racial –con el tristemente famoso “iguales pero separados”–, a partir de la cual se forjó una política que promovía la segregación de razas, en donde se dividieron los espacios que ocupaban hombres blancos y negros.

En los restaurantes, bares e incluso en el transporte tenías que ocupar un lugar diferente según el color de tu piel. También los barrios, escuelas y hospitales estaban separados; a las personas de piel morena se les pagaban menos y no podían asistir a las universidades. Se promovió la creación de movimientos radicales como el Ku Klux Klan, y se desvaloró la vida de los hombres de raza negra, que eran tratados como inferiores y en algunos casos eran asesinados de forma impune. En el caso de la música, los negros no podían tocar ante un público blanco, y no podían existir orquestas con personal que tuviera las dos “razas”.

Esto llevó a que entre 1955 y 1968 se creara el Movimiento por los Derechos Civiles, una lucha larga y principalmente no violenta, para terminar con la segregación racial y extender el acceso pleno a los derechos civiles y la igualdad ante la ley a los grupos que no los tenían, principalmente los ciudadanos negros pero también las mujeres. Consiguieron su principal victoria en 1964, cuando el presidente de Estados Unidos John F. Kennedy firmó una ley de igualdad que acababa con la segregación, y permitía a los negros vivir en igualdad de derechos. Sin embargo, la implementación de estas medidas tardó varios años, lo cual generó revueltas y procesos legales largos y complejos. La situación llegó a su máximo punto de tensión en 1968 con el asesinato de Martin Luther King.

Por eso cuando iniciaron los movimientos contra el racismo y la segregación a lo largo del sur de los Estados Unidos, muchos músicos de jazz se adhirieron a ellos, y su música fue tomando tintes más intensos. Las baterías golpeaban con más fuerza, los saxofones chillaban con mayor intensidad y las trompetas con sordina dejaban una voz desencantada y ronca. El nuevo ámbito del jazz fue el Greenwich Village, que también era el enclave de la revolución juvenil y de la contracultura, en donde el público por lo general estaba compuesto por poetas, artistas, intelectuales y bohemios, que acudían a escuchar la música.

Fue ahí que el jazz, en plena madurez, dio su salto hacia el abismo para romper con el formalismo de la música melódica europea; quedó libre de toda estructura y se gestó el freejazz, una música en donde cada elemento del conjunto improvisaba, sin seguir una línea melódica ni rítmica. Los músicos avanzaron por su cuenta sin más norma que la atención a una suerte de comunidad emocional, en donde en gran medida se dependía de la capacidad de conectar entre los músicos.

Con un lazo más cercano a la atonalidad africana del blues arcaico que con la vanguardia abstracta europea, el jazz entraba en la línea del arte conceptual y pasaba a ser una música compleja de seguir y de escuchar, prácticamente para oídos expertos o inquietos con la capacidad de comprender el hilo sonoro que los músicos iban generando.

Este desarrollo musical se debió en gran parte a la conciencia que los músicos habían logrado de su talento y de su arte, y conformó un medio en el cual expresar la injusticia, el dolor, la ira que significaba la segregación y el racismo. Algunos músicos incluso se adhirieron a planteamientos cercanos al del Poder Negro, participaron en actuaciones políticas e incluso siguieron vías más radicales como apoyar a los Black Panthers.

Por otra parte, la apertura de las concepciones musicales del freejazz permitió que agregaran elementos de músicas de carácter étnico de origen africano, árabe o incluso hindú. También abrió nuevas puertas a los músicos conceptuales europeos que crearon un desarrollo propio del freejazz.

En la mezcla está el poder

A lo largo de su historia, el jazz ha tenido una constante transfusión de sangre gracias a los ritmos africanos germinados en América Latina, principalmente desde la década de 1950, en gran parte debido al impulso de Dizzy Gillespie, que integró a percusionistas afrocubanos con tambores, congas y timbales. También en los años 60, en esas olas de ida y venida, llego la bossanova brasileña, que en un inicio aportó su tonada melancólica de origen portugués aunque después la influencia se amplió para absorber los ritmos desaforados, africanos y amazónicos de la samba.

A finales de la década de 1960, cuando el jazz parecía enfrascado en la infinidad del freejazz y mientras que el rock iba conquistando cada vez más escenarios y llenaba estadios, en esa curiosidad y búsqueda incesante que caracterizó la carrera de Miles Davis, este decidió aprovechar la inquietud y el talento de un grupo de músicos jóvenes, a los cuales les dio alas con el propósito de que se dieran la oportunidad de utilizar guitarras eléctricas y teclados, abriendo el panorama del jazz para que experimentara con sonidos amplificados y con ritmos populares como el del funk y aderezados con percusiones latinas. Otras experimentaciones, como la Mahavishnu Orchestra, utilizaron la improvisación siguiendo patrones de la música de la India pero con violines, guitarra eléctrica y batería.

De esa forma, con el jazz fusión se abrió la puerta definitiva para que todo el mundo pudiera participar en este maravilloso juego de la improvisación, la integración y la combinación. El jazz pasó de ser un estilo musical a una forma de interpretar la música que se puede acoplar a todos los estilos y escalas del planeta y ser interpretado por músicos de todos los orígenes.

Por eso, el jazz no es sólo una música múltiple y con un gran poder de innovación, es integradora, tergiversadora, siempre renovada y hasta resiliente. A lo largo de su desarrollo ha demostrado su constante asimilación de diversas tendencias musicales y su capacidad de mezclarse con otros géneros y crear nuevos estilos. En gran medida representa la riqueza de la humanidad y su capacidad de mezclar y combinar para llegar a los resultados más variados. Es toda una enseñanza con el fin de que nuestra sociedad globalizada y multicultural comprenda cómo debe asimilar los años que nos quedan por delante, dejando de lado nacionalismos, segregaciones y racismos. Sin lugar a duda, el jazz es la banda sonora de la diversidad y la integración. 

 

Para acercarse al jazz

Principales estilos e intérpretes* (puedes buscarlos en YouTube)

Inicios del jazz (1910-1920)

Hot five y Hot seven (Louis Armstrong), George Gershwin, Art Tatum, Joe King Oliver – Creole Band, Fletcher Henderson Orchestra, Sidney Bechet, Bix Beiderbeck y Frank Trumbauer.

Swing (1920-1940)

Duke Ellington y Count Basie (Orquestas Hot), Glenn Miller y Benny Goodman (Orquestas sweet). Cantantes: Billie Holliday, Ella Fitzgerald y Louis Armstrong. Solistas: Lester Young (saxofón), Coleman Howkins (saxofón), Ben Webster, Louis Armstrong (trompeta).

Inicios del jazz moderno (1940-1950)

• Bebop. Quinteto de Charlie Parker con Miles Davis y Max Roach; Dizzy Gillespie, Thelonious Monk y Charles Mingus.

• Cool jazz. Stan Getz, Gerry Mulligan, Chet Baker y Modern Jazz Quartet. Disco clave: The Birth of the Cool.

• Hard bop. Clifford Brown y Max Roach, Art Blakey and the Jazz Messengers y Miles Davis Quintet y sextet. Disco clave: Kind of Blue.

• Free jazz. Ornette Coleman, Don Cherry y Charlie Haden; Cuarteto de John Coltrane; Archie Shepp Charles Mingus, Eric Dolphy, Albert Ayler, Cecil Taylor, Pharoah Sanders y Art Assemble de Chicago. Discos: The shape of jazz to come, Ornette Coleman. A love supreme, John Coltrane.

• Jazz rock: Miles Davis, Weather Report, Herbie Hancock & Headhunters, Return to Forever, Mahavishnu Orchestra, Chico Hamilton. Discos: Bitches Brew y In a Silent Way de Miles Davies

• Por parte del rock: Blood, Sweat & Tears; Jeff Beck, Frank Zappa, Chicago, Boston.

 

*La lista es larguísima, por ello anotamos sólo algunos recomendados.

Periodista y emprendedor con experiencia en el sector agua y la captación de lluvia. Muy interesado en temas ambientales, sustentabilidad y lucha frente al cambio climático

@sebss78

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