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Depresión post Año Nuevo

14 de Enero 2018
valeriagalván
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Muy poco se prevé la tan famosa y bien ponderada “cuesta de enero”. Todos derrochamos, despilfarramos y nos olvidamos por unos días de la cruda realidad que se permite atormentarnos todo el año, hasta que #ladyLupeReyes llega con la espada desenvainada y la ahuyenta.

Platicaba un buen día con mi amigo psicólogo y encantador ojo alegre Rodrigo sobre la depresión que muchas personas experimentan después de los alegres días de festejo. Al terminar el discurso que se echó mientras me coqueteaba, me quedó claro el porqué al comenzar cada año, a partir de mi adolescencia, me sentía triste, cansada, vieja y sin ilusiones.

Lo que se vive durante la temporada navideña o durante las vacaciones de diciembre es un éxtasis social. Nuestro subconsciente es víctima de ataques de frenesí sentimental, terapia de compras y la ilusión de comenzar algo insólito.

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En el momento que decimos año nuevo, la palabra nuevo toma control de nuestras emociones y nos tiene como niño a punto de partir a Disneylandia, pensando que algo mágico sucederá después de las 23:59 del último día del año y que todo lo malo del año viejo desaparecerá con la finalidad darle paso a las cosas novedosas, a nuestros sueños, deseos y a algo que aún no conocemos.

Es como si nos resetearan durante la temporada navideña y se nos olvidara que hemos pasado por esto antes; para ser exactos, cada año de nuestra vida.

Entonces, ¿qué pasa el 1 de enero de cada año al despertar? Pues tenemos una cruda horrible –literal y metafóricamente–. Es como si el año anterior hubiera sido una megaborrachera llena de situaciones, y el año que comienza –durante el primer mes– se asemejara a una resaca que nos hiciera pedir a gritos unos chilaquiles bien picosos.

Los chilaquiles son fáciles de conseguir o de preparar. Ahí tenemos nuestro feliz recalentado de Año Nuevo que no es igual al del 25 de diciembre. Durante el festejo de Navidad aún tenemos nuestras ilusiones puestas en las uvas. En las mágicas uvas que concederán nuestros deseos.

Empiezan a transcurrir los días y todo regresa a la normalidad. Todos a sus puestos. Nos damos cuenta de que la vida es similar a lo vivido durante el año anterior, que no hay magia y que ahora seremos presa de la angustia que genera el welcome back to reality.

Todo esto no es consciente al cien por ciento. Es una baja al cúmulo de emociones vividas días antes –lo tuvimos todo y lo perdimos, podríamos decir–. Días de libertad, de abundancia económica, fiestas, buenos deseos. ¿Qué tenemos ahora? ¡Ah, sí!: la libertad realmente se llama vacaciones, que al iniciar el año se transforman en “pendientes”. Nuestra abundancia económica tuvo por nombre bono, aguinaldo o buenas ventas. ¿Y los buenos deseos? Venían como un plus porque estábamos felices.

“¿Qué nos queda, Rod? –pregunté a mi amigo– ¡Mucho! Trabajemos, disfrutemos y ahorremos porque lo que tenemos frente a nosotros es una gran cuesta, y hay que pasarla para continuar nuestro camino”. 

*Buscadora de historias urbanas de sus contemporáneos millennials. Ponte atento, tu historia puede ser la próxima.

@valeria_galvanl

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