Revista Cambio
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Retos culturales de AMLO

06 de Julio 2018
rogeliosegoviano
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Desde 1934, cuando Lázaro Cárdenas era presidente de México, Los Pinos ha sido el lugar donde viven el primer mandatario en funciones y su familia, sin embargo, desde hace muchos años, Andrés Manuel López Obrador, presidente electo, ha dicho, una y otra vez, que él nunca tendría su casa ahí. “Ese lugar está embrujado, hay muchas malas vibras”, dijo una vez, en tono de broma, durante una entrevista por televisión. Incluso, al inicio de la más reciente campaña presidencial, su equipo lanzó una convocatoria en las redes sociales con el fin de solicitar propuestas a la ciudadanía con un objetivo: transformar la Residencia Oficial de Los Pinos, un espacio de más de 60 hectáreas, en el complejo cultural más grande del mundo.

Si bien las propuestas de la gente siguen llegando, colaboradores cercanos al tabasqueño ha filtrado que entre los espacios que tendrá este complejo cultural destacan bibliotecas en los árboles, salas de cine de arte (una de las cuales estará dedicada a los niños), áreas de diversidad, auditorio, salones multimedia, galería para exposiciones y aulas para talleres y clases magistrales de pintura, escultura, danza, canto, música, literatura y otras manifestaciones artísticas.

Sin duda será un complejo cultural que estará a la altura (o tal vez supere) del emblemático Centro Nacional de las Artes (Cenart), una obra concebida por el expresidente Carlos Salinas de Gortari, némesis de López Obrador.

Pero más allá de la concepción de un espectacular y “faraónico” recinto artístico y cultural en Los Pinos, los retos en esta materia son enormes para el futuro presidente de México, así como para Alejandra Frausto, quien ocupará la Secretaría de Cultura durante su mandato.

Por lo pronto, Frausto ha dicho que como parte de un proyecto de descentralización, ella despachará en la ciudad de Tlaxcala. También ha señalado que la cultura será vista por el nuevo gobierno como un derecho humano, por lo que ya se trabaja en la elaboración de un plan maestro de Política Cultural que involucrará a todas las dependencias, principalmente a las secretarías de Gobernación, Educación Pública, Turismo y, obviamente, Cultura. “Con los cambios que impulsaremos queremos que las personas no sólo sean audiencia o espectadores, buscaremos que se conviertan en actores culturales capaces de transformar su realidad”.

Más allá de los discursos y tomando como punto de partida la bandera del combate a la corrupción, se espera que los apoyos reales lleguen a los creadores, proyectos e instituciones que realmente los merezcan. Las becas y financiamientos oficiales deberán ser sometidos a rigurosos análisis, y no entregados a los amigos o grupos de conveniencia. Organismos como Imcine, Fonca, Cenar, INBA, Canal Once, Canal 22, INAH, Cineteca Nacional, IMER, Culturas Populares y Fondo de Cultura Económica, por mencionar sólo algunos, deberán replantear proyectos, prioridades y métodos de trabajo con el propósito de eliminar la burocracia y los compadrazgos, y con ello optimizar todos sus procesos.

No se trata de iniciar una cacería de brujas y llegar a cambiar por cambiar, sino de ver qué  funciona bien y apoyarlo, porque hay muchas cosas que valen la pena.

Se deberá también analizar detalladamente la función de tantas fundaciones que se han creado en los años recientes, para que realmente tengan propósitos altruistas y sociales, y dejen de ser utilizadas como simples herramientas cuyo objetivo es deducir impuestos y ganar influencia en determinados sectores.

El trabajo es mucho, y las expectativas en el ámbito cultural son enormes, por lo que de no mostrar resultados inmediatos o sólo quedar en la inauguración de un centro cultural en Los Pinos, la comunidad intelectual seguramente será la primera en levantar la voz; y si no lo hacen ellos, aquí estamos los medios de comunicación.

*Periodista especializado en cultura.

@rogersegoviano

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