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Corazón resiliente

23 de Octubre 2017
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“No eres madura. ¿Sabes cuáles son los indicios de la madurez?”, me preguntó la mujer que estaba  frente a mí y a quien no volví a ver después de una segunda sesión de terapia.

Resiliencia estaba en la lista. En ese momento me pregunté “¿Resi qué?” ¡Ah sí!, esa capacidad que podemos tener o desarrollar para adaptarnos o superar la adversidad. De manera más coloquial o como dice el dicho: “Al mal tiempo buena cara”.

¡Decirlo es muy fácil!, pero ¿en serio podemos lograrlo? ¿Cuál es la situación más desesperada en la que has estado?

Está bien, no toquemos temas tan sensibles. Tratemos con un ejemplo de resiliencia diaria y cotidiana. El tráfico. Imagina que vives en Tepotzotlán y trabajas en Xochimilco… ¡horas de tu vida transportándote de un lugar a otro! ¡Flash informativo!: nos hemos convertido en resilientes ante una situación que no es tan sana ni tan sencilla.

El ejemplo anterior es básico. ¿Qué pasa cuando una nación se enfrenta a lo inesperado? No hablo de sorpresas favorables, me refiero a lo que la sociedad no tiene contemplado y que provocará que la vida de muchos cambie para siempre.

México está pasando por una situación desesperada en muchos sentidos, y ha llegado el momento de transformar nuestro consciente en resiliente. Resiliente ante la caída del peso, la violencia, el mal liderazgo y los desastres naturales. ¿Algo más? Claro, las enfermedades.

¿Qué nos toca? Aprender como sociedad. Dejar de lamentarnos, de autocompadecernos y colaborar unos con otros.

Cuidarnos. Fuertes somos, ¡ya lo hemos demostrado! Lo que sigue es  probar de qué estamos hechos como individuos, como nación, como pueblo y como equipo, ¡un gran equipo!

Mi mejor amiga, Patricia, ha padecido una serie de situaciones tristes y desesperadas a lo largo de su vida, incluso el cáncer de mama, y a pesar de las crisis a las que se ha expuesto tiene uno de los corazones más alegres y plenos que he conocido. Es una mujer que con las más sencillas experiencias de la vida y suficiente amor por parte de sus hijos es inmensamente feliz. Esa felicidad no es una máscara ni algo que pretende vendernos a fin de ocultar alguna tristeza. Lo que irradia es  aún desconocido para mí. Creo que ella le llama paz interior.

Podemos llamarlo de muchas formas, aunque si el resultado es fortaleza ante situaciones adversas, el nombre o la etiqueta es lo de menos.

No debemos confundir resiliencia con conformismo. Es muy diferente. Quien se conforma deja de quejarse y permanece en una zona cómoda que no significa felicidad absoluta, y no lo molesta. Resiliencia es la suma de aceptar la situación, adaptarnos a ella y buscar mejores condiciones de una manera honesta, tolerante y perseverante.

La resiliencia no es un concepto de moda. Es una llamado actual para nuestra sociedad. Sociedad que debe reconstruirse sobre bases sólidas de trabajo en equipo, empatía, cuidado del medio ambiente, educación financiera y un alto grado de amor por nuestro país. 

*Buscadora de historias urbanas de sus contemporáneos millennials. Ponte atento, tu historia puede ser la próxima.

@valeria_galvanl

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