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Sociópatas 
for dummies

09 de Octubre 2017
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Estábamos en una fiesta cuando conocí a Alex, una guapa mujer talentosa y con una historia bastante escabrosa. Me cayó muy bien desde el principio y pasamos el resto de la velada platicando sobre una relación en la que estuvo involucrada.

No hablo de una relación sentimental precisamente, sino de una laboral o artística, ya que fue actriz de teatro durante muchos años y durante esa época fue víctima de lo que bien pudo haber sido una versión retorcida de La bella y la bestia.

Teníamos una copita de vino en la mano que casi tiro cuando escuché de sus labios el término “perverso narcisista”. What?, ¿perverso qué? Sin tener nada que ver con 50 sombras de Grey o alguna novela erótica-romántica de nuestros días, san Google nos dice que los perversos narcisistas son aquellos que, bajo la influencia de su “grandioso yo”, intentan crear un vínculo con un segundo individuo, atacando muy especialmente su propia imagen de integridad con el fin de desarmarlo. Algo así como un “sociópata” que utiliza a una persona en específico, o el “híbrido” de un psicópata con un narcisista, ¿miedo, no?

Afortunadamente Alex salió victoriosa de aquella mala experiencia. ¿Qué pasó? A fin de no hacerte el cuento largo, te platico que conoció en el medio a un hombre que prometió apoyarla, y lo que en un principio parecía una gran promesa como Yoda de las artes escénicas con el tiempo se convirtió en Vader al dejarla sin voz, voto, manos o piernas (metafóricamente hablando). Quería aprovecharse de su talento y ver su éxito reflejado en ella, por eso utilizó muchas estrategias para hacerla sentir y pensar que sin él no sería nadie y no llegaría a ningún lado.

Algunas personas cercanas a ella vieron cómo se deterioraba y dejaba a un lado su vida personal por la prometida vida de éxito que le ofrecía su… ¿senséi? Así que decidieron acercarse a ella y darle su opinión respecto a esa relación. Nada bueno va a salir de esto, le decían.

Al principio ella se negó a escuchar y atender el asunto. Sabía que aquella relación no le hacía bien, pero algo la mantenía ahí. El juego de su “mentor” resultó hasta que alguien llegó a su vida. Una persona especial con quien Alex mantiene una relación sana, no del tipo profesional, aunque la ayudó a enfocarse en la parte personal.

Cuando la conocí ya habían pasado más de dos años desde ese mal episodio y  estaba más tranquila.

Al día siguiente me la pasé ahondando en el tema. Busqué información en algunos libros, con algunos amigos psicólogos, psiquiatras y me clavé buscando casos en Internet.

Descubrí que no estamos exentos de padecer estos rasgos o estar cerca de alguien así. No se trata de conflictos de personalidad nuevos. Pienso que se han creado nuevos perfiles, ya que cada vez existen más combinaciones de rasgos entre una personalidad y otra.

A veces me pregunto ¿a qué se debe el empezar a experimentar estos rasgos? ¿Por qué nuestra salud mental se ve tan afectada por algo que detona a la bestia que todos llevamos dentro?, ¿ha sido algo de nuestro pasado?, ¿los temores a nuestro futuro?, ¿la era digital?, ¿moda para pertenecer al selecto grupo de los que requieren terapia? ¿Todos estamos al borde de la locura o sólo se trata de otra característica humana que compartimos?

Nietzche describió al hombre como “una cuerda tendida entre la bestia o el animal y el superhombre”. Bien sabemos que se refiere a una metáfora acerca de cierta evolución humana, sin embargo, cuando escucho historias de personas que desean destruir la estabilidad mental de alguien más, yo no consideraría a las primeras como humanos cien por ciento civilizados. Desde mi perspectiva, todo aquel que siente satisfacción al lastimar a alguien física o mentalmente es completamente digno de quedarse en una inmutable etapa de bestia.

*Buscadora de historias urbanas de sus contemporáneos millennials. Ponte atento, tu historia puede ser la próxima.

@valeria_galvanl

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